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Malvinas: la unidad que no alcanza

Escribe para Cadena Nueve, Gustavo Tinetti*

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En la Argentina, pocas causas logran lo que Malvinas consigue: unir.

Cada 2 de abril, la memoria colectiva se ordena alrededor de la bandera, del reclamo de soberanía y del reconocimiento a quienes fueron enviados a combatir en 1982. En ese punto, no hay grietas visibles. El pueblo está unido por Malvinas. Sin embargo, debajo de esa superficie de consenso, persiste una fractura dolorosa que atraviesa a los propios protagonistas de la guerra.

A 44 años del conflicto, los soldados convocados para defender la Patria siguen divididos. No por lo que ocurrió en el campo de batalla, sino por cómo se los reconoce después. La línea que separa a quienes estuvieron en el Teatro de Operaciones Malvinas (TOM), es decir, en las islas, y aquellos que formaron parte del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS), continúa generando tensiones, reclamos y heridas que, en muchos casos, resultan más profundas que las del combate.

La Guerra de Malvinas fue un conflicto bélico entre Argentina y el Reino Unido que tuvo lugar entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. La dictadura militar encabezada por Leopoldo Galtieri ordenó la ocupación de las islas con el objetivo de reivindicar la soberanía argentina sobre el territorio. La respuesta británica fue inmediata y contundente: una poderosa flota partió hacia el Atlántico Sur para recuperar el control. Tras 74 días de enfrentamientos, la rendición argentina dejó un saldo de 649 caídos y una herida que marcaría a generaciones enteras.

Pero esa herida no cicatrizó de manera igual para todos. Mientras quienes combatieron en las islas son reconocidos como veteranos de guerra, muchos de los que integraron el TOAS —cumpliendo funciones logísticas, de apoyo y defensa en el continente o en el mar— reclaman un reconocimiento que consideran justo. Argumentan que también formaron parte del dispositivo militar en un escenario de guerra real, bajo riesgo y en condiciones excepcionales.

El problema no es menor: cuando el reconocimiento es desigual, la memoria también se fragmenta. Y cuando la memoria se fragmenta, la unidad que tanto se invoca cada aniversario pierde consistencia. Porque no se trata solo de un título o de un beneficio económico; se trata de identidad, de dignidad y de pertenencia a una historia común.

La paradoja es evidente. La causa Malvinas logra unir a millones de argentinos, pero no consigue cerrar las diferencias entre quienes compartieron, de distintas maneras, esa experiencia límite. Es una deuda pendiente que la democracia arrastra desde hace décadas: construir una mirada más amplia, más inclusiva, que no jerarquice el dolor ni establezca categorías rígidas sobre quién merece ser recordado.

Quizás sea momento de revisar no solo los marcos legales, sino también los simbólicos. De escuchar todas las voces sin que eso implique negar las particularidades de cada experiencia. De entender que la guerra no termina cuando cesan los disparos, sino cuando sus consecuencias encuentran un lugar justo en la memoria colectiva.

Malvinas nos une, sí. Pero esa unidad, para ser verdadera, no puede dejar a nadie afuera.

*Director-creador del Grupo-Multimedios Cadena Nueve-Periodista-Abogado-Consultor de Medios-Autor de: ‘Delitos en la Prensa’-La Plata,1983-‘La Noticia en Imagen’, Pamplona 1991-‘Lo Mejor de Dios, Ellas’, El Remanso, 2007-

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