
La celebración de este Miércoles de Ceniza estuvo marcada por un fuerte mensaje de conversión y esperanza. En su homilía, el obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi, invitó a los fieles a asumir este tiempo como una oportunidad concreta para revisar actitudes, sanar heridas y renovar el vínculo con Dios y con los hermanos.
Lo hizo durante una misa en la catedral Santo Domingo de Guzmán.
Retomando el Evangelio, Torrado Mosconi subrayó la importancia de practicar la fe sin buscar reconocimiento, recordando que el Padre “ve en lo secreto”. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de vivir pendientes de la exposición constante y de las apariencias, y alentó a recuperar el silencio, la oración y la autenticidad.
También destacó que las cenizas no solo recuerdan la fragilidad humana, sino que, transformadas por la Gracia, se convierten en signo de esperanza. “Reconocernos pecadores no es quedarnos en la culpa, sino abrirnos a la posibilidad de que Dios haga algo nuevo en nosotros”, señaló.
En este camino a la Cuaresma que hoy comienza, las cenizas, explicó, son también signo del dolor, del pecado, de la guerra y de la injusticia, pero transformadas por Dios se convierten en signo de esperanza. De lo que parece muerte, el Señor hace brotar vida nueva.
La celebración concluyó con la oración de bendición sobre las cenizas y el llamado a vivir este tiempo con fidelidad, para llegar a la Pascua con un corazón purificado.
Así, la comunidad diocesana inició el camino cuaresmal confiando en la misericordia de Dios, decidida a recorrer estas semanas de penitencia gozosa, oración y caridad, con la certeza de que el Señor transforma el corazón de quien se abre a su gracia.
Finalmente, el obispo exhortó a que estas semanas sean un verdadero camino comunitario, donde cada gesto de escucha, ayuda y reconciliación prepare el corazón para celebrar con alegría el misterio pascual.












