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San Martín y el desafío inconcluso de la libertad americana

Al conmemorarse un nuevo aniversario del nacimiento de José de San Martín, su figura invita a reflexionar no solo sobre la independencia lograda junto a Simón Bolívar, sino también sobre la deuda pendiente de erradicar la corrupción institucional que aún condiciona el destino del continente.

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En un nuevo aniversario de su natalicio, la figura del Libertador vuelve a interpelar el presente de América. Su legado no solo remite a la independencia política, sino también a la necesidad —aún inconclusa— de liberar al continente de la corrupción institucional, uno de los desafíos que ya preocupaban a los líderes de la emancipación.

Este 25 de febrero se conmemora un nuevo aniversario del nacimiento de José Francisco de San Martín, ocurrido en 1778 en Yapeyú.

Su llegada al mundo marcaría un punto de inflexión en la historia americana.

Fue el quinto hijo de una familia de raíces cristianas y leales a la corona española, pero su destino no estaría en los cuarteles europeos, sino en la forja de la libertad del continente.

San Martín se definía como “un hombre cuya juventud fue sacrificada al servicio de los españoles y su edad media al de su Patria”. Esa frase resume la dimensión de una vida entregada a una misión superior. Su compañero y amigo Manuel Belgrano había anticipado tempranamente su papel decisivo: “Estoy persuadido que con usted se salvará la Patria”.

Detrás del estratega que planeó el Cruce de los Andes con una visión continental, del Gobernador Intendente de Cuyo y del Protector del Perú, latía sin embargo un espíritu que consideraba la vida pública como una pesada carga. En su correspondencia privada llegó a confesar que padecía “la desgracia de ser hombre público”.

Esa aparente contradicción es la que lo define como el hombre del destino: alguien que, despreciando el poder y la gloria personal —a la que calificaba como un “juguete” propio de ánimos ordinarios—, aceptó ser árbitro de la suerte de grandes territorios. Su renunciamiento fue coherente con su ética: “tengo derecho a disponer de mi vejez”, expresó al retirarse, luego de haber entregado sus mejores años a la causa americana.

Guayaquil y la visión continental

En 1822, durante la histórica entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, ambos libertadores abordaron no solo la estrategia militar para concluir la independencia sudamericana, sino también la organización política de las nuevas naciones. Entre los grandes desafíos que sobrevolaban aquel encuentro en Guayaquil estaba la necesidad de consolidar Estados libres de los vicios coloniales y de las prácticas que podían degenerar en corrupción institucional.

La liberación del continente no debía ser únicamente territorial. El ideal era más profundo: fundar repúblicas sustentadas en la virtud cívica, la educación y el respeto por la ley. Sin embargo, a más de dos siglos de aquellas gestas, la corrupción institucional continúa siendo una deuda pendiente en buena parte de América Latina, un flagelo que erosiona la confianza pública y debilita las democracias.

El legado ético

San Martín comprendía que la ilustración y el fomento de las letras eran tan importantes como los ejércitos para sostener la independencia. Su brújula moral nunca se desvió, pese a la maledicencia y las calumnias que lo acompañaron. “No he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos”, afirmó con claridad.

Al recordar su natalicio, la figura del Libertador trasciende la evocación histórica para convertirse en una exigencia ética contemporánea. San Martín encarna la utopía posible del líder íntegro: aquel que cumple su palabra y luego se retira para que los pueblos decidan su rumbo.

Su legado no son solo victorias militares, sino la convicción moral que sintetizó en una frase inmortal: “Serás lo que hay que ser, si no, no eres nada”.

La independencia política fue conquistada. La construcción de instituciones transparentes, justas y libres de corrupción sigue siendo, todavía hoy, parte de la tarea inconclusa de aquella gesta continental.

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