
El calendario litúrgico señala que el Miércoles de Ceniza en 2026 cae este el 18 de febrero, fecha que marca el comienzo oficial de la Cuaresma, uno de los tiempos más significativos del año para los católicos. Durante este período, los fieles se preparan para conmemorar la Resurrección de Jesucristo mediante prácticas de oración, penitencia y ayuno.
La Cuaresma es tradicionalmente conocida como un camino de “cuarenta días”, en referencia a los 40 días que Jesús pasó en el desierto. Sin embargo, si se cuentan todos los días desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, el número supera los cuarenta. Esto ocurre porque los domingos, aunque forman parte del tiempo litúrgico, no se consideran días penitenciales estrictos.
Un tiempo de reflexión y compromiso
El Miércoles de Ceniza se caracteriza por la imposición de ceniza en la frente de los fieles durante la misa. Este gesto simboliza la fragilidad humana y el llamado a la conversión. La frase tradicional “Recuerda que polvo eres y al polvo volverás” resume el sentido de humildad y arrepentimiento que marca el inicio del tiempo cuaresmal.
A lo largo de estas semanas, la Iglesia invita a intensificar tres prácticas fundamentales: la oración, el ayuno y la caridad. Muchas personas eligen realizar sacrificios personales, como dejar ciertos alimentos o hábitos, aunque estas decisiones son voluntarias.
Ayuno y abstinencia: qué establece la Iglesia
El ayuno y la abstinencia no son opcionales el Miércoles de Ceniza. De acuerdo con el Código de Derecho Canónico, en su canon 1251, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo deben observarse como días de ayuno y abstinencia de carne. Además, todos los viernes del año se guarda abstinencia, salvo que coincidan con una solemnidad.
El canon 1253 añade que cada Conferencia Episcopal puede precisar la manera de cumplir estas normas o sustituirlas, en parte, por otras prácticas penitenciales como obras de caridad o ejercicios de piedad.
Mientras que la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma es obligatoria, los sacrificios personales adicionales —como mantener renuncias los domingos— quedan a criterio de cada fiel.
Con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia abre un período de preparación profunda que culminará en la celebración más importante del calendario cristiano: la Pascua.


