
El arzobispo Gustavo Carrara presidió la Solemne Vigilia Pascual en la Catedral de La Plata y subrayó la luz de Cristo resucitado como un símbolo de esperanza para la humanidad, exhortando a los fieles a convertirse en testigos de la vida nueva que surge de la Pascua.
“Con alegría nos anunciamos hoy unos a otros: Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado”, afirmó el pastor al iniciar su homilía, donde explicó el profundo simbolismo de la Vigilia, organizada en cuatro momentos: fuego, palabra, agua y pan. Carrara destacó especialmente el tránsito de la oscuridad a la luz: “Empezamos con el templo a oscuras, bendecimos el fuego nuevo y con él encendimos el Cirio Pascual, que representa a Cristo resucitado. De Él fuimos encendiendo nuestras velas para recibir su luz”.
El arzobispo agregó: “Pasamos de las tinieblas a la luz por su resurrección. Caminemos entonces como hijos de la luz”. Al repasar la historia de la salvación proclamada en la liturgia de la Palabra, remarcó que incluso en los momentos más críticos “donde todo parecía perdido”, Dios siempre abrió caminos de vida: “Siempre hubo resurrección”, recordó, citando episodios como el sacrificio de Isaac, el paso del Mar Rojo y el destierro en Babilonia, donde Dios renovó su alianza con el pueblo.
Sobre el Bautismo, Mons. Carrara señaló: “El bautizado queda unido a Cristo, participa en su pasión y resurrección”, e invitó a renovar las promesas bautismales: “En el Bautismo se sembró en nosotros la semilla de la santidad, la cual debemos hacer fructificar”.
Durante la liturgia eucarística, el arzobispo enfatizó que cada celebración nos llama a anunciar la muerte y proclamar la resurrección del Señor. Reconoció también las necesidades profundas del corazón humano: “Tenemos hambre de justicia, de esperanza, de amistad, de paz. Digámosle a Jesús en esta noche: danos siempre de este pan”.
Retomando el Evangelio, destacó la misión de las mujeres que encontraron a Cristo resucitado: “Ellas llevan la noticia que cambió para siempre la vida y la historia: Cristo ha resucitado”. De la misma manera, afirmó que los cristianos están llamados a ser testigos: “Nosotros también somos, por la fe, testigos de la resurrección de Jesús”.
Finalmente, el arzobispo remarcó el impacto concreto del mensaje pascual en la vida cotidiana: “Celebrar la Pascua es celebrar el triunfo de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio. Cristo está vivo y nos quiere vivos”. Invitó a traducir esa vida nueva en acciones concretas en la tierra, “haciendo de ella un pedazo de cielo donde todos podamos vivir con alegría, en paz y con dignidad”.
La homilía concluyó con un llamado a llevar la luz de la Resurrección a los lugares de dolor: “Con obras concretas de misericordia llevemos la luz y la vida de Jesús a quienes sufren”, encomendando a los fieles a la Virgen: “Que nos ayude a ser testigos de la alegría de la resurrección, que es para todos, todos, todos”.



