viernes, diciembre 2, 2022
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La “Guerra a la inflación” se redujo a “batalla”

Lo señala el Movimiento Socialista de los Trabajadores de Nueve de Julio preguntándose si se trata de una conciliación con los especuladores

Currency War stock illustration

A través de un mensaje que firma su máximo referente, Darío Lanieri, del Movimiento Socialista de los Trabajadores, que está alineado en el Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad, hizo referencia al anuncio del viernes pasado a la noche del presidente Alberto Fernández, sobre el tema inflación.

Como se había anunciado a principios de ese día, el presidente habló.

Por medio de una cadena nacional Alberto Fernández declaró la tan agitada “Guerra a la inflación”, ahora reducida a “batalla”.

El nuevo acuerdo que legalizó la estafa macrista, motivo de festejo para el presidente y el eje rector de su política económica. De medidas concretas, nada.

Otra vez la cantaleta de pedirle responsabilidad a los empresarios y compromiso a “todas las partes”.

Más que guerra, la cadena es la continuidad de la paz con los formadores de precios que no han parado de ganar en los últimos años.

El eje de los 20 minutos en los que habló Alberto Fernández en cadena nacional, tuvo como centro el acuerdo con el FMI.

Fueron todas calificaciones positivas las que el mandatario tuvo para con la legalización de la estafa macrista que ahorca la soberanía nacional.

Contrariamente a los halagos que tuvo la política de endeudamiento sellada en el Congreso, donde se rescató que la mayoría del régimen político haya apoyado y cumplido con la “responsabilidad democrática”, la “guerra a la inflación” careció de medidas concretas.

 

Lo único que Alberto pronunció como nueva iniciativa fue un “fondo de estabilidad” que, como al resto de las supuestas medidas que va a anunciar el gobierno, serán explicadas y anunciadas a partir de mañana por los ministros. Sí hizo énfasis en una línea política que ya es repetida hasta el cansancio por la coalición del Frente de Todos. Se convocó a una nueva mesa de acuerdo con empresarios industriales, productores agrarios, dirigentes sindicales y de la economía popular para realizar un nuevo pacto. Si la experiencia histórica nos permite adelantar algo, nuevamente esa mesa constituirá una estafa como lo vienen siendo los “pactos sociales” predecesores.

Otro punto a resaltar, fue la forma en la que se excusó el gobierno ante la nueva situación mundial. Lejos de asumir responsabilidades por no afectar a los formadores de precios y especuladores, posición que arrojó como resultado en febrero una inflación del 4,7%, el presidente se desentendió acudiendo a la excusa de la guerra. El conflicto bélico desatado tras la invasión de Rusia a Ucrania, para Alberto, es un elemento que desestabilizó el mercado internacional y él nada puede hacer.

La aplicación de la Ley de Abastecimiento apenas formó parte de un agite en el discurso del presidente, dando a entender que puede llegar a ser que, en caso necesario, se aplique. El síndrome Vicentín adelanta que ese “caso necesario” nunca va a llegar.

Una verdadera guerra a la inflación

En este portal ya lo hemos sostenido hace tiempo, ninguna postura con medias tintas va a resolver tamaño problema en el que se encuentra la economía de los trabajadores. Es necesario avanzar con políticas estructurales que afecten a los principales responsables de la situación, los empresarios y especuladores de este país.

Todo este tiempo la postura permeable a las peticiones patronales por parte del gobierno es lo que ha dado vía libre a la remarcación de precios. Sumado a esto, el nuevo acuerdo de Facilidades Extendidas que se concretará en unos días y tan defendido es por el presidente y el régimen en su conjunto, pronostica niveles de inflación altos para este y los años venideros. Las proyecciones que el Fondo y Guzmán elaboraron sobre este fenómeno no constituyen una evaluación en sí misma, si no la reafirmación de la inflación como una herramienta para ajustar los ingresos de los trabajadores y partidas presupuestarias claves (salud, educación y asistencia social).

Una verdadera guerra, en donde uno se posicione en la trinchera contra los que socavan los derechos de las mayorías de manera permanente, requiere medidas como las que sostenemos desde el MST en el FIT-U. Resolver la deuda interna en un país con más del 40% de pobreza, más de 4 años de pérdida salarial y las demás calamidades sociales que encarnamos a diario en nuestras vidas, requiere de decisión política. El proyecto comandado por Alberto Fernández no va más allá de lo “posible” según las “relaciones de fuerzas dadas”, traducido no significa más que velar por las ganancias de todo el empresariado que se ha visto beneficiado a caudales en los últimos años.

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