
El trágico suceso ocurrido este lunes en la localidad de Del Valle, partido de 25 de Mayo donde un sargento de 31 años del Grupo de Apoyo Departamental (GAD) decidió quitarse la vida, ha conmocionado a la comunidad policial de la provincia de Buenos Aires y reabierto el debate sobre la salud mental dentro de las fuerzas de seguridad.
El joven, identificado como E. F. O., se encontraba de franco luego de participar en el operativo “Sol a Sol” en Villa Gesell, y fue hallado sin vida en la casa de sus padres en la mañana de este lunes. Las autoridades judiciales ya iniciaron una investigación para esclarecer las causas del deceso, bajo la carátula de “Averiguación de causales de muerte”. Sin embargo, más allá de las circunstancias personales que puedan haber influido en este hecho, lo cierto es que el episodio pone de relieve un problema más amplio: la falta de recursos y apoyo en salud mental para los efectivos policiales.
El trabajo policial, marcado por la exposición a situaciones extremas, violencia y tensión constante, puede afectar gravemente la estabilidad emocional de los agentes, algo que, a menudo, no se aborda de manera adecuada. Muchos de estos profesionales viven bajo una presión constante que, si no se maneja correctamente, puede derivar en trastornos psicológicos como estrés postraumático, ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas.
La importancia de la salud mental en las fuerzas de seguridad
La tragedia en Del Valle invita a una reflexión más profunda sobre la importancia de incorporar programas de apoyo emocional y psicológico dentro de las fuerzas policiales. Los agentes de seguridad, quienes son responsables de mantener el orden y la seguridad, a menudo enfrentan situaciones que no solo ponen en riesgo su integridad física, sino también su bienestar mental.
El estrés crónico, la exposición a eventos traumáticos y la falta de tiempo para desconectarse de sus funciones laborales son factores que, según diversos estudios, incrementan el riesgo de enfermedades mentales entre los policías. Estos efectos no solo impactan en la vida personal de los agentes, sino también en su desempeño laboral y en la calidad de los servicios que brindan a la comunidad.
Por ello, resulta fundamental que las instituciones policiales reconozcan la necesidad de incorporar programas de salud mental que incluyan evaluaciones periódicas, acceso a terapia psicológica y espacios de apoyo emocional. De hecho, varios países y fuerzas de seguridad a nivel mundial ya han implementado protocolos de salud mental para prevenir trastornos y ofrecer asistencia a los efectivos, ayudándolos a sobrellevar las tensiones del trabajo sin que ello afecte su bienestar.
Este doloroso suceso también invita a la sociedad en general a comprender la importancia de cuidar la salud mental de aquellos que, en el marco de su trabajo, se exponen a situaciones extremas. Así como la salud física de los policías es fundamental para su rendimiento, su salud emocional también debe ser prioridad. El apoyo psicológico debe ser visto como una herramienta vital para preservar tanto la integridad de los agentes como la seguridad pública en su conjunto.
Este trágico hecho puede ser un punto de inflexión para reflexionar sobre cómo el bienestar de quienes protegen y sirven puede y debe ser cuidado, promoviendo cambios que contribuyan a la estabilidad emocional de los policías y, por ende, a una sociedad más segura y saludable.


