En los últimos meses, la política local de Nueve de Julio ha dejado al descubierto una preocupante tendencia: los intereses partidarios parecen estar por encima del desarrollo real de la ciudad y el distrito.
La situación es clara: el Concejo Deliberante, un órgano destinado a trabajar para el progreso de sus habitantes, se ha convertido en un campo de batalla donde los intereses personales y de poder se imponen sobre las necesidades y posibilidades de crecimiento de la comunidad. La ultima sesion del año, dejó al desnudo claramente que lo partidario está por encima de lo institucional.
Este escenario no es nuevo, pero cada vez se hace más evidente que la falta de un verdadero diálogo y la unión en pos del bien común está frenando el desarrollo que Nueve de Julio tanto necesita. Lo que estamos viviendo es una parálisis que proviene de una clara falta de voluntad para anteponer los intereses institucionales a los personales. En lugar de una competencia sana y constructiva, hemos sido testigos de una constante obstrucción entre bloques políticos que, en muchos casos, prefieren poner freno a proyectos que podrían beneficiar a la población solo por el hecho de que provienen de un partido o sector rival.
Es curioso cómo, en un Concejo Deliberante donde las bancas se encuentran casi equilibradas, los acuerdos deberían ser más fáciles de alcanzar. Sin embargo, la polarización y los intereses personales están ganando la partida. La posibilidad de un entendimiento entre los concejales parece haberse vuelto un sueño lejano, mientras que la división y la falta de consenso solo perpetúan la inacción. Las voces que claman por el progreso de la ciudad quedan ahogadas en un mar de peleas políticas y negociaciones que poco tienen que ver con el bienestar de los vecinos.
Los riesgos de esta dinámica son claros: cada día que pasa sin avances significativos, Nueve de Julio pierde oportunidades de desarrollarse, de atraer inversiones y de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. La comunidad necesita una decisión política de sus representantes que anteponga el interés general por encima de cualquier beneficio personal o partidario. El progreso no debe depender de quién tiene más votos, sino de la capacidad de trabajar juntos para alcanzar los objetivos comunes.
Este contexto no solo genera frustración en los ciudadanos, sino que también empuja a muchos a perder la confianza en sus autoridades. Los concejales, que deberían ser los encargados de representar las necesidades de la gente, en muchos casos se ven más como actores de una lucha de poder, sin tener en cuenta que la política debería estar al servicio de la gente y no al servicio de los intereses personales de los políticos.
Nueve de Julio se enfrenta a una encrucijada. Los obstáculos que se imponen desde el Concejo Deliberante, más allá de ser producto de diferencias ideológicas, reflejan una incapacidad de poner en primer plano lo que realmente importa: el desarrollo del distrito. Si las fuerzas políticas no logran superar esta lógica de bloque y se siguen aferrando a sus intereses más personales, las oportunidades de crecimiento y progreso seguirán quedando postergadas.
Es hora de que los representantes de Nueve de Julio se den cuenta de que el verdadero poder está en la unidad y en la capacidad de construir acuerdos, no en la fragmentación y la obstrucción sin sentido.
La ciudad y el distrito no puede esperar más; su futuro está en juego.



El concejo deliberante no sirve para tomar decisiones para el bien nuestro. Tiene que integrarse con representantes exitosos de diferentes sectores productores y de servicios de la ciudad y de los pueblos y que no cobren sueldo. Algunas de las personas que lo integra solo están por el sueldo.