Ixelles es un elegante barrio multicultural de Bruselas, en Bélgica. Allí, un 26 de agosto de 1914, nacía Julio Cortázar, el escritor y profesor que se convertiría en una de las figuras más influyentes de la literatura argentina del siglo XX, capaz de romper moldes narrativos y trascender fronteras con una obra única.
Debido al trabajo diplomático de su padre, sus primeros años transcurrieron entre Suiza y España, hasta que, finalizada la Primera Guerra Mundial, la familia regresó a la Argentina y se instaló en Banfield. Fue allí donde el joven Julio vivió con su madre y su hermana Ofelia, luego de que su padre abandonara el hogar cuando él tenía apenas seis años.
Años más tarde, egresado del Colegio Mariano Acosta como profesor normal en Letras, se vio obligado a abandonar sus estudios universitarios en Filosofía y Letras para sostener económicamente a su familia. Así fue como, entre 1937 y 1944, ejerció como docente en distintas escuelas del interior bonaerense, en las ciudades de Bolívar y Chivilcoy.
Un joven profesor en Bolívar
En 1937, alentado por excompañeros del Mariano Acosta, Cortázar se trasladó a Bolívar, donde comenzó a dar clases de Geografía y Lógica, materias alejadas de sus intereses literarios. “No me satisfacía ni mucho menos, pero me sirvió para ayudar a mi madre”, confesó años después.
En una entrevista, recordaba con ironía: “Los microbios, dentro de los tubos de ensayo, deben tener mayor número de inquietudes que los habitantes de Bolívar”. La vida intelectual de la ciudad, por entonces, le resultaba escasa: “Era absolutamente comparable a cero, no existía, era mínima”, sostuvo. Esa soledad obligada, sin embargo, fue el terreno fértil para una intensa etapa de lectura y escritura.
Con el paso de los años, su visión se suavizó. En una carta enviada en 1963 a antiguos amigos bolivarenses, escribía con melancolía: “La Argentina empieza a borrarse un poco, como la imagen de un muerto muy querido, y al mismo tiempo se afina… solo me van quedando las cosas hermosas que viví allá, primero de niño, después con ustedes en aquél Bolívar de anchas plazas y sobremesas inolvidables”.
En ese mismo mensaje evocaba con cariño las cenas en el hotel, rodeado de amistades: “No tengo que hacer ningún esfuerzo para imaginarme sentado en la mesa del hotel, con el buen Cesteros trayéndonos enormes raciones de lechón adobado, y todos nosotros tan jóvenes, tan alegres, tan despreocupados”.
Chivilcoy: literatura entre clases y pensiones
En 1939, con 25 años, Cortázar se trasladó a Chivilcoy. Allí comenzó a trabajar en la Escuela Normal, dictando Historia, Instrucción Cívica y Geografía. Su sueldo era de 640 pesos moneda nacional, equivalente a unos 150 dólares de la época.
Se hospedó en una pensión familiar atendida por doña Micaela Varzilio y su hija Rosa. Aún hoy, en Chivilcoy se recuerda con afecto la figura del joven profesor, siempre ubicado en la cabecera de la mesa, reservado pero amable, entregado a sus lecturas y a sus primeros ensayos literarios.
Durante su estadía en la ciudad, Cortázar publicó algunos poemas y relatos en medios locales, como “Llama el teléfono, Delia”, que apareció en el suplemento del periódico socialista El Despertar de Chivilcoy en octubre de 1941. Pero fue allí donde también habría escrito, entre 1939 y 1944, uno de sus cuentos más emblemáticos: Casa tomada, una pieza clave de su obra temprana.
En julio de 1944 dictó su última clase en Chivilcoy. Se despidió de sus alumnos con bombones y partió hacia Mendoza, donde había sido designado profesor en la Universidad Nacional de Cuyo. Fue el inicio de una nueva etapa que lo llevaría primero a publicar Bestiario (1951), luego a revolucionar la narrativa con Final del juego (1956) y a dejar una huella eterna con Rayuela (1963), ya instalado en París.
Un legado que comenzó en las aulas
El paso de Julio Cortázar por el interior bonaerense no siempre fue feliz, pero sí determinante. En la aparente quietud de Bolívar y Chivilcoy, lejos del bullicio de Buenos Aires y de la bohemia parisina que lo haría célebre, se gestó buena parte del lector voraz y del escritor experimental que cambiaría la literatura en castellano.
A 111 años de su nacimiento, vale la pena recordar que antes de ser maestro del cuento, Julio Cortázar fue simplemente un maestro. Uno que, sin quererlo del todo, dejó una huella también en las aulas del interior de la provincia de Buenos Aires.
Gentileza:Agencia DIB