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Guillermina Mas alertó sobre el futuro de la lechería: caminos anegados, costos crecientes y un precio de la leche que no alcanza

La presidenta de CAPROLECOBA y productora tambera analizó en “Despertate”, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, la situación de la cuenca lechera del Oeste bonaerense. Advirtió sobre el riesgo de nuevas inundaciones, reclamó planificación y profesionalización para resolver el problema de los caminos rurales y señaló que los productores siguen perdiendo participación en el valor de la cadena láctea, pese al crecimiento de la producción nacional

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La lechería del Oeste bonaerense enfrenta un escenario complejo, en el que las condiciones climáticas, el estado de los caminos rurales, los costos de producción y el precio que recibe el productor se combinan para poner a prueba la continuidad de los establecimientos tamberos.

Así lo planteó Guillermina Mas, tambera y presidenta de la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de Buenos Aires (CAPROLECOBA), durante una entrevista en el programa Despertate, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV.

A lo largo del diálogo, Mas abordó una problemática que excede al sector agropecuario: cuando los caminos quedan bajo el agua, no solamente se dificulta la salida de la producción, sino también el acceso de las familias rurales, los docentes y los estudiantes a sus lugares de trabajo y educación.

La dirigente también trazó un diagnóstico de la economía lechera argentina, con cifras sobre producción, consumo y exportaciones, y advirtió que el crecimiento de los litros producidos no garantiza una mejora en la rentabilidad de los tambos.

Caminos rurales: la preocupación ante un nuevo período de lluvias

Uno de los primeros temas de la entrevista fue el estado de los caminos rurales y el recuerdo todavía cercano de las inundaciones que afectaron a productores de Nueve de Julio y de otros distritos de la región.

El caso de un tambo de la zona de La Corona, cuya producción debió retirarse con un tractor debido a la imposibilidad de circular normalmente por el camino hacia Quiroga, volvió a poner en evidencia una dificultad que se repite cada vez que las lluvias superan la capacidad de respuesta de la infraestructura rural.

“Ya tenemos un máster en el tema”, expresó Mas al recordar lo ocurrido durante el año anterior, cuando numerosos productores debieron encontrar soluciones propias para mantener sus establecimientos en funcionamiento.

La presidenta de CAPROLECOBA señaló que existe preocupación por lo que pueda suceder ante un nuevo período de precipitaciones importantes. Aunque aclaró que no se conoce con precisión dónde se concentrarán los mayores efectos climáticos, advirtió que Nueve de Julio se encuentra en una zona geográfica donde el agua tiende a permanecer por las dificultades estructurales del sistema de escurrimiento.

En ese sentido, mencionó la necesidad de avanzar con las obras vinculadas a la cuenca del río Salado. Si bien reconoció algunos avances, sostuvo que los trabajos pendientes siguen siendo una cuestión central para reducir la vulnerabilidad de la región.

Las lluvias de octubre también generan atención. Durante la entrevista se mencionó que en Quiroga se habían registrado 288 milímetros en menos de un mes, con complicaciones en diferentes trazas rurales y accesos de la zona.

Frente a ese escenario, Mas destacó que muchos productores tomaron recaudos después de la experiencia anterior: mejoraron callejones internos, incorporaron tractores y adquirieron equipos para poder retirar la leche aun cuando las condiciones de los caminos no son las adecuadas.

En su propio establecimiento, explicó, cuentan con un tractor de doble rodado y un acoplado que les permitió sostener la salida de la producción durante buena parte del período crítico.

“De marzo a noviembre, el 90% de los días salimos nosotros”, relató, al describir el esfuerzo que debieron realizar para mantener la actividad.

La experiencia demuestra la capacidad de adaptación de los productores, pero también el costo que representa tener que reemplazar con recursos privados las condiciones de infraestructura que deberían garantizar la conectividad rural.

La propuesta para los caminos de Nueve de Julio

Consultada sobre las posibles soluciones, Mas expresó su respaldo al avance de un esquema de gestión público-privada para los caminos rurales del distrito.

La dirigente consideró que existen diferentes modelos de administración, desde alternativas de mayor participación privada hasta esquemas intermedios, y sostuvo que la propuesta que se analiza en Nueve de Julio puede constituir una vía adecuada.

Sin embargo, advirtió que el éxito de cualquier iniciativa dependerá de cómo se implemente.

Desde la mirada de los productores, planteó que el sistema debe contar con un diagnóstico técnico serio, planificación a mediano plazo y una verdadera profesionalización de la gestión.

Para Mas, no alcanza con definir un modelo administrativo: es indispensable que quienes estén al frente tengan capacidad técnica, planificación y recursos para establecer prioridades y sostener las tareas en el tiempo.

La problemática, además, no afecta únicamente a quienes producen. También compromete la vida cotidiana de las comunidades rurales.

“Estamos hablando de acceso”, remarcó, al describir situaciones en las que los anegamientos afectan caminos principales, escuelas y la posibilidad de que los chicos lleguen diariamente a clases.

Por eso, consideró que la discusión debe incorporar una mirada social y no limitarse a la rentabilidad de los establecimientos agropecuarios.

Barro, estrés y menos leche: el impacto directo sobre las vacas

El estado de los caminos es apenas una parte del problema. Cuando las lluvias afectan los propios campos, las consecuencias se trasladan directamente a la producción.

Mas explicó que deben diferenciarse dos situaciones: la imposibilidad de acceder al establecimiento y el exceso de agua dentro del campo. En el segundo caso, el impacto depende de la topografía, los suelos y la proporción de superficie que queda anegada.

En los tambos, uno de los principales factores es el bienestar animal.

La dirigente señaló que el barro provoca problemas en las patas, favorece la aparición de mastitis y reduce el confort de las vacas. A esto se suma el estrés provocado por la combinación de humedad y temperaturas elevadas.

Cuando un animal está incómodo, come menos, rumia menos y transforma con menor eficiencia el alimento en leche. De esa manera, cae la producción individual y se encarecen los costos.

La situación es especialmente compleja en los sistemas productivos que dependen del pastoreo y de patios de alimentación al aire libre, una modalidad extendida en la región.

Mas describió lo ocurrido en su establecimiento durante las inundaciones anteriores: el patio de comidas quedó convertido en un barrial y alimentar a los animales en esas condiciones se volvió muy difícil.

La alternativa fue reorganizar los comederos, trasladarlos cuando resultaba necesario y aprovechar el pasto en la medida de lo posible.

Cada decisión implicó priorizar el bienestar de las vacas sin perder de vista la alimentación y la producción.

La productora explicó que, en su tambo, el promedio anual ronda los 31 litros por vaca al día, mientras que en otros sistemas menos intensivos puede ubicarse cerca de los 24 litros. Durante la charla también señaló que el promedio nacional mencionado se sitúa en torno de los 24 litros diarios por animal.

Las cifras reflejan que los resultados dependen del modelo productivo, la alimentación y el manejo, pero también muestran por qué las condiciones climáticas pueden tener consecuencias económicas inmediatas.

El precio de la leche, bajo presión

El otro gran eje de la entrevista fue la situación económica del productor.

Mas describió un escenario en el que el precio que recibe el tambero se encuentra rezagado frente a los costos y la inflación, mientras la distribución del valor dentro de la cadena láctea genera crecientes dificultades para la producción primaria.

La dirigente observó que el precio final al consumidor y el valor que recibe el productor evolucionaron de manera diferente, lo que abre interrogantes sobre cómo se distribuyen los ingresos entre los distintos eslabones de la actividad.

Para explicar el proceso, repasó la evolución reciente del sector.

A comienzos de 2024, recordó, la oferta de leche era limitada por las consecuencias de la sequía de 2023 y por las dificultades económicas que atravesaba la actividad. Esa menor disponibilidad impulsó una mejora del precio de la leche cruda.

Sin embargo, la producción comenzó a recuperarse y la situación cambió. Según su análisis, desde mediados de 2025 el precio recibido por el tambero empezó a perder terreno frente a la inflación y los costos.

Aunque durante los últimos meses se registraron algunas recuperaciones, Mas sostuvo que no alcanzan para compensar el deterioro acumulado.

“Hoy la cadena está destruyendo valor y toda esa caída, toda esa destrucción de valor está cayendo en espaldas nuestras de los productores”, afirmó.

La advertencia cobra mayor importancia cuando se considera que los establecimientos deben afrontar inversiones adicionales para mejorar caminos internos, asegurar la alimentación de los animales y sostener la producción durante los períodos de excesivas lluvias.

En otras palabras, los tamberos deben invertir más para producir en condiciones adversas, al mismo tiempo que enfrentan dificultades para recuperar esos costos a través del precio de la leche.

Más producción nacional, pero con una rentabilidad que no acompaña

Uno de los datos destacados de la entrevista fue la proyección de producción nacional para el año.

Mas señaló que la Argentina podría cerrar el período con alrededor de 12.000 millones de litros de leche, un volumen que permitiría alcanzar el récord registrado en 2015.

La estimación mencionada durante la charla ubicó el crecimiento interanual entre el 3% y el 4%, aunque la dirigente advirtió que el ritmo de expansión comenzaba a desacelerarse.

El dato muestra la capacidad de recuperación de la actividad, pero también plantea una pregunta fundamental: ¿quién se beneficia de ese crecimiento?

Para la presidenta de CAPROLECOBA, producir más no necesariamente significa ganar más. El resultado económico depende de los costos de alimentación, la logística, la energía, el transporte, las inversiones y, especialmente, del precio que recibe el productor por cada litro entregado.

Por eso, el crecimiento de la producción debe analizarse junto con la rentabilidad de los establecimientos y la distribución del valor generado a lo largo de la cadena.

Consumo interno: más litros no siempre significan mejores productos

Durante la entrevista también se abordó la evolución del consumo de lácteos en la Argentina.

Mas indicó que el consumo se ubicaba en torno de los 190 litros equivalentes por habitante al año, una cifra que consideró positiva en términos de volumen.

Sin embargo, señaló que detrás de ese número existe un cambio en la composición de los productos consumidos.

Según su análisis, los hogares están orientándose hacia productos más económicos y de menor valor agregado, en un contexto en el que el poder adquisitivo condiciona las decisiones de compra.

Esa modificación tiene consecuencias para toda la cadena: si el mercado interno se concentra en productos de menor precio, la industria enfrenta limitaciones para trasladar mayor valor hacia la materia prima.

La dirigente vinculó esta situación con las diferencias que pueden observarse entre las góndolas argentinas y las de otros países de la región, donde existe una mayor diversidad de productos lácteos, entre ellos leche en polvo y leche condensada.

Aunque reconoció que los hábitos de consumo tienen un papel importante, también consideró que el ingreso disponible de los hogares resulta determinante para explicar esas diferencias.

Exportaciones: buenos precios internacionales, dificultades locales

En materia de comercio exterior, Mas distinguió entre las cotizaciones internacionales de los productos lácteos y la capacidad real de la industria para trasladar esos valores al productor argentino.

Señaló que los precios internacionales de la leche en polvo, uno de los principales productos de exportación del sector, presentaban condiciones favorables.

No obstante, advirtió que el costo argentino, el tipo de cambio y la logística reducen la competitividad y limitan el poder de compra de la industria.

También puso sobre la mesa el reclamo de la cadena láctea por los reintegros a las exportaciones.

Según explicó, la eliminación de los derechos de exportación también dejó en cero los reintegros impositivos a los que hizo referencia durante la entrevista. A su entender, recuperar esos mecanismos podría mejorar los recursos disponibles para remunerar la leche cruda.

Mas mencionó que esa mejora podría representar alrededor de 40 pesos adicionales por litro en el poder de compra que se traslada a la producción, una estimación planteada durante el diálogo y que requiere actualización y verificación técnica para determinar su alcance concreto.

La discusión excede a los productores: involucra a la industria, la comercialización y las políticas destinadas a mejorar la competitividad de las exportaciones argentinas.

Cierre de tambos y concentración de la actividad

Otro de los puntos centrales fue la continuidad de los establecimientos lecheros.

Mas reconoció que el cierre de tambos es un proceso permanente y que la cuenca del Oeste bonaerense no está al margen de esa tendencia.

Explicó que durante 2024 se observó una salida importante de productores que venían atravesando dificultades desde el año anterior. En muchos casos, las decisiones de abandonar la actividad se habían tomado durante el difícil escenario de 2023 y se concretaron cuando las condiciones lo permitieron.

No todas las vacas de los establecimientos que cierran terminan en faena: parte de los animales puede incorporarse a otros tambos. De ese modo, la actividad se reorganiza y aumenta la concentración de la producción.

La dirigente advirtió que ese fenómeno también se observa en la industria, donde existen procesos de reconversión.

En el caso de los tambos, señaló que la continuidad depende de números económicos cada vez más ajustados, de la capacidad de profesionalizar el manejo y de la existencia de una nueva generación dispuesta a continuar con el negocio familiar.

La cuestión generacional es especialmente relevante para establecimientos en los que los productores llevan años de trabajo y no encuentran quién tome la posta.

La concentración, por lo tanto, no responde únicamente a una cuestión de escala: también está relacionada con la rentabilidad, las condiciones de trabajo, las inversiones necesarias y las perspectivas de futuro.

Una agenda que combina infraestructura, producción y políticas económicas

El diálogo con Guillermina Mas dejó planteada una agenda que involucra tanto a los productores como a las autoridades municipales, provinciales y nacionales.

En el plano local, la prioridad pasa por mejorar los caminos rurales, garantizar el acceso a los establecimientos y avanzar con una gestión profesionalizada, basada en diagnósticos y planificación.

En los tambos, el desafío consiste en sostener el bienestar animal y la productividad ante condiciones climáticas adversas, sin que las inversiones necesarias terminen agravando una ecuación económica ya debilitada.

En el plano nacional, la preocupación se concentra en la relación entre el precio de la leche cruda, los costos, la distribución del valor dentro de la cadena y la competitividad exportadora.

La Argentina tiene capacidad para producir grandes volúmenes de leche y cuenta con mercados externos para colocar parte de esa producción. Sin embargo, el desafío consiste en lograr que ese potencial se traduzca en una actividad sostenible para quienes producen.

Desde Nueve de Julio y la cuenca lechera del Oeste bonaerense, la advertencia es concreta: sin infraestructura rural adecuada, previsibilidad económica y rentabilidad, el crecimiento productivo puede convivir con mayores dificultades para los establecimientos.

La entrevista en Despertate, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, puso así en primer plano una realidad que atraviesa al campo y a las comunidades rurales: detrás de cada litro de leche hay inversión, trabajo, logística y una cadena económica cuyo equilibrio resulta decisivo para sostener la producción.

La conclusión de Guillermina Mas apunta al núcleo del problema: la lechería necesita producir, pero también necesita condiciones para que los tambos puedan seguir en actividad, invertir y proyectar su futuro.

 

Guillermina Mas-Presidente Cámara de Productores de Leche de la Cuenca del Oste bonaerense

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