
Antes de la influencia de John D. Rockefeller y su imperio petrolero, la medicina era un campo vasto y diverso, donde coexistían tradiciones milenarias y prácticas curativas naturales.
Durante siglos, la humanidad se curaba mediante un mosaico de saberes que abarcaban desde la herbolaria hasta terapias holísticas, conocimientos que ahora parecen casi míticos. Sin embargo, el siglo XX vio un cambio drástico cuando los Rockefeller, a través de sus fondos y su poder económico, comenzaron a moldear el sistema médico moderno y eliminar las prácticas que, para muchos, hoy representan una alternativa eficaz y natural.
Un sistema médico transformado por el poder y el dinero
A comienzos del siglo XX, Rockefeller no solo dominaba el mercado petrolero con su empresa Standard Oil, sino que también visualizó una oportunidad única para expandir su influencia en la industria química y farmacéutica. En una época en que las medicinas naturales, basadas en hierbas y enfoques holísticos, eran populares en Estados Unidos, el magnate buscó eliminar esa competencia. Su estrategia fue clara: crear un problema, generar miedo y ofrecer una “solución” que ya había sido planificada.
En colaboración con Andrew Carnegie, otro millonario de la época, Rockefeller patrocinó el llamado Informe Flexner (1910), que sirvió de base para una completa transformación de las escuelas de medicina en los Estados Unidos.
El informe promovió la idea de centralizar y estandarizar la educación médica, poniendo énfasis en la medicina científica y química, mientras que las prácticas naturales y alternativas fueron sistemáticamente desacreditadas y eliminadas.
La creación de un sistema médico basado en medicamentos patentados fue favorecida por grandes inversiones. Rockefeller financió universidades y hospitales a través de su Fundación General Education Board (GEB), con el objetivo de reformar la medicina y eliminar enfoques que no pudieran ser controlados ni patentados. En este nuevo panorama, la medicina pasó a ser un negocio de “curar síntomas”, sin un enfoque real en la prevención o en las causas profundas de las enfermedades.
En poco tiempo, las facultades de medicina de los EE. UU. se homogeneizaron, y los médicos comenzaron a ser formados bajo un solo paradigma: usar fármacos creados en laboratorios. La visión de la medicina se redujo a una pastilla para cada enfermedad, lo que contribuyó al auge de la industria farmacéutica, pero también al desapego de los conocimientos ancestrales que, durante siglos, habían sido fundamentales para la salud humana.
El legado de los Rockefeller: Un sistema médico que se olvida de la salud holística
Hoy, más de un siglo después, el sistema de salud sigue funcionando bajo estos principios, y la medicina natural o alternativa es a menudo vista con escepticismo o incluso ridiculizada. La falta de educación en nutrición, herbolaria o medicina holística entre los profesionales médicos es una muestra de cómo el legado de Rockefeller ha transformado el enfoque sanitario, dejando a un lado una rica tradición de sabiduría ancestral.
La revolución que Rockefeller impulsó ha llevado a un modelo que, aunque avanzado en muchos aspectos, sigue teniendo deficiencias en cuanto a la prevención, el bienestar integral y la atención personalizada. El sistema actual, basado en el tratamiento de enfermedades y no en la promoción de la salud, está profundamente influenciado por intereses económicos que no siempre ponen en primer lugar el bienestar humano.
En la actualidad, las corporaciones continúan dominando el sector de la salud, lo que genera un cuestionamiento: ¿realmente hemos avanzado en términos de salud, o simplemente hemos sido atrapados en un sistema que prioriza el lucro por encima de la curación y el cuidado integral de las personas?


