
En la histórica casa que perteneció a la familia Pironio en la ciudad bonaerense de Nueve de Julio, se vivió una jornada cargada de emoción y memoria en torno a la figura del Beato Eduardo Pironio. Allí, donde transcurrieron parte de sus primeros años, familiares y vecinos se reunieron para compartir testimonios que reflejan el costado más humano de quien hoy es reconocido en el camino hacia la santidad.
Es que el Caredenal Fernando Vergez se encuentra en la ciudad y llegó para dar testimonio de la vida del Beato, sino analizar cuatro hechos que pueden ser Milagros, por la intervencion del sacerdote nuevejuliense.
Uno de los momentos más significativos fue el testimonio de Miguel Angel Pironio, sobrino del beato e hijo de Pedro, el hermano mayor. Con sencillez y emoción, evocó los recuerdos de su infancia junto a su tío, a quien describió como “una persona muy sencilla”, capaz de generar conversaciones profundas y cercanas que invitaban a quedarse horas escuchándolo.
“Los mejores recuerdos que puedo tener son por la persona que era él”, expresó Miguel, remarcando especialmente el afecto constante que el entonces cardenal brindaba tanto a su familia como a quienes lo rodeaban. Cada visita a Nueve de Julio —ya sea durante sus años en Colombia o más tarde en Roma— se transformaba en una verdadera celebración familiar.
La casa, escenario del encuentro, ocupa un lugar central en la memoria familiar. Allí vivían los abuelos, y era el punto de reunión donde los Pironio se congregaban cada vez que Eduardo regresaba. “Cuando venía, era una fiesta”, recordó su sobrino, destacando la calidez de esos momentos compartidos. ‘Todos nos reuníamos en esos momentos’, recordó Miguel.
El relato también dejó ver la fuerte raíz familiar de la comunidad local, donde el apellido Pironio se multiplica en distintas ramas. Miguel explicó incluso su particular vínculo familiar, siendo “Pironio por ambos lados”, reflejo de una historia común entre descendientes de inmigrantes italianos.
Durante la jornada también se puso en valor la figura del estrecho colaborador del cardenal, el sacerdote Fernando Vergez Álzaga, quien lo acompañó durante 23 años, incluso hasta su fallecimiento en Roma. Según relató Miguel, su presencia fue tan cercana que llegó a ser considerado “un familiar más”.
El encuentro contó con la participación de vecinos y referentes de la comunidad, entre ellos la Intendente, María José gentile, el exintendente Oscar Ormanchea, quienes se acercaron para escuchar los testimonios y rendir homenaje a una figura profundamente querida, quien fue presentado por el obispo Ariel Torrado Mosconi.
La actividad forma parte de una serie de iniciativas destinadas a profundizar el conocimiento sobre la vida del beato, resaltando no solo su trayectoria eclesiástica, sino también su dimensión humana y cotidiana. En ese camino, estos relatos familiares aportan una mirada invaluable: la del hombre cercano, el tío querido, el que nunca dejó de volver a casa y donde Nueve de Julio lo llevó siempre con mucha presencia.



