La soberanía argentina sobre las Islas Malvinas se sustenta en fundamentos históricos, jurídicos y políticos firmes que demuestran que la ocupación británica de 1833 fue un acto ilegítimo.
En primer lugar, es importante destacar que las islas formaban parte del Imperio español, cuya posesión era reconocida por la comunidad internacional. Al producirse la Revolución de Mayo en 1810, las Provincias Unidas del Río de la Plata heredaron esos territorios conforme al principio de sucesión de Estados, por lo que las Malvinas pasaron a ser parte integrante del territorio argentino.
En este sentido, Argentina no solo heredó un derecho, sino que también lo ejerció de manera efectiva.
A lo largo de las primeras décadas del siglo XIX, el nuevo Estado llevó adelante distintos actos de soberanía en las islas. Entre ellos se destacan la toma formal de posesión en 1820, la creación de la Comandancia Política y Militar en 1829 y la designación de Luis Vernet como autoridad. Estas acciones evidencian una presencia concreta y una administración activa del territorio, lo que refuerza la legitimidad del reclamo argentino.
Sin embargo, esta situación se vio interrumpida en 1833, cuando el Reino Unido ocupó las islas por la fuerza y expulsó a las autoridades argentinas.
Este hecho no fue aislado, sino que se enmarca dentro de un proceso de expansión colonial característico de la época, en el cual las potencias europeas buscaban controlar territorios estratégicos y rutas marítimas centrales, especialmente los pasos interoceánicos. De esta manera, la ocupación británica constituyó una violación de la integridad territorial argentina, y lo sigue haciendo.
Desde entonces, nuestro país protestó de forma inmediata y ha mantenido de manera constante su reclamo de soberanía.
Por otro lado, resulta fundamental analizar la situación de la población actual de las islas. Luego de la ocupación, el Reino Unido estableció una población implantada, es decir, no originaria del territorio ni anterior a la usurpación.
Por esta razón, no puede aplicarse plenamente el principio de libre determinación de los pueblos, ya que existe un vicio de origen en dicha población: fue introducida por la potencia ocupante luego de desalojar a las autoridades legítimas. En consecuencia, la opinión de sus habitantes no resulta decisiva para definir la soberanía, como engañosamente quiere hacer valer el Reino Unido. En el marco de la buena fe, deben ser escuchados en sus intereses.
En el plano internacional, la Organización de las Naciones Unidas ha reconocido la existencia de esta disputa. A través de la Resolución 2065, instó tanto a Argentina como al Reino Unido a entablar negociaciones para alcanzar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Esto confirma que la cuestión no está resuelta y que se trata de un caso de descolonización especial.
En conclusión, las Islas Malvinas son argentinas porque fueron heredadas de España tras la independencia, porque existió un ejercicio efectivo de soberanía por parte del Estado argentino y porque el país nunca renunció a sus derechos.
La ocupación británica de 1833 constituye un acto de usurpación colonial que persiste hasta la actualidad.
Por lo tanto, la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sigue siendo un objetivo legítimo que debe alcanzarse mediante el diálogo y el respeto al derecho internacional.



