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Cuidar a la mamá: la importancia de acompañar a la familia durante el primer año de vida de un bebé

Sofía Guaragna abordó en “Escuela para Padres” el valor de los primeros doce meses de un bebé, la necesidad de construir redes de apoyo y el rol fundamental de padres, familiares y comunidad en el cuidado de la salud emocional de quienes crían.

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El primer año de vida de un niño constituye una etapa fundamental para su desarrollo y también un período de profundos cambios para quienes asumen su cuidado. La llegada de un bebé modifica rutinas, vínculos, tiempos y prioridades, y requiere mucho más que atender sus necesidades físicas: también implica construir un entorno afectivo, estable y seguro.

Sobre esta cuestión reflexionó Sofía Guaragna en una nueva edición de “Escuela para Padres”, el segmento que se desarrolla los martes a las 9 en Despertate, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV.

Durante la charla, Guaragna puso el foco en una premisa central: para cuidar adecuadamente a un bebé también es necesario cuidar a quien lo cuida.

La especialista destacó que la planificación parental puede favorecer mejores condiciones para la llegada de un hijo, pero advirtió que la realidad no siempre permite planificar cada aspecto. Por eso, cuando las circunstancias son diferentes a las esperadas, el desafío consiste en construir redes que permitan acompañar a la familia.

“Cuidar a quien cuida” fue, precisamente, uno de los conceptos que atravesó toda la conversación.

El primer año y la construcción del vínculo

Durante los primeros meses, el bebé depende prácticamente en todo de los adultos. No puede expresarse mediante palabras y el llanto se convierte en una de sus principales formas de comunicación.

Hambre, cansancio, necesidad de contacto o malestar pueden manifestarse de esa manera. Frente a esto, el adulto debe aprender progresivamente a interpretar esas señales y responder a ellas.

Guaragna remarcó la importancia del contacto, la voz, el olor y la presencia de las figuras de cuidado en la construcción del vínculo.

En ese proceso, el rol del padre también resulta fundamental. Aunque tradicionalmente muchas tareas de cuidado quedaron asociadas a la madre, el acompañamiento activo permite distribuir responsabilidades y generar mejores condiciones para toda la familia.

La participación puede expresarse en acciones sencillas: hacerse cargo del bebé, preparar una comida, lavar los platos, realizar las compras, ordenar la casa o simplemente permitir que la madre pueda descansar.

Una madre cuidada también puede cuidar mejor

Uno de los principales ejes planteados fue la necesidad de dejar de considerar que la responsabilidad sobre el bebé recae exclusivamente en la madre.

El cansancio acumulado, la falta de sueño, las exigencias cotidianas y el aislamiento pueden generar una sobrecarga importante. Por eso, familiares, amigos y parejas tienen un papel clave.

Guaragna propuso incluso cambiar la pregunta habitual cuando alguien visita a una familia que acaba de tener un hijo.

No preguntar solamente cómo está el bebé, sino también:

¿Cómo está la mamá?

Un gesto sencillo puede significar mucho: llevarle algo, ayudar con las tareas domésticas, cuidar al bebé durante un rato para que pueda bañarse o descansar, acompañarla a caminar o simplemente escucharla.

La idea es evitar que la persona que acaba de convertirse en madre quede relegada detrás de las necesidades del niño.

La importancia de la salud mental

La especialista también llamó la atención sobre las situaciones de angustia, irritabilidad, agotamiento o desconexión que pueden aparecer durante la crianza.

En este sentido, señaló que no se trata de buscar una maternidad o paternidad perfecta. La perfección no existe y perseguirla puede convertirse en una fuente adicional de presión.

El cansancio y las dificultades forman parte de una etapa que puede ser muy exigente. Sin embargo, cuando determinadas situaciones se vuelven persistentes o difíciles de manejar, es importante pedir ayuda y realizar una consulta profesional.

La depresión posparto y otros cuadros de ansiedad o depresión requieren atención y acompañamiento. También puede existir un agotamiento parental que se prolongue en el tiempo cuando una persona sostiene prácticamente sola todas las responsabilidades.

Guaragna habló de burnout parental, un estado de agotamiento que puede manifestarse mediante irritabilidad, ansiedad, aislamiento, falta de autocuidado y dificultades para regular las emociones.

Por eso, pedir ayuda no debe interpretarse como una señal de debilidad, sino como una forma de proteger tanto al adulto como al niño.

Menos consejos y más acompañamiento

Otro de los puntos destacados fue la forma en que familiares y personas cercanas se comunican con una madre o un padre durante esta etapa.

Guaragna cuestionó los comentarios que, aunque muchas veces se realizan con buena intención, pueden terminar generando culpa o inseguridad.

Frases relacionadas con el desorden de la casa, la manera de alimentar al bebé, el sueño, la lactancia, la ropa o la forma de criar pueden convertirse en una presión innecesaria.

La propuesta es simple: si alguien realmente quiere ayudar, que ayude.

Si una persona observa que la casa está desordenada, puede colaborar con la limpieza. Si advierte que la madre está cansada, puede ofrecerse a cuidar al bebé un rato. Si tiene dudas sobre alguna cuestión médica, lo adecuado es consultar con el pediatra y no transmitir recomendaciones sin fundamento.

La comunicación, sostuvo Guaragna, debería ser positiva, respetuosa y asertiva.

Y cuando un comentario no aporta, muchas veces la mejor opción es el silencio.

Poner límites también es cuidarse

Durante la conversación también apareció la necesidad de que las madres y padres aprendan a establecer límites.

No es obligatorio asistir a todos los eventos, responder a todas las invitaciones o cumplir con todas las expectativas familiares y sociales.

En el primer año de vida, descansar, adaptarse a las necesidades del bebé y cuidar el vínculo familiar deben tener prioridad.

Decir que no a una actividad, retirarse de un lugar cuando el bebé lo necesita o evitar situaciones que generen demasiado estrés también forma parte del autocuidado.

La pregunta, en definitiva, debería ser qué necesita esa familia en ese momento y no qué esperan los demás de ella.

Una responsabilidad que también es comunitaria

El cuidado de un bebé no debería quedar encerrado exclusivamente dentro de una casa.

Guaragna planteó que la comunidad también tiene un papel importante. Comercios, instituciones, espacios públicos y lugares de trabajo pueden generar condiciones más amigables para las familias con niños pequeños.

Un cambiador disponible tanto para hombres como para mujeres, espacios para que los niños puedan jugar o simplemente una actitud empática frente a una familia pueden cambiar significativamente una experiencia cotidiana.

La crianza también necesita una sociedad que comprenda que un bebé no es una molestia y que quienes lo acompañan atraviesan un proceso intenso.

Lactancia, descanso y ausencia de culpa

La lactancia materna fue otro de los temas abordados durante el programa.

Guaragna destacó sus beneficios, pero también remarcó la necesidad de evitar que se convierta en una fuente de culpa para aquellas madres que, por diferentes circunstancias, no pueden sostenerla.

La alimentación del bebé debe ser supervisada por profesionales de la salud, y las decisiones vinculadas a su nutrición deben tomarse con el acompañamiento del pediatra.

En paralelo, el descanso adquiere un valor central.

La conocida recomendación de dormir cuando duerme el bebé muchas veces resulta difícil de cumplir porque aparecen las tareas domésticas, las compras y otras responsabilidades. Sin embargo, el descanso de quien cuida resulta indispensable para sostener la crianza.

Una red para no atravesar la crianza en soledad

La situación puede ser todavía más exigente en familias monoparentales o cuando no existe una red de apoyo cercana.

En esos casos, aceptar ayuda puede ser determinante.

Abuelos, tíos, amigos, vecinos o instituciones pueden colaborar de distintas maneras. No necesariamente se trata de asumir la crianza, sino de compartir algunas cargas para evitar que una única persona llegue al agotamiento.

Durante la charla surgió también el caso de un joven que decidió hacerse cargo de su hijo luego de que la madre optara por no mantener contacto con el niño. El padre cuenta con la colaboración de sus propios padres.

El ejemplo permitió poner en discusión que existen múltiples configuraciones familiares y que la función de cuidado puede ser ejercida por diferentes personas.

Lo importante, en todos los casos, es que el niño tenga adultos presentes y una red capaz de sostenerlo.

“Cuidar y respetar a quien cuida”

Hacia el cierre, Guaragna sintetizó el mensaje de la charla en una idea que atravesó todo el encuentro: cuidar y respetar a quien cuida.

No se trata de idealizar la maternidad ni la paternidad. El primer año puede estar lleno de momentos de alegría, pero también de cansancio, dudas, soledad y situaciones en las que los adultos no saben qué hacer.

Por eso, ante situaciones que desbordan, la recomendación es pedir ayuda y consultar con profesionales, ya sea el pediatra o especialistas en salud mental.

El objetivo no es buscar padres perfectos, sino generar las mejores condiciones posibles para que el bebé crezca acompañado y para que quienes tienen la responsabilidad de cuidarlo no tengan que hacerlo en soledad.

Porque detrás de cada bebé que necesita cuidado, hay también una madre, un padre o un adulto que necesita ser cuidado.

Sofìa Guaragna- Escuela para Padres

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