El cierre de la granja de rehabilitación “Hasta el Último Día”, que funcionaba en la ciudad de Nueve de Julio, volvió a poner en el centro del debate la problemática de las adicciones y la necesidad de contar con espacios de contención para las personas que buscan recuperarse del consumo problemático de sustancias.
En ese contexto, Guadalupe Nicoletti, hermana de Agustín, uno de los jóvenes vinculados al establecimiento, participó de una entrevista en el programa Despertate, que se emite por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV. Allí explicó lo que significó para su familia el cierre del lugar y reclamó mayor compromiso de las autoridades y de la sociedad para acompañar a quienes atraviesan situaciones de consumo problemático.
“¿Por qué no nos moviliza más poder ayudar a estos chicos?”, planteó Guadalupe, al referirse a la situación de los jóvenes que, según explicó, buscaban recuperarse y habían encontrado en la granja un espacio de tratamiento y contención.
La falta de acompañamiento, una de sus principales preocupaciones
Durante la entrevista, Nicoletti sostuvo que la problemática de las adicciones atraviesa a toda la sociedad, aunque muchas veces permanece invisibilizada hasta que ocurre un hecho que genera repercusión pública.
“Yo creo que no solo la comunidad de Nueve de Julio, sino que es algo más transversal que nos agarra a todos como sociedad, ignorando esta situación de los chicos, nuestros hermanos, amigos, familia, que tienen un consumo problemático”, expresó.
En esa línea, cuestionó que las personas que buscan recuperarse no siempre encuentren las herramientas necesarias para sostener un tratamiento, especialmente cuando sus familias no cuentan con recursos económicos para acceder a instituciones privadas.
Para Guadalupe, el cierre del establecimiento no puede analizarse únicamente desde la situación administrativa del lugar, sino también desde las consecuencias que tuvo para los jóvenes que allí permanecían.
“Yo no me pregunto por qué los chicos estaban en clandestinidad. Me pregunto por qué las autoridades no estaban en esos lugares”, manifestó, al reclamar que se hubiera ofrecido acompañamiento antes de que la situación llegara a ese desenlace.
La situación administrativa y el reclamo de ayuda
Durante el diálogo se abordó la cuestión de las habilitaciones y las condiciones de funcionamiento de la granja. En la entrevista se señaló que existían observaciones vinculadas con la documentación y los requisitos necesarios para desarrollar esa actividad.
Al ser consultada sobre este punto, Guadalupe reconoció la importancia de cumplir con las exigencias correspondientes, aunque afirmó que, desde su perspectiva, faltó apoyo para que el proyecto pudiera avanzar.
“Se llevaron carpetas, planos, informes, porque también había familia que nos había prestado el terreno para poder estar ahí y psicólogos, operadores, estaba todo presentado, pero lo que no tuvimos fue apoyo”, sostuvo.
Nicoletti consideró que la adecuación de las instalaciones y el cumplimiento de los requisitos necesarios requieren recursos que no todas las organizaciones o familias pueden afrontar por sus propios medios.
“Es muy difícil habilitar este tipo de lugares sin tener este tipo de apoyo o que viene de arriba”, señaló.
En ese sentido, reclamó una mayor participación del municipio y de los organismos competentes para generar alternativas que permitan sostener espacios de tratamiento, sin desconocer la necesidad de que funcionen conforme a las normas vigentes.
Agustín continúa con su tratamiento
Uno de los momentos más personales de la entrevista estuvo relacionado con la situación de su hermano.
Guadalupe contó que Agustín continúa con su tratamiento y que se encontraba orgulloso de la tarea que realizaba en la granja, donde acompañaba a otros jóvenes que atravesaban dificultades similares.
“Él se sentía bien y orgulloso del trabajo que estaba llevando adelante”, relató. Según explicó, otros jóvenes se acercaban a él para compartir sus preocupaciones, sus ansiedades, sus ganas de regresar con sus familias y las dificultades propias del proceso de recuperación.
Para Nicoletti, ese acompañamiento entre pares representaba una parte importante de la dinámica cotidiana del establecimiento.
“Eso le quitaron, lo más preciado que él tenía, que eran sus ganas de recuperar a otros chicos”, expresó.
Además, aclaró que su hermano se encuentra bien y continúa acompañado por su familia. Indicó que tenía prevista su primera salida para noviembre, de acuerdo con lo que explicó durante la entrevista, y remarcó que el cierre de la granja interrumpió una experiencia que para él tenía un valor significativo.
“No son delincuentes, son chicos que están enfermos”
Otro de los ejes centrales de la conversación fue la necesidad de diferenciar las situaciones de consumo problemático de los hechos delictivos, sin justificar estos últimos.
Durante la entrevista se hizo referencia al episodio protagonizado por un joven que se retiró del establecimiento y fue vinculado al robo de un automóvil, hecho que terminó con un accidente.
Guadalupe fue clara al señalar que ese episodio estuvo mal y que debía responderse ante la Justicia. Sin embargo, cuestionó que lo ocurrido pudiera utilizarse para generalizar sobre todos los jóvenes que estaban realizando un tratamiento.
“Lo del robo del auto fue un caso totalmente aislado”, afirmó.
Y agregó: “No son delincuentes, son chicos que están enfermos, son pibes que están enfermos y nadie lo ve así”.
Su planteo apuntó a evitar la estigmatización de quienes atraviesan una problemática de consumo y a promover una mirada que contemple la prevención, el tratamiento y la reinserción social.
Para Nicoletti, el desafío consiste en actuar antes de que las situaciones se agraven y no limitar la respuesta social a la condena de las consecuencias.
“¿Por qué no van a la raíz de ese problema? ¿Cómo ayudar a los chicos a que no lleguen a ese punto?”, se preguntó.
Jóvenes que necesitan un espacio de contención
En otro tramo de la entrevista, Guadalupe explicó que no todos los jóvenes que estaban en la granja llevaban el mismo tiempo de tratamiento. Según indicó, algunos habían ingresado hacía apenas 10 o 15 días, por lo que consideró especialmente difícil que pudieran regresar a sus hogares sin contar con una alternativa adecuada.
“Hay muchos chicos que tenían 10, 15 días de estar internados. No les podemos pedir el mismo accionar a esos chicos”, advirtió.
También señaló que, en su opinión, la contención que brindaba el establecimiento no se limitaba a la atención profesional, sino que incluía una rutina compartida, responsabilidades y actividades que contribuían a organizar la vida cotidiana.
En la granja, según describió, los jóvenes trabajaban en una huerta, cuidaban algunos animales y participaban en talleres en los que construían elementos para mejorar las instalaciones. También recibían colaboración de familiares y otras personas que acompañaban el proyecto.
“Los chicos necesitan estar en su lugar donde tenían su contención, donde tenían a sus coordinadores que se ocupaban de ellos”, expresó.
La esperanza de volver a abrir
Consultada sobre los pasos a seguir, Nicoletti explicó que existía la expectativa de conseguir un espacio que permitiera retomar el proyecto y que los jóvenes pudieran continuar con sus tratamientos.
“Estamos esperando a ver si podemos conseguir un lugar que les sea cedido para poder reabrir este lugar”, manifestó.
La intención, según explicó, es encontrar una alternativa que permita recuperar ese ámbito de contención, con las condiciones necesarias para su funcionamiento.
“Los chicos están entusiasmadísimos con poder continuar con el tratamiento y tener su cama de vuelta, su lugar donde poner su ropa, su huerta que dejaron en Nueve de Julio”, contó.
No obstante, aclaró que desconocía si el terreno donde funcionaba la granja podría volver a utilizarse, ya que pertenecía a particulares. Por eso, consideró que la ayuda podría provenir del municipio, de instituciones religiosas, de organizaciones comunitarias o de cualquier sector dispuesto a colaborar.
“Sea este u otro lugar, estaría espléndido que puedan ayudar, ya sea la Iglesia o el municipio, o quien pueda ayudar a estos chicos, porque realmente es muy necesario”, sostuvo.
Un llamado a mirar la problemática de fondo
Hacia el final de la entrevista, Guadalupe insistió en que el consumo problemático no desaparecerá por el cierre de un establecimiento y que las familias necesitan respuestas concretas para acompañar a sus seres queridos.
“Las familias solas no dan abasto con todo”, afirmó, al remarcar la importancia de contar con espacios de tratamiento accesibles y sostenidos en el tiempo.
Su mensaje también estuvo dirigido a la comunidad de Nueve de Julio, a la que invitó a revisar los prejuicios que suelen rodear a las personas con adicciones.
“Los chicos son los chicos de la sociedad”, expresó.
El cierre de “Hasta el Último Día” deja planteado un desafío que excede a un establecimiento en particular: cómo garantizar que las personas que buscan recuperarse puedan acceder a tratamientos adecuados, con instituciones que cumplan las condiciones legales y sanitarias necesarias y con un acompañamiento que no dependa exclusivamente de las posibilidades económicas de cada familia.
La entrevista de Guadalupe Nicoletti puso voz a esa preocupación y dejó abierto un reclamo concreto: que la respuesta ante el consumo problemático no se limite a señalar las dificultades, sino que incluya alternativas de atención, contención y recuperación.


