En el marco del Día Internacional contra el Bullying o el Acoso Escolar, desde Córdoba surgió una iniciativa que busca abrir una nueva forma de visibilizar esta problemática: la creación de una bandera internacional contra el acoso escolar.
La propuesta es impulsada por el Prof. Dr. Cristian Baquero Lazcano, especialista en creación de símbolos oficiales y director de Comunicación Institucional de la Asociación Argentina de Ceremonial y Protocolo (ASARP), quien plantea la necesidad de incorporar un emblema capaz de representar una problemática cada vez más extendida en las comunidades educativas.
La iniciativa parte de una idea central: las sociedades también transforman sus realidades a través de los símbolos que adoptan. A lo largo de la historia, distintas causas sociales lograron consolidarse mediante imágenes que sintetizaron reclamos colectivos y ayudaron a instalar debates públicos.
En ese sentido, Baquero Lazcano menciona antecedentes como la bandera de la paz y otros símbolos vinculados a la inclusión y la diversidad, que lograron trascender fronteras y convertirse en referencias globales.
Un caso que aparece como antecedente inspirador es el de Eros Recio, reconocido por impulsar en España una bandera destinada a promover el respeto hacia las personas con discapacidad. Su experiencia demuestra cómo un símbolo puede convertirse en una herramienta de concientización social.
“Si existen banderas que representan la paz, la diversidad o la inclusión, también puede existir una que represente la lucha contra el acoso escolar”, sostiene el especialista.
La propuesta visual presenta un fondo naranja pleno, un color que desde la psicología suele asociarse con la cercanía, la sociabilidad y la apertura hacia el otro. Además, se trata de un tono ampliamente utilizado en señales de advertencia por su alta visibilidad, aunque sin transmitir agresividad.
“El naranja logra algo muy particular: alerta sin generar rechazo. Advierte, pero también invita al diálogo”, explican desde el entorno del impulsor de la iniciativa.
En el centro del diseño aparece un círculo blanco incompleto, una figura que simboliza la ruptura de los vínculos dentro de una comunidad cuando aparece el acoso escolar. La interrupción de la forma representa una convivencia fracturada y la necesidad de reconstruir esos lazos.
La propuesta también contempla que la bandera pueda ser utilizada en escuelas durante la semana del 2 de mayo como herramienta pedagógica y de concientización. Podría exhibirse en jornadas institucionales, actividades de reflexión o como reconocimiento a estudiantes que promuevan valores de respeto y convivencia.
Además, se plantea el uso de distintivos naranjas dentro de la comunidad educativa como señal de acompañamiento y compromiso frente a situaciones de hostigamiento entre pares.
El avance de las redes sociales y las plataformas digitales también profundizó el problema. El ciberacoso amplificó las consecuencias del bullying, extendiendo el hostigamiento más allá del ámbito escolar y generando nuevas formas de violencia.
Si bien los símbolos no resuelven por sí solos conflictos estructurales, quienes impulsan esta propuesta consideran que pueden ayudar a instalar nuevos lenguajes sociales y generar mayor conciencia colectiva.
La iniciativa nacida en Córdoba no busca cerrar el debate, sino abrirlo desde otra perspectiva: preguntarse qué tipo de convivencia se quiere construir en las escuelas y qué lugar ocupa el respeto dentro de esa trama social.
En el marco del Día Internacional contra el Acoso Escolar, la propuesta busca sumar una nueva herramienta simbólica a una discusión que sigue siendo urgente. (Argentina)


