
Lo que comenzó como una propuesta inspirada en el Evangelio y en el legado de San Francisco de Asís terminó convirtiéndose en una experiencia transformadora. El fraile franciscano Juan Pablo Bernaldo de Quirós, junto a otros doce integrantes de la comunidad, recorrió cerca de 3.000 kilómetros en una misión itinerante que unió el norte argentino con Bolivia, Brasil y Paraguay.
En diálogo con Cadena Nueve, Bernaldo de Quirós explicó que la iniciativa reunió a 13 franciscanos, entre frailes ya consagrados, postulantes y jóvenes en proceso de discernimiento vocacional.
“La misión nace del llamado de Jesús a salir de dos en dos, sin llevar nada, anunciando la paz. Ese es también el espíritu de San Francisco de Asís y quisimos vivirlo de esa manera”, señaló.
El camino como escuela de vida
El grupo partió desde Pichanal, en el norte salteño, donde la orden franciscana posee una casa de misión. Desde allí emprendieron el recorrido atravesando Salvador Mazza, ingresando a Bolivia por Yacuiba, continuando por Santa Cruz de la Sierra y luego hacia Brasil, con el objetivo de llegar a la tradicional Romaría de los Mártires, en el estado de Mato Grosso.
Aunque finalmente no alcanzaron el destino previsto, el fraile asegura que el verdadero sentido del viaje estuvo en todo lo vivido durante el trayecto.
“Siempre decimos que lo importante es lo que sucede en el camino. Los encuentros con la gente, la hospitalidad y las historias compartidas son lo que verdaderamente nos transforma.”
Durante el recorrido viajaban de a dos, haciendo autostop y confiando en la solidaridad de quienes se detenían para acercarlos algunos kilómetros o brindarles un lugar donde pasar la noche.
“Descubrimos que Dios camina con nosotros a través de personas de un corazón enorme. Muchos compartían lo poco que tenían y eso también nos evangelizaba.”
Evangelizar y dejarse evangelizar
Lejos de entender la misión como una predicación unilateral, Bernaldo de Quirós destacó que el aprendizaje fue mutuo.
“Nosotros compartíamos nuestra experiencia de fe, pero también éramos nosotros quienes aprendíamos de las personas que nos abrían las puertas de sus casas o simplemente nos llevaban en sus vehículos. Hay gestos de generosidad que no se olvidan nunca.”
El trabajo franciscano en el norte argentino
Actualmente, Juan Pablo reside en Aguaray, donde integra el Centro Misionero Franciscano junto a otros dos frailes y un grupo de voluntarios.
Desde allí desarrollan tareas pastorales y sociales con comunidades originarias guaraníes, chané, wichí y chorotes, acompañando proyectos vinculados a:
- merenderos comunitarios;
- alfabetización infantil;
- primeras infancias;
- acompañamiento a jóvenes con consumos problemáticos;
- fortalecimiento de los Hogares de Cristo.
“Nuestro trabajo intenta tener un oído en el Evangelio y otro en la realidad. Caminamos junto a quienes más lo necesitan.”
La recuperación desde la comunidad
Uno de los proyectos más importantes que impulsan es el trabajo con los Hogares de Cristo, donde acompañan a jóvenes con problemas de consumo.
En ese marco también pusieron en marcha la granja Yasarécoma, cuyo nombre en guaraní significa “Levantémonos”, un espacio donde quienes atraviesan procesos de recuperación trabajan con huertas, animales y actividades comunitarias.
“El objetivo es recibir la vida como viene, acompañar, escuchar y ofrecer herramientas para que cada joven pueda reconstruir su proyecto de vida.”
Un nombre con historia
Sobre el final de la entrevista, Bernaldo de Quirós confirmó además su vínculo familiar con el reconocido pintor argentino Cesáreo Bernaldo de Quirós, al señalar que el artista era tío de su abuelo.
Con sencillez, el joven fraile dejó una reflexión que resume el sentido de la experiencia vivida:
“El camino nos enseña que siempre hay personas dispuestas a tender una mano. Allí también está Dios, acompañando cada paso.”




