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El silencio también gobierna

Escribe para Cadena Nueve, Gustavo Tinetti*

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Hay silencios que dicen más que un discurso.

En Trenque Lauquen, desde hace tiempo, un vecino sostiene una batalla que no tiene estridencias. No corta calles, no organiza marchas, no insulta a nadie. Presenta pedidos, cita normas, estudia reglamentos, fundamenta cada reclamo con solvencia, rica literatura y ejerce un derecho básico en cualquier democracia: pedir información sobre cómo actúan quienes fueron elegidos para representar a la comunidad.

Sin embargo, la respuesta parece ser siempre la misma: el silencio.

Y ese silencio ya dejó de ser un problema personal entre un vecino y un Concejo Deliberante. Empieza a convertirse en una señal política.

Porque cuando un ciudadano hace una pregunta fundada y el Estado no responde, lo que está en juego no es solamente un expediente. Está en juego la calidad institucional.

La transparencia dejó hace tiempo de ser un eslogan de campaña. Es una obligación legal y ética. Los gobiernos administran recursos públicos, toman decisiones públicas y representan intereses públicos. Por eso deben rendir cuentas.

No alcanza con publicar fotos de reuniones, inaugurar obras o comunicar anuncios en redes sociales. La verdadera transparencia aparece cuando llegan las preguntas incómodas. Es ahí donde se mide la fortaleza de una institución.

Y quizás el mayor error de muchos dirigentes sea creer que el silencio no tiene costo.

Lo tiene.

Durante años, el enojo social encontró formas visibles de expresarse: marchas, protestas, cacerolazos. Hoy aparece otro fenómeno, mucho más difícil de detectar. La gente deja de discutir. Deja de creer. Deja de esperar respuestas. Se manifiesta en silencio, en las redes sociales, en la apatía y, finalmente, en el cuarto oscuro.

Las últimas elecciones, en distintos niveles del Estado, demostraron que una parte importante de la sociedad decidió castigar a quienes sintió alejados de sus preocupaciones. No fue un voto únicamente económico. También fue un voto contra una forma de hacer política donde muchas veces las explicaciones nunca llegan.

El caso de Miguel Vidal —más allá de que uno comparta o no cada uno de sus planteos— deja una pregunta incómoda: ¿qué mensaje recibe cualquier otro vecino cuando observa que alguien insiste durante meses o años con pedidos formales y las respuestas no aparecen?

La democracia no debería temerle a las preguntas.

Las instituciones fuertes no se defienden escondiendo información. Se fortalecen respondiendo.

Porque la confianza pública no se construye con discursos. Se construye contestando cuando un ciudadano golpea la puerta.

Y cuando esa puerta permanece cerrada demasiado tiempo, el silencio deja de ser una estrategia.

Empieza a convertirse en una respuesta:

“La democracia no se desgasta porque existan ciudadanos que pregunten. Se desgasta cuando las instituciones dejan de responder.”

*Director-creador del Grupo-Multimedios Cadena Nueve-Periodista-Abogado-Consultor de Medios-Autor de: ‘Delitos en la Prensa’-La Plata,1983-‘La Noticia en Imagen’, Pamplona 1991-‘Lo Mejor de Dios, Ellas’, El Remanso (Parada Robles), 2007

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