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Julián Domínguez: ‘Nueve de Julio no se merece no ser peronista’

A cien años de su nacimiento, el dirigente recordó a Jesús Abel Blanco y destacó su compromiso con el territorio, el diálogo y la construcción política desde el encuentro con la comunidad.

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A cien años de su nacimiento, la figura de Jesús Blanco fue evocada como una referencia de la política local y regional, pero también como un dirigente cuya trayectoria trascendió las fronteras de Nueve de Julio y dejó una huella en el peronismo bonaerense.

Durante el acto homenaje, Julián Domínguez —ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y ex intendente de Chacabuco— compartió recuerdos personales y políticos sobre Blanco, a quien definió como un militante comprometido, coherente y profundamente ligado a su pueblo.

“Blanco representa hoy todo lo bueno del militante”, sostuvo Domínguez, al rescatar una característica que, según remarcó, atravesó toda su vida: la capacidad de transformar las demandas de la comunidad en respuestas concretas desde la política.

Caminar el pueblo y escuchar a la gente

En su evocación, Domínguez recordó especialmente la manera en que Blanco entendía la actividad política. No se trataba solamente de ocupar una función pública, sino de recorrer, escuchar, observar y conocer de primera mano las necesidades de la comunidad.

“Marcar caminos del pueblo, con el pueblo, con la gente”, sintetizó al referirse a esa concepción de la política que, a su juicio, definió la trayectoria de Blanco.

También destacó su particular método de trabajo: una reflexión serena acompañada por una ejecución rápida, capacidad de observación y, especialmente, una palabra de síntesis para transformar distintas opiniones en una orientación concreta.

Para Domínguez, esa capacidad de planificación permitió que Blanco se adelantara a su tiempo y convirtiera las demandas sociales en políticas públicas.

Nueve de Julio como referencia regional

Uno de los ejes centrales del recuerdo de Domínguez fue el lugar que Nueve de Julio ocupó durante aquellos años como referencia política de la región.

El dirigente recordó que las obras y transformaciones impulsadas en la ciudad eran observadas por otros distritos y que Nueve de Julio se había convertido en un punto de referencia para la región. “Nueve de Julio era el centro político de la sección y de la región”, señaló.

En ese sentido, vinculó la figura de Blanco con una idea de comunidad que excedía las diferencias partidarias y sectoriales. Su capacidad de convocar, escuchar distintas miradas y valorar a dirigentes de distintos lugares fue, según Domínguez, una de las claves de su liderazgo.

“Todo el mundo se sintió valorado por eso”, afirmó al recordar la relación que Blanco mantenía con dirigentes y militantes de distintos puntos del territorio.

Un dirigente que se adelantó a su tiempo

Domínguez también puso especial énfasis en la preocupación de Blanco por la educación, los estudiantes, la ciencia y el desarrollo productivo.

Recordó su impulso a iniciativas vinculadas con la educación y la promoción científica, así como su interés por el desarrollo de la actividad agropecuaria y por instituciones que consideraba estratégicas para el futuro de Nueve de Julio.

Para el ex intendente de Chacabuco, esa mirada era consecuencia directa de una virtud central de Blanco: escuchar. Escuchar a cada sector para luego transformar esas inquietudes en decisiones destinadas a mejorar la vida de la comunidad.

Del liderazgo local a la política provincial

La dimensión política de Jesús Blanco, según Domínguez, tampoco quedó limitada a Nueve de Julio.

Lo ubicó entre los dirigentes que participaron de la renovación del peronismo bonaerense y que fueron considerados actores importantes a la hora de pensar el diseño político de la provincia de Buenos Aires.

“Blanco era un punto de consulta obligado”, recordó Domínguez, al señalar que muchas de las decisiones relevantes de aquellos años contaban con su participación o consideración.

Sin embargo, destacó que esa influencia nunca modificó su compromiso con su ciudad. En uno de los pasajes más significativos de su discurso, recordó que a Blanco le ofrecieron ser ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, pero decidió permanecer al frente de su comunidad porque entendía que tenía un compromiso con su pueblo.

La política como construcción de unidad

Para Domínguez, una de las principales enseñanzas que dejó Blanco fue su capacidad para construir unidad a partir de la diversidad.

Lo definió como un “arquitecto político de la unidad”, porque entendía que la construcción colectiva no debía perseguir beneficios personales sino objetivos comunes para la comunidad.

En esa línea, planteó que su legado adquiere una dimensión especial frente a los desafíos actuales y llamó a las nuevas generaciones a recuperar una política capaz de escuchar, planificar, organizar y construir consensos.

Una vida puesta al servicio de su comunidad

Domínguez recordó también algunos de los momentos más difíciles que atravesó Blanco en su vida personal y política, y destacó que, aun frente a esas circunstancias, mantuvo su compromiso.

Evocó especialmente su decisión de asumir responsabilidades políticas y presentarse como candidato aun en escenarios electorales adversos, entendiendo que existía una responsabilidad con la historia y con el espacio político al que había dedicado buena parte de su vida.

Esa actitud, sostuvo, resume una manera de entender la militancia: no pensar primero en el destino personal sino en el deber asumido con una comunidad y con una causa.

Un legado que crece con el tiempo

A cien años de su nacimiento, Domínguez sostuvo que la figura de Jesús Blanco no pierde vigencia, sino que se agiganta con el paso del tiempo.

Lo presentó como un dirigente que entendía que cada época exige nuevas respuestas y que la política debe ser capaz de interpretar esas transformaciones sin abandonar el vínculo con la gente.

“Blanco fue un revolucionario por su tiempo”, afirmó, al destacar su capacidad para anticiparse a las necesidades de la sociedad y convertirlas en proyectos y políticas públicas.

El homenaje terminó así recuperando una imagen de Blanco que excede el recuerdo personal: la de un dirigente que hizo de la política una herramienta de servicio, planificación y construcción comunitaria.

Para Domínguez, ese es precisamente el desafío que queda para las nuevas generaciones: recuperar aquella vocación de caminar los pueblos, escuchar a la gente, unir lo diverso y transformar las demandas sociales en respuestas concretas.

Un siglo después de su nacimiento, Jesús Blanco vuelve a aparecer, en la memoria de quienes compartieron su camino, como una figura cuya dimensión política se comprende mejor con el paso del tiempo: un dirigente local que logró trascender, sin dejar nunca de pertenecer a su pueblo.

 

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