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La histórica sentencia de hace medio siglo que marcó un antes y un después en la Argentina

El 9 de diciembre de 1985, en el juicio a las Juntas, la lectura del fallo sintetizó las violaciones sistemáticas de la dictadura. El periodista Gustavo Tinetti, uno de los pocos que siguió todo el proceso, recuerda el impacto de aquel momento.

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En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en la Argentina, uno de los hitos más trascendentes en la reconstrucción democrática fue la sentencia del histórico Juicio a las Juntas, leída el 9 de diciembre de 1985.

Aquel fallo, de unas 300 páginas, tuvo un momento importante en el introito leído por Carlos Arslanian, presidente del tribunal, con quien el periodista Gustavo Tinetti mantenía una relación cordial y de cercanía. Su exposición fue una síntesis contundente de lo que luego se confirmaría en las condenas: la existencia de un plan sistemático de represión ilegal ejecutado por las Fuerzas Armadas.

El tribunal —integrado además por Ricardo Gil Lavedra, Jorge Torlasco, Andrés D’Alessio, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma— escuchó en silencio una introducción que ya anticipaba el peso histórico del veredicto.

En esa introducción se dejó en claro que, aun reconociendo el contexto de violencia política previo a marzo de 1976, las Fuerzas Armadas contaban con instrumentos legales para actuar. Sin embargo, se probó que optaron por un sistema clandestino: secuestros, detenciones ocultas, interrogatorios bajo tortura, asesinatos y saqueos. También se estableció que no existió un comando conjunto ni subordinación superior, fijando responsabilidades directas en cada comandante.

El texto fue más allá de lo jurídico: repasó conceptos de guerra —civil, internacional y “revolucionaria”—, analizó legislación nacional e internacional, recogió opiniones de especialistas e incluso consideró enseñanzas de la Iglesia Católica. La conclusión fue categórica: no existía ninguna norma que justificara o siquiera atenuara los crímenes cometidos.

Uno de los presentes en la sala de audiencias siguiendo todo el proceso fue el periodista Gustavo Tinetti, quien siguió cada audiencia desde el inicio del juicio en abril de 1985 hasta la lectura de la sentencia. Sus crónicas se difundían en “Buenas Noches Argentina”, el noticiero de las 20 por Canal 13, acercando a la sociedad un proceso judicial sin precedentes. Tambien lo hacía cada maana en LT33 la radio de Nueve de Julio AM1560 hoy Cadena Nueve.

Tinetti recuerda que aquel 9 de diciembre la sala estaba cargada de una tensión inusual. La ausencia de los acusados —que se negaron a asistir— no disminuyó el impacto: por el contrario, la introducción de Arslanian sonó como una sentencia anticipada. La descripción minuciosa de los hechos, la validación de las pruebas y el rechazo de todas las justificaciones construyeron un relato demoledor que dejó en claro la magnitud del terrorismo de Estado.

Según reconstruye el periodista, lo más impactante fue la claridad con la que el tribunal desarmó los argumentos defensivos: aun en un escenario de conflicto interno, el Estado no podía actuar fuera de la ley. También destacó la importancia que se le dio a la prueba documental previa —denuncias, informes internacionales y registros de la Iglesia— que confirmaban los crímenes mucho antes de que se hicieran públicos masivamente.

Luego, Arslanian avanzó con la lectura de las condenas. El tribunal dictó reclusión perpetua para Jorge Rafael Videla, prisión perpetua para Emilio Massera, 17 años de prisión para Roberto Viola, ocho años para Armando Lambruschini y cuatro años y seis meses para Orlando Agosti.

En tanto, fueron absueltos Omar Graffigna, Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo.

Cinco de los nueve jefes militares resultaron condenados, en un fallo que sentó un precedente mundial: por primera vez, una justicia civil juzgaba a exdictadores por crímenes masivos cometidos durante un régimen de facto.

A medio siglo del golpe, aquella sentencia sigue siendo un pilar de la memoria, la verdad y la justicia. Y en la memoria de quienes la presenciaron —como Tinetti—, la introducción de Arslanian permanece como una pieza central: un relato preciso, demoledor y definitivo sobre uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina.

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