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Se conmemoró el Día del Respeto a la Diversidad Cultural con un llamado al encuentro, la inclusión y la convivencia

El acto oficial se realizó en el Colegio Jesús Sacramentado, con la participación de autoridades municipales y educativas, estudiantes, docentes y representantes de distintas instituciones. La docente Gilda Kesler, el secretario de Gobierno, Federico Aranda, y la inspectora regional de Educación de Gestión Privada, Leonor Capriroli, destacaron la importancia de reconocer las diferencias, valorar las raíces culturales y construir una comunidad basada en el respeto

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En el Colegio Jesús Sacramentado de Nueve de Julio se realizó el acto oficial por el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, una jornada de reflexión sobre las distintas raíces que conforman la identidad argentina y la necesidad de fortalecer los vínculos sociales desde el diálogo, la inclusión y el reconocimiento del otro.

La ceremonia reunió a autoridades municipales y educativas, representantes de instituciones, docentes, familias y estudiantes de distintos niveles. En representación de la intendente María José Gentile participó el secretario de Gobierno, Federico Aranda, junto a la inspectora regional de Educación de Gestión Privada, profesora Leonor Capriroli, y autoridades de la comunidad educativa anfitriona.

También estuvieron presentes la directora del nivel secundario del Colegio Jesús Sacramentado, Mercedes Bernasconi; el presidente del Concejo Deliberante, Esteban Naudín, junto a los ediles María Ines Ormaechea, Sol Ormaecha y Silvia Calcagno; la presidenta del Consejo Escolar, Valeria Maidana, y otros representantes de instituciones y organismos de la ciudad.

La apertura incluyó el ingreso de las banderas de ceremonia y la interpretación del Himno Nacional Argentino, a cargo del estudiante Valentino Geras, quien emocionó a los presentes con su ejecución en violín.

Una fecha para reconocer las raíces y construir una sociedad más inclusiva

Durante el acto se compartieron distintas expresiones artísticas y reflexiones que invitaron a reconocer la diversidad cultural como parte constitutiva de la sociedad argentina.

La hermana Evangelina ofreció una oración en la que pidió por una comunidad capaz de escuchar, reconocer y respetar a quienes tienen historias, lenguas y costumbres diferentes. La reflexión puso el acento en la necesidad de superar los prejuicios y la indiferencia para construir una sociedad en la que nadie se sienta extranjero.

Posteriormente, la docente Gilda Kesler propuso una mirada sobre los orígenes de las familias y las múltiples procedencias que confluyen en la identidad de Nueve de Julio y del país.

“Si hoy cada uno de nosotros preguntara en casa de dónde vienen sus abuelos, este patio se llenaría de mapas”, expresó al comenzar su intervención, invitando a reconocer las raíces europeas, latinoamericanas, provinciales y de los pueblos originarios que forman parte de la historia colectiva.

Kesler recordó que la ciudad nació en 1863 como un fortín en la frontera y que, con el paso del tiempo, llegaron familias con sus lenguas, tradiciones, recetas, creencias y esperanzas. Ese proceso, sostuvo, fue tejiendo la identidad de lo que hoy se reconoce como pueblo argentino.

En ese sentido, señaló que el respeto a la diversidad cultural no constituye solamente una referencia al pasado, sino un compromiso vigente. También recordó el reconocimiento constitucional de la preexistencia de los pueblos originarios, la protección de la identidad cultural y la apertura de la Argentina a quienes desean habitar su territorio.

Desde una perspectiva vinculada con la fe y la convivencia, la docente retomó la idea de la “cultura del encuentro” y planteó que encontrarse con el otro implica mucho más que tolerarlo: supone acercarse, escuchar su historia y reconocer que las diferencias pueden enriquecer a toda la comunidad.

La reflexión concluyó con preguntas dirigidas a la vida cotidiana: qué expresiones se utilizan para referirse a los demás, qué prejuicios se reproducen y a quiénes se deja afuera, incluso sin advertirlo. El mensaje fue claro: el respeto por la diversidad no debe limitarse a una fecha conmemorativa, sino convertirse en una forma de vivir.

Los estudiantes llevaron el mensaje de la unidad al escenario

Uno de los momentos destacados de la ceremonia fue la participación de estudiantes de cuarto año del nivel primario y de segundo año del nivel secundario del Colegio Jesús Sacramentado, quienes interpretaron la canción Somos uno.

La presentación transmitió un mensaje de fraternidad y reconocimiento de las diferencias, con una invitación a comprender que las distintas historias y experiencias no impiden construir un destino común.

Más tarde, representantes de los cursos participaron de una propuesta simbólica alrededor de un telar, con tiras de distintos colores que representaron las raíces y experiencias que conforman la identidad colectiva.

A través de breves relatos, la actividad recuperó la historia de los pueblos originarios, la llegada de inmigrantes, las familias provenientes de distintas regiones argentinas y los vínculos con otros países de América Latina. También incorporó la mirada de las generaciones futuras, con el deseo de que cada persona pueda vivir en una sociedad donde no tenga que ocultar de dónde viene.

La propuesta permitió representar, de manera colectiva, la idea de que una comunidad se construye a partir de historias diferentes que encuentran un espacio común sin perder sus particularidades.

Federico Aranda: “Respetar no significa necesariamente estar de acuerdo”

En representación del gobierno municipal, el secretario de Gobierno, Federico Aranda, compartió un mensaje centrado en el respeto cotidiano y en la responsabilidad de cada integrante de la comunidad.

El funcionario señaló que el Día del Respeto a la Diversidad Cultural invita a reconocer la pluralidad de pueblos y culturas que forman parte de la historia, pero también a preguntarse cómo se ejerce el respeto en las relaciones diarias.

Al ampliar el concepto de diversidad, sostuvo que no se limita a las tradiciones, los pueblos o los acontecimientos históricos, sino que también está presente entre vecinos, amigos, compañeros de trabajo y personas que tienen distintas formas de pensar, sentir o vivir.

“Respetar no significa necesariamente estar de acuerdo, significa poder convivir con las diferencias sin convertirlas automáticamente en una amenaza”, expresó.

Aranda planteó que escuchar antes de juzgar, comprender antes de señalar y recordar que detrás de cada opinión y cada historia hay una persona son actitudes fundamentales para mejorar la convivencia.

También destacó la responsabilidad particular de una comunidad como Nueve de Julio, donde los vínculos cotidianos tienen una presencia importante. En ese marco, convocó a cuidar las palabras y las formas de relacionarse, tanto en los espacios públicos como en las familias, las instituciones y las redes sociales.

El secretario de Gobierno concluyó que, aun cuando existan diferencias de pensamiento o formas de vida, el respeto por el otro debe mantenerse como un punto de encuentro.

Leonor Capriroli: la escuela como espacio de construcción colectiva

El cierre de las intervenciones estuvo a cargo de la inspectora regional de Educación de Gestión Privada, profesora Leonor Capriroli, quien agradeció a la comunidad educativa del Colegio Jesús Sacramentado y a todas las personas que hicieron posible la ceremonia.

Visiblemente emocionada por los distintos momentos del acto, destacó la interpretación del Himno Nacional en violín, la participación de los estudiantes con la canción Somos uno y la propuesta del telar como representación de las múltiples raíces del pueblo argentino.

Capriroli remarcó que la identidad nacional se fue construyendo con los pueblos originarios y con los distintos grupos que llegaron al país y aportaron sus tradiciones, saberes y experiencias.

Al desarrollar su mensaje, sostuvo que la fecha constituye una oportunidad para reconocerse en las diferencias y reflexionar sobre las relaciones que se construyen cotidianamente, los vínculos que se sostienen y las maneras de habitar las instituciones.

La inspectora advirtió que, en el contexto actual, las diferencias muchas veces parecen generar distancias en lugar de propiciar encuentros. Frente a esa realidad, reivindicó el papel de la escuela en la construcción de espacios donde todas las personas puedan participar, aprender y ser reconocidas.

En su reflexión, sostuvo que hablar de diversidad cultural implica conocer otras culturas, recordar el pasado y asumir el compromiso de construir relaciones basadas en el respeto, la escucha y el reconocimiento de la dignidad de cada persona.

También señaló que lo colectivo no se reduce a compartir una actividad, sino que requiere construir un sentido común a partir de un proceso en el que todos tengan un lugar.

Desde esa perspectiva, afirmó que pensar las diferencias como una oportunidad permite ampliar las miradas, enriquecer las formas de comprender el mundo y fortalecer los vínculos necesarios para la convivencia democrática.

El respeto se construye todos los días

En el tramo final de su intervención, Capriroli subrayó que el respeto por la diversidad se construye en los gestos cotidianos: al escuchar, evitar prejuicios, reconocer los saberes que aportan las familias y los estudiantes y generar condiciones para que todas las voces tengan lugar.

En ese marco, destacó la importancia de democratizar la palabra y de promover prácticas educativas que fortalezcan los lazos sociales desde el encuentro, el diálogo y la construcción colectiva del conocimiento.

La inspectora convocó a renovar el compromiso con comunidades más justas e inclusivas, donde las diferencias sean una oportunidad para aprender con los demás y no un motivo de exclusión.

Finalmente, reafirmó la importancia de mantener a la Argentina como un país abierto, que garantice derechos y reciba a quienes desean habitar su suelo, en consonancia con el espíritu del Preámbulo de la Constitución Nacional.

El acto concluyó con el agradecimiento a la institución anfitriona, a las autoridades, a los estudiantes y a quienes participaron de la organización de la ceremonia.

La jornada dejó un mensaje compartido por las distintas voces: la diversidad cultural no es solamente una herencia histórica que merece ser recordada, sino una realidad presente que interpela a la sociedad y exige compromiso. Desde la escuela, las instituciones y cada vínculo cotidiano, el desafío es construir una comunidad donde las diferencias sean reconocidas como parte de una identidad común y donde el respeto, la inclusión y la convivencia democrática se traduzcan en hechos concretos.

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