
Cada 22 de agosto, las Naciones Unidas llaman a recordar a las víctimas de la violencia motivada por la religión o las creencias y a reforzar el compromiso con la libertad, la tolerancia y el respeto por los derechos humanos.
La fecha fue establecida por la Asamblea General de la ONU en 2019, mediante la resolución A/RES/73/296. La iniciativa condena los actos de violencia y terrorismo dirigidos contra personas o comunidades por motivos religiosos y destaca la responsabilidad de los Estados en la protección de las minorías y de la libertad de culto y de creencias.
La ONU advierte que la intolerancia religiosa puede expresarse también mediante ataques contra hogares, negocios, escuelas, centros culturales y lugares de culto. Frente a estas situaciones, sostiene que el diálogo interreligioso e intercultural, la educación en derechos humanos y la lucha contra la discriminación son herramientas fundamentales para prevenir nuevos hechos de violencia.
La conmemoración se realiza un día después del Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo, reforzando un mensaje común: ninguna persona debe ser perseguida, discriminada o atacada por su religión o sus creencias.
En esta jornada, recordar a las víctimas también implica defender la convivencia democrática, la libertad de conciencia y el respeto por la diversidad religiosa y cultural.


