Cada 1° de febrero, Argentina celebra el Día del Trabajador Vitivinícola, un reconocimiento a los hombres y mujeres que, con su labor, hacen posible una de las industrias más emblemáticas del país: la vitivinicultura. Este día, declarado feriado en honor a los trabajadores del sector, destaca el rol clave de quienes están involucrados en cada etapa de la elaboración del vino, desde la siembra de la vid hasta la distribución del producto final.
El origen de la fecha y su importancia
La historia de este festejo comenzó oficialmente en 1991, cuando, en el departamento de San Rafael, Mendoza, se firmó un acta que formalizó la creación de esta efeméride. A pesar de que la convención colectiva que sentó las bases de este reconocimiento fue promulgada en 1975, fue ese 1° de febrero cuando se ratificaron acuerdos para garantizar derechos laborales y se estableció que el día sería feriado y pago para los trabajadores de la vitivinicultura.
Un sector clave para la economía argentina
La industria vitivinícola es esencial para la economía nacional. Los trabajadores del sector son responsables de las tareas en los viñedos, como la siembra, poda y cosecha, además del proceso de elaboración del vino, el mantenimiento de las bodegas y la distribución. Su dedicación no solo es crucial para la producción de vinos de calidad, sino que también contribuye a la proyección internacional del país. Aunque el consumo interno de vino disminuyó en 2021, las exportaciones alcanzaron un récord histórico de U$S 815 millones, destacando la competitividad y el valor agregado que aporta este sector.
Este 1° de febrero, Argentina rinde homenaje a todos los trabajadores que hacen posible la elaboración de sus vinos, un verdadero símbolo de la tradición y la cultura nacional.


