Nueve de Julio celebra sus 163 años y, con el aniversario, vuelve a ponerse en primer plano la historia de una comunidad que nació formalmente en 1863, pero cuya trayectoria se remonta mucho más atrás en el tiempo.
En diálogo con Despertate, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, la historiadora Gloria Tapia propuso mirar el aniversario más allá de la fecha de fundación y reconstruir el contexto nacional, político, militar, territorial y productivo que permitió que aquel asentamiento se transformara, con el paso de las décadas, en la ciudad y el distrito que hoy conocemos.
“Hay que felicitar a todo el pueblo de 9 de Julio por los 163 años”, señaló Tapia al comenzar la conversación, aunque inmediatamente planteó que para comprender verdaderamente el significado de la fecha es necesario retroceder varios años.
Una región que ya existía antes de 1863
La historiadora explicó que pensar que la historia de Nueve de Julio comenzó con la llegada de Julio de Vedia implica dejar afuera un extenso proceso previo.
La región formaba parte de distintos espacios administrativos durante el período colonial y los primeros años de la organización nacional. En distintos momentos dependió de Buenos Aires, Luján y Mercedes, hasta quedar vinculada al cantón de Bragado, creado en 1845.
Ese proceso estuvo estrechamente relacionado con el avance de la frontera y con la construcción de fortines destinados a custodiar el territorio.
Antes de que existiera Nueve de Julio, la región ya aparecía identificada en mapas y relatos de expediciones bajo referencias como Cruz de Guerra.
Tapia recordó que las expediciones que viajaban desde la Guardia de Luján hacia Salinas Grandes utilizaban las aguadas existentes en el territorio como puntos de referencia. Entre ellas se encontraba la laguna de Cruz de Guerra, actualmente ubicada en el partido de 25 de Mayo.
En ese lugar existía además un importante médano que alcanzaba unos 70 metros de altura y que, en una llanura prácticamente sin árboles, podía divisarse a gran distancia.
La región antes del pueblo
Uno de los episodios destacados por Tapia ocurrió en 1810, cuando una expedición encabezada por García, integrada por unas 100 carretas, atravesó la región rumbo a Salinas Grandes.
En las inmediaciones del Médano Partido y la laguna Cruz de Guerra se produjo, según explicó la historiadora, la primera misa registrada en la región.
Así, mucho antes de la fundación de Nueve de Julio, el territorio ya formaba parte de las rutas de circulación, expediciones, intercambios y disputas propias de la frontera bonaerense.
La Ley de Enfiteusis y la llegada de los primeros propietarios
Otro de los capítulos que permite comprender la historia de la región es la Ley de Enfiteusis impulsada durante el gobierno de Bernardino Rivadavia.
El sistema permitió el arrendamiento de grandes extensiones de tierra mediante el pago de un canon al Estado. La medida generó un fuerte interés por las tierras y alcanzó también a la zona que posteriormente integraría el partido de Nueve de Julio.
Tapia recordó que distintos enfiteutas reclamaron tierras en la región, aunque muchos de ellos nunca llegaron a poblarlas.
Uno de los casos destacados fue el de Aureano Díaz, quien sí se instaló en el territorio y cuya presencia quedó vinculada posteriormente a la denominada Tapera de Díaz, en la zona relacionada con la comunidad de Coliqueo.
Más adelante, nuevas disposiciones sobre el arrendamiento de tierras permitieron la llegada de otros interesados, entre ellos numerosos inmigrantes y propietarios de origen británico.
De esta manera, antes de que existiera el pueblo, ya había personas que habían adquirido o arrendado tierras y comenzaban a desarrollar actividades productivas en la región.
Julio de Vedia y el proyecto de fundar un pueblo
En ese contexto aparece la figura de Julio de Vedia.
Según relató Gloria Tapia, en 1862 comenzó a preparar el proyecto que terminaría dando origen al asentamiento de Nueve de Julio.
Vedia había adquirido en arrendamiento un campo de aproximadamente seis leguas cuadradas en una zona que actualmente comprende sectores vinculados a Naón y Dennehy.
Sin embargo, la historiadora aclaró que existe una idea instalada que no se corresponde exactamente con la documentación histórica: Nueve de Julio no fue fundada literalmente “en el campo de Julio de Vedia”.
El militar tenía su campo en las proximidades, pero la ocupación y posterior organización del pueblo respondió a un proceso más amplio.
Además, cuando Vedia partió hacia la Guerra del Paraguay en 1865, no había completado todos los trámites vinculados con la posesión de esas tierras. Posteriormente, entre 1868 y 1875, las tierras fueron pasando a distintos tenedores.
Una expedición de alrededor de mil personas
La fundación de un asentamiento en plena frontera implicaba una enorme tarea logística.
Tapia explicó que Julio de Vedia comenzó a solicitar al gobierno los elementos necesarios para instalar el campamento: carpas, carretillas, palas y distintos materiales.
También pidió elementos para levantar la comandancia y el hospital, además de materiales destinados a construir las primeras edificaciones.
Incluso existía la intención de construir un pueblo de ladrillos. Para ello se gestionaron contratos con fabricantes de ladrillos, en una región donde prácticamente no existía infraestructura.
“Acá no había nada”, resumió la historiadora durante la entrevista.
La expedición que llegó al territorio reunió aproximadamente a mil personas, entre soldados, integrantes de los cuerpos de frontera e indígenas aliados.
El desafío era enorme: había que trasladar tropas, animales, alimentos, herramientas y todos los elementos necesarios para instalar un asentamiento en un territorio donde todavía no existía una estructura urbana.
El papel de los Blandengues
En ese escenario, los Blandengues tenían una función central.
Se trataba de tropas de caballería destinadas a custodiar las líneas de frontera y proteger a las poblaciones frente a los conflictos y enfrentamientos que se producían en esos territorios.
Parte de las fuerzas que acompañaron el avance hacia Nueve de Julio procedieron de unidades asentadas en la región, con contingentes provenientes de 25 de Mayo y Bragado.
El avance de la frontera no fue, por lo tanto, un hecho aislado: formó parte de una política territorial y militar desarrollada durante décadas por el Estado.
Las lagunas que marcaron el nacimiento de Nueve de Julio
La geografía también tuvo un papel determinante.
Tapia explicó que la región era conocida por sus lagunas y que las denominadas “Tres Lagunas” no eran las únicas existentes.
Entre las referencias históricas mencionó las lagunas de Malcorra —ubicada en el actual Parque General San Martín—, Saavedra y la de la Artillería.
También existían otras lagunas y bajos que condicionaron posteriormente el crecimiento urbano.
El campamento de las tropas que llegaron con Julio de Vedia se instaló en torno a la laguna de Malcorra, en el sector que actualmente rodea a Plaza España.
El primer objetivo fue asegurar los animales. Para ello se construyó una zanja destinada a formar un corral o potrero que permitiera proteger a los caballos y la hacienda.
Con aproximadamente mil soldados, la cantidad de animales era también considerable.
Después comenzaron a levantarse las primeras instalaciones militares y las carpas que conformaron el asentamiento inicial.
El nacimiento de un pueblo
Una vez instalado el campamento, Julio de Vedia comenzó las gestiones para obtener la autorización necesaria para fundar un pueblo.
Al día siguiente de la llegada, según relató Tapia, comenzó a enviar comunicaciones y designó a Miguel Vasquetti para realizar la diagramación del nuevo pueblo.
Vasquetti ya había participado en el trazado de Bragado y conocía la región, por lo que su intervención fue fundamental para organizar espacialmente el futuro núcleo urbano.
Así comenzó a tomar forma el pueblo de Nueve de Julio.
La comunicación con Buenos Aires
La comunicación en aquellos años también estaba atravesada por la geografía y las dificultades de transporte.
Los mensajes y órdenes oficiales circulaban mediante chasques y servicios de postas que conectaban los distintos puntos de la frontera con Bragado y, desde allí, con otros centros urbanos hasta llegar a Buenos Aires.
Tapia recordó además el funcionamiento posterior de servicios de diligencias que conectaban Nueve de Julio con distintos puntos de la región, como Fuerte Paz, Bragado y localidades ubicadas hacia el sur.
La construcción de esas redes de comunicación fue determinante para integrar al nuevo asentamiento al resto de la provincia.
Una ciudad construida sobre una geografía de agua
La entrevista también permitió recuperar un aspecto poco visible de la historia urbana de Nueve de Julio: la presencia de lagunas, bajos y terrenos anegadizos que condicionaron durante décadas el crecimiento de la ciudad.
Tapia recordó que sectores que hoy forman parte del trazado urbano estuvieron atravesados por cuerpos de agua.
Incluso, cuando se construyó la conexión hacia la estación ferroviaria, en 1888, fue necesario realizar importantes trabajos de relleno en sectores que todavía presentaban lagunas.
La transformación del paisaje fue, así, una parte esencial de la construcción de la ciudad.
163 años después, mirar hacia atrás para pensar el futuro
La conversación con Gloria Tapia permitió comprender que el aniversario de Nueve de Julio no puede reducirse a una fecha aislada.
Los 163 años representan el resultado de un proceso histórico mucho más extenso, en el que confluyeron las políticas de frontera, las expediciones hacia Salinas Grandes, la ocupación y administración de tierras, los fortines, las comunidades originarias, los Blandengues, los primeros productores, los inmigrantes, las comunicaciones y finalmente la decisión de establecer un pueblo.
Desde Despertate, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, la entrevista dejó también una reflexión hacia el presente.
Conocer las raíces de Nueve de Julio permite entender que la ciudad no nació de un día para otro, sino como resultado de múltiples procesos y de la participación de diferentes actores.
Al despedir a Gloria Tapia, desde el programa se destacó precisamente esa idea: conocer la historia puede convertirse en una herramienta para pensar el futuro.
Porque los 163 años no son solamente una celebración del pasado. También son una oportunidad para preguntarse qué comunidad se quiere construir hacia adelante y qué lugar ocupa cada vecino en ese desafío colectivo.


