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La violencia como energía del orden

Escribe para Cadena Nueve, jorge Suevus

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  La historia es posible leerla como un movimiento pendular entre statu quo y anomia, no como estados morales opuestos sino como fases funcionales de un mismo proceso. El orden expresa, con el tiempo, la operatividad de una legalidad: normas que alguna vez organizaron la vida social; en algún momento pierden eficacia simbólica y se sostienen cada vez más por inercia. Cuando esa inercia ya no alcanza, la legalidad tiene como horizonte, la anomia (“haz lo que quieras”, no lo que “las normas dictan”): como pérdida de su capacidad de ordenar prácticas, expectativas y vínculos.

La historia ilustra este vaivén o movimiento pendular. La disolución del esclavismo no produjo inmediatamente un nuevo orden coherente, sino un período anómico en el que ni la legalidad romana ni la economía esclava funcionaban; el feudalismo se impuso luego como un nuevo statu quo, reordenando esa dispersión mediante relaciones personales de dependencia. Algo análogo ocurrió con la crisis del mundo feudal: la erosión de jerarquías tradicionales y de obligaciones heredadas abrió una anomia que el capitalismo resolvió instituyendo un orden basado en el mercado, el contrato y la abstracción del trabajo.

En este ciclo, la violencia no aparece como una excepción alarmante, sino como un recurso estructural: el combustible principal que sostiene a ambas (statu quo y anomia). Sostiene el statu quo cuando garantiza coercitivamente (monopolio de la violencia legítima en manos del Estado) normas ya vaciadas de consenso, y sostiene la anomia cuando desarticula violentamente un orden que dejó de funcionar. No crea por sí misma ni el orden ni el desorden: los hace posibles, permitiendo su conservación o su ruptura según el momento histórico.

Desde este punto de vista es posible poner sobre relieve que no se trata de buenas personas o de malas personas, dado que ambas sostienen la violencia de algún modo.

Si se tratara de buenas personas, el fin justificaría los medios: y Hitler, en su paradigma, habría sido una buena persona; ni hablar de sus instituciones y quienes las sostenían. Indudablemente, judíos, gitanos y locos, habrían ocupado el lugar de malas personas.

Se trata de otra cosa.

Relevante para nuestro Distrito a través de cómo comunica Cadena Nueve: el paradigma vigente, que van imponiendo Trump y Putin (no es que lo conozcan, van más adelante y aprendiendo -por suerte requiere de sostener con vida a la mayor cantidad de personas posible, aún en guerras: no por otra cosa Rusia no hace desaparecer -“Oreshnik”- a Ucrania, como fue posible para instaurar el paradigma anterior “ejemplificando” con Hiroshima -“Little Boy”- y Nagasaki -“Fat Man”).

Es decir, no se trata de estar a favor o en contra de Trump o Putin o de ambos a la vez: mucho menos de estar a favor del paradigma anterior.

Hoy China (y las alianzas novedosas que tratan de resurgir: con Inglaterra, Irán; la Unión Europea a favor de Ucrania, etc.) representa con el globalismo o progresismo, lo que representaba el Imperio Romano para el Feudalismo o lo que representaba el Feudalismo para el Capitalismo.

La energía de la energía… la energía fósil que están utilizando desde 2010 con tecnologías novedosas (sabían que tenían esa energía, pero no tenían acceso a ella), es la energía que alimenta la reorganización de la violencia legítima de los nuevos Estados.

No por otra cosa hay que hacer costos: para gastar lo menos posible y obtener energía de la manera más económica posible.

Y, así como presos y expulsados fingían el ejercicio de la legitimidad del uso de la violencia, paso a paso, presos y expulsados pondrán sobre la mesa las limitaciones de las instituciones que rápidamente tendrán que realizar ajustes hacia adentro, para lograr cada vez más, una sociedad más justa… en el ejercicio de la violencia.

Garantizará las operaciones e intercambios comerciales a largo plazo, crucial para el industrialismo (empresarios y empleados).

No por otra cosa es un paradigma de amor y paz.

Genera un horizonte promisorio y esperanzador.

 

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