El primer Papa americano es el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que este 17 de diciembre cumple 86 años.
El 13 de marzo se cumplirán 10 años de gobernar a la Iglesia Católica, a la que le dio realce y revitalizó, poniendo a los sacerdotes en salida.
Es una figura destacada de todo el mundo por ser un pastor sencillo y muy querido. Esa humildad la conserva de cuando en Buenos Aires se trasladaba en los medios de transporte público, esencialmente colectivo y subterráneo.
A los sacerdotes siempre les recuerda misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos.
Lo peor que puede suceder en la Iglesia, explicó en algunas circunstancias, «es aquello que De Lubac llama mundanidad espiritual», que significa «ponerse a sí mismo en el centro».
Y cuando cita la justicia social, invita en primer lugar a volver a tomar el catecismo, a redescubrir los diez mandamientos y las bienaventuranzas. Su proyecto es sencillo: si se sigue a Cristo, se comprende que «pisotear la dignidad de una persona es pecado grave».
En ese camino destaca cuatro objetivos principales: comunidades abiertas y fraternas; protagonismo de un laicado consciente; evangelización dirigida a cada habitante de la ciudad; asistencia a los pobres y a los enfermos.
En la figura del papa Francisco han confluido dos hechos sin precedentes en la historia de la Iglesia católica: su pertenencia a la Compañía de Jesús ya nunca un jesuita había sido elevado al solio de Pedro y su origen hispanoamericano, después de veintiún siglos de pontífices originarios de Europa o de Oriente.
El 19 de marzo de 2013, en la homilía de la misa de inauguración del pontificado, el papa Francisco aseguró que era obligación de los sucesores de Pedro «poner sus ojos en el servicio humilde» y «abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura y afecto a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños», palabras que abrieron expectativas de renovación en la acción de la Iglesia; no se esperaba sin embargo que tal renovación alcanzase las cuestiones doctrinales, respecto a las que el nuevo papa se había mostrado siempre conservador.
A los 86 años, y casi de sumo pontífice se aguardan los resultados de la reforma eclesiástica emprendida.



