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América para los americanos: Malvinas también es un límite a las potencias extracontinentales

Escribe para Cadena Nueve, Gustavo Tinetti*

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La cuestión Malvinas adquiere una dimensión todavía mayor si se la observa desde la perspectiva de la disputa geopolítica por América.

La idea de una “América para los americanos”, más allá de su origen histórico y de las diferentes interpretaciones que Estados Unidos le ha dado a lo largo del tiempo, vuelve a adquirir relevancia en un escenario internacional caracterizado por la competencia entre grandes potencias.

Y allí Malvinas deja de ser solamente una disputa entre la Diplomacia de Buenos Aires y Londres.

Se convierte en una pieza del tablero estratégico del continente.

Para Washington, una presencia militar británica en el Atlántico Sur puede ser una cuestión relevante. Pero también lo es, y cada vez más, la creciente presencia de China en América Latina.

Durante los últimos años se multiplicaron las inversiones, proyectos de infraestructura, actividades comerciales y vínculos tecnológicos chinos en distintos países de la región. La Patagonia argentina tampoco quedó al margen de ese proceso.

Por eso, una política argentina de afirmación soberana en el extremo sur puede producir un efecto geopolítico de enorme importancia: poner límites simultáneamente a las pretensiones británicas y a cualquier intento de convertir el territorio argentino en una plataforma de intereses estratégicos de potencias extrarregionales.

Éste puede ser uno de los puntos de encuentro más importantes entre los intereses argentinos y los estadounidenses.

Estados Unidos puede tener interés en que América permanezca dentro de una esfera de influencia predominantemente americana y occidental. La Argentina, en cambio, tiene un interés todavía más elemental: que su territorio, sus recursos y sus espacios estratégicos permanezcan bajo decisión argentina.

Ambas posiciones no son idénticas, pero pueden coincidir.

Y cuando coinciden, la Argentina debe aprovechar esa coincidencia.

Ni Londres ni Beijing: la Patagonia debe responder a la Argentina

La defensa de Malvinas no debería utilizarse para sustituir una dependencia por otra.

Sería un error histórico enfrentar la presencia británica mientras se permite que otras potencias extranjeras acumulen posiciones estratégicas en la Patagonia, el Atlántico Sur o los sectores vinculados con recursos naturales e infraestructura crítica.

La Argentina debe establecer una doctrina sencilla: ninguna potencia extranjera debe tener capacidad para condicionar decisiones estratégicas dentro del territorio nacional.

Eso vale para el Reino Unido.

Vale para China.

Vale para cualquier otra potencia.

La diferencia fundamental es que Malvinas constituye una disputa de soberanía reconocida internacionalmente, mientras que las inversiones y actividades económicas de otros países en territorio continental argentino pertenecen a una problemática diferente y deben analizarse caso por caso conforme al derecho argentino.

Pero ambas cuestiones pueden formar parte de una misma concepción de seguridad nacional: preservar la capacidad argentina de decidir sobre su propio territorio.

La Patagonia no puede convertirse en tablero ajeno

La Patagonia tiene una importancia estratégica excepcional.

Su extensión territorial, sus recursos energéticos, sus reservas minerales, sus costas, sus aguas, su proximidad a la Antártida y su ubicación frente al Atlántico Sur la convierten en uno de los grandes espacios geopolíticos del siglo XXI.

Por eso, cualquier gobierno argentino que pretenda construir una verdadera política de seguridad nacional debe preguntarse quién controla, quién invierte, quién administra infraestructura crítica, quién accede a recursos estratégicos y qué grado de dependencia puede generar cada operación.

No se trata de cerrar la Argentina al mundo.

Se trata de algo mucho más serio: abrirse al mundo sin entregar las llaves de la Nación.

La inversión extranjera puede ser bienvenida.

La cooperación internacional puede ser necesaria.

El comercio exterior es indispensable.

Pero ninguna de esas herramientas debe permitir que un Estado extranjero acumule una influencia capaz de condicionar las decisiones estratégicas de la República.

Una coincidencia estratégica con Washington

Aquí aparece nuevamente Malvinas.

Si Estados Unidos quiere evitar que potencias extracontinentales amplíen su presencia estratégica en América del Sur, y la Argentina quiere recuperar capacidad de decisión sobre el Atlántico Sur y consolidar su presencia en la Patagonia y la Antártida, existe un espacio concreto para una cooperación estratégica.

Pero esa cooperación debe partir de una premisa argentina:

la Patagonia no será estadounidense, británica, china ni de ninguna otra potencia. La Patagonia es argentina.

Y precisamente por eso la Argentina debe tener la capacidad económica, tecnológica, militar, diplomática y científica necesaria para garantizarlo.

La doctrina de seguridad nacional que necesita el país no consiste en elegir una potencia extranjera para reemplazar a otra.

Consiste en recuperar la capacidad de decidir.

El nuevo mapa del poder

La cuestión Malvinas puede ser entonces el punto de partida de una política mucho más ambiciosa.

Argentina puede decir simultáneamente:

Al Reino Unido: no aceptamos su pretensión de soberanía sobre las Malvinas.

A las potencias que buscan ampliar su presencia estratégica en la región: el territorio argentino no es una zona disponible para proyectos geopolíticos ajenos.

A Estados Unidos: estamos dispuestos a cooperar en defensa de la estabilidad y seguridad del continente, pero desde nuestra propia soberanía.

Y al resto del mundo: Argentina está abierta a comerciar e invertir, pero sus decisiones estratégicas las toma la Argentina.

Ésa debería ser la verdadera doctrina.

No aislamiento.

No subordinación.

No neutralidad ingenua.

Autonomía estratégica.

Malvinas puede convertirse así en algo mucho más importante que una reivindicación territorial: puede ser el símbolo de una Argentina que vuelve a mirar su mapa, reconoce el valor estratégico de su territorio y decide que el Atlántico Sur, la Patagonia y la Antártida no serán escenarios donde las grandes potencias hagan su juego sin considerar los intereses argentinos.

Porque si la consigna es “América para los americanos”, la consecuencia argentina debe ser todavía más clara:

Argentina para los argentinos.

Y eso significa defender Malvinas, proteger la Patagonia, controlar nuestros recursos, fortalecer nuestras fronteras, recuperar capacidades de defensa y construir una política exterior que tenga aliados, pero no dueños. Si ese es el camino sería inédito y para seguir pensando que se despertó el interés naconal.

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