
La provincia de Buenos Aires se encamina hacia un escenario demográfico muy diferente al de las últimas décadas. Cada vez nacen menos niños y esa transformación, que durante años pudo parecer un fenómeno exclusivamente poblacional, comienza ahora a trasladarse de manera concreta al sistema educativo.
El dato que marca la dimensión del cambio es la evolución de la fecundidad. La tasa, que en 2010 se ubicaba por encima de los dos hijos por mujer, podría descender hasta aproximadamente un hijo por mujer hacia 2040, de acuerdo con un informe elaborado por el Observatorio de Políticas Poblacionales y Migratorias del Ministerio de Gobierno junto con el Laboratorio de Investigación de Lazos Socio-Urbanos (LILSU).
La tendencia también queda expuesta al observar la cantidad de nacimientos. En territorio bonaerense, la tasa bruta de natalidad pasó de alrededor de 19 nacimientos cada mil habitantes en 2012 a cerca de 10 cada mil en 2023, último dato provincial señalado en el informe.
El fenómeno no es exclusivo de Buenos Aires. La natalidad viene disminuyendo en todo el país desde hace varios años. Sin embargo, el impacto adquiere una dimensión particular en la provincia debido a su peso demográfico y a las consecuencias que puede generar sobre la planificación y la demanda de servicios públicos.
El primer impacto se siente en los jardines
Uno de los primeros sectores donde la caída de los nacimientos comienza a hacerse visible es el nivel Inicial.
La explicación es sencilla: una reducción en la cantidad de nacimientos no modifica de manera inmediata la matrícula de todos los niveles educativos. Primero se refleja en las edades más pequeñas y, con el paso de los años, el efecto se traslada hacia Primaria y posteriormente a Secundaria.
Según las proyecciones de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, el nivel Inicial tenía alrededor de 578 mil alumnos en 2024. Para 2027, la estimación oficial prevé una matrícula de aproximadamente 474 mil estudiantes. Posteriormente, el número podría ubicarse en torno de los 450 mil.
De esta manera, la provincia podría registrar una pérdida de más de 100 mil alumnos en el nivel Inicial en apenas tres años.
El dato adquiere todavía mayor relevancia porque la reducción de la matrícula se produce a pesar de la expansión de la cobertura educativa, especialmente en las salas de 3 y 4 años. Esa mayor incorporación permitió compensar parcialmente la disminución de la población correspondiente a esas edades, aunque no alcanza para revertir la tendencia demográfica.
Un fenómeno que ya tiene antecedentes a nivel nacional
La caída de la matrícula en los primeros años de escolaridad no es un fenómeno exclusivamente bonaerense.
Un informe de la Dirección Nacional de Población sobre natalidad y educación ya había advertido el impacto de la disminución de los nacimientos sobre el sistema educativo. Según ese análisis, la sala de 4 años alcanzó un máximo de más de 685 mil alumnos en 2019.
A partir de la caída de los nacimientos que comenzó en 2020, se proyecta que esa matrícula pierda un 39% hacia 2028, cuando el nivel tendría alrededor de 417 mil estudiantes.
La Secundaria todavía crecerá, pero el escenario cambiará
El impacto demográfico no llegará al mismo tiempo a todos los niveles.
Mientras el descenso ya comienza a sentirse con fuerza en el nivel Inicial, la matrícula de Primaria sigue de manera más cercana la evolución de la población. En el caso de la Secundaria, incluso se espera que continúe creciendo durante algunos años.
Las proyecciones de la Dirección General de Cultura y Educación indican que la matrícula secundaria podría alcanzar en 2028 su máximo histórico, con alrededor de 1,75 millones de estudiantes. En 2024, el nivel registraba aproximadamente 1,67 millones.
Este crecimiento tiene una explicación vinculada no solamente a la estructura poblacional, sino también a los cambios registrados en el sistema educativo durante los últimos 15 años.
En ese período aumentó de manera significativa la cobertura de la escuela secundaria y disminuyó el abandono escolar. Las políticas orientadas a fortalecer las trayectorias educativas contribuyeron a sostener y ampliar la matrícula.
Sin embargo, ese crecimiento tendría un límite marcado por la propia dinámica demográfica.
La proyección establece a 2028 como el punto máximo para la matrícula secundaria. A partir de entonces, comenzaría un descenso progresivo que podría acelerarse con el paso de los años, a medida que las cohortes de menor tamaño avancen por el sistema educativo.
Un desafío para la planificación educativa
La caída de los nacimientos plantea, así, un escenario que va más allá de la cantidad de alumnos que habrá en las aulas.
La evolución demográfica obliga a pensar cómo se organizará el sistema educativo frente a una población infantil progresivamente menor. El descenso comenzará por los jardines, continuará en Primaria y finalmente alcanzará a la Secundaria.
Para la provincia de Buenos Aires, el desafío será adaptar la planificación educativa a una realidad demográfica que se encuentra cambiando de manera sostenida.
El escenario proyectado muestra una transformación profunda: mientras durante décadas el sistema educativo debió responder al crecimiento o sostenimiento de la población escolar, en los próximos años deberá prepararse para administrar cohortes cada vez más pequeñas.
El dato central es contundente: de una tasa superior a dos hijos por mujer en 2010, Buenos Aires podría acercarse a un hijo por mujer en 2040. En paralelo, los nacimientos ya se redujeron de unos 19 por cada mil habitantes en 2012 a cerca de 10 en 2023.
La transformación demográfica ya está en marcha y sus efectos comienzan a llegar a las aulas.


