jueves, octubre 28, 2021

Los seguidores del boxeo siguen recordando a José María ‘Mono’ Gatica

Falleció el 12 de noviembre de 1963 y su historia se convirtió en leyenda popular desde los peso ligero

De sonrisa fácil, con 96 peleas y 86 ganas, José María ‘Mono’ Gatica fue un boxeador muy popular en argentina. Su deceso, ocurrió el 12 de noviembre de 1963. A 57 años de aquel episodio los entusiastas del pugilato, lo siguen recordando. Es que pocos boxeadores alcanzaron 72 triunfos por nocaut.

Su frase ‘Dos potencias se saludan’ cuando le estrechó la mano a Juan Domingo Perón, se la repide con frecuencia. Mostró su creatividad, fuera del cuadrilátero, como lo hacía en combate con los puños.

Es que había nacido un 25 de Mayo, en Villa Mercedes. Fue en el año 1925, y siempre se señaló que su muerte fue prematura. En 38 años escribió una página en el boxeo imborrable; y quienes visitan su ciudad natal, los puntanos – como se les suele decir a los habitantes de San Luis – alguna anécdota recuerdan como fomento al turismo si bien solo vivió 7 años, pero sus restos descansan en el cementerio de esa ciudad.

Hijo de una familia muy pobre. En busca de un mejor vivir, se traslado a Avellaneda y José maría, comenzó a trabajar lustrando botas y zapatos en Constitución.

Desde temprana edad debió defender su espacio en la calle para el trabajo, y la habilidad adquirida en las peleas callejeras para mantener su puesto en la estación de trenes atrajeron la atención de un comerciante,llamado Lázaro Koczi, que tenía vínculos con el boxeo.

Ese hombre le ofreció participar por dinero en los combates irregulares que se celebraban en The Sailor’s Home – La Casa del Marinero –, alojamiento para marineros sin trabajo de la misión británica, donde se apostaba en breves combates a tres rounds.

Tras unos cuantos combates exitosos, Koczi le propuso dedicarse al boxeo profesional. Hasta ese momento, Gatica había compaginado el ring con su puesto de lustrabotas en Constitución.

El 7 de diciembre de 1945 tuvo su primer combate profesional, en el que noqueó en el primer asalto a Leopoldo Mayorano. Ganó dos peleas más en ese mes, un ritmo casi sin precedentes. Ya con algo de fama, en 1946 haría siete combates, ganándolos todos; en uno de ellos se enfrentó con quien sería su archirrival, Alfredo Prada, con el que se encontrarían cinco veces más en el ring, con resultados igualmente divididos,​ y quitándose mutuamente el invicto.

José María Gatica (izquierda) enfrentando a Luis Federico Thompson (1927-2010) en 1952.

El perfil popular y el indudable carisma de Gatica, un boxeador agresivo y ambicioso, espectacular sobre el ring, atrajeron la atención del público.

Se granjeó el aprecio de los asistentes a la tribuna popular, que lo apodaron el Tigre por la furia que mostraba en el combate.

Sin embargo, los aficionados de la platea, lo apodaron el ‘Mono’ por algunas de sus facciones y falta de estilo.

El entonces presidente Juan Domingo Perón le había mostrado aprecio; en una ocasión en que pidió que se lo presentasen, Gatica, con desparpajo, lo saludó con una frase que se haría famosa: General, dos potencias se saludan.

​Perón, aficionado al boxeo, apoyó el primer y único viaje de Gatica a los Estados Unidos en busca de un título mundial; la gira comenzó con éxito, derrotando por nocaut en el cuarto asalto a Terence Young.

Gracias a ello, el campeón mundial de la categoría, Ike Williams, le ofreció un combate sin poner en juego el título en el Madison Square Garden de Nueva York.

El combate, celebrado en 1951, se resolvió muy rápidamente con un encadenamiento de golpes de Williams, que terminaría con un nocaut técnico después de que Gatica haya caído tres veces a la lona en el primer asalto, Ike aprovechó el exceso de confianza del boxeador argentino.

Regresó a la Argentina y el 16 de septiembre de 1953 se encontró por sexta vez a Alfredo Prada, a quien había derrotado ya en tres oportunidades; en el primer round, un cabezazo de su adversario le fracturó el maxilar inferior, pero Gatica rechazó la ayuda médica y siguió combatiendo cuatro asaltos más, hasta que el médico declaró el KOT (nocaut técnico) en el quinto asalto. Sería la última pelea importante de Gatica, que abandonó el boxeo dos años más tarde.

En 1955, la Revolución Libertadora le quitó la licencia y lo obligó a pelear clandestinamente en el Gran Buenos Aires y en el interior del país, siempre a estadio lleno.

Sin rédito alguno de las ganancias obtenidas, y al estar prohibido, dejó de tener ingresos y trabajo. Gatica volvió a la pobreza de su infancia; vivió en una villa miseria ubicada en la localidad de Villa Dominico, con su segunda mujer y los dos hijos del matrimonio, trabajando irregularmente y dependiendo en buena medida de la beneficencia.

Conocedor de esta situación, un martillero  – Mario De Noia – de Buenos Aires, le regalo una quinta  para que viviera él con su familia, hecho documentado por el antiguo Canal 7.

En alguna ocasión su antigua fama le granjeó trabajo, como en un encuentro de catch organizado por la troupe de Martín Karadagián – Titanes en el ring -, en que el Gatica fingió una derrota con Karadagián, no sin recibir un fuerte castigo por parte del cácher que ―enojado ― le provocó una lesión en el tobillo de la que Gatica no se recuperaría totalmente.

A fines de los años cincuenta atrajo brevemente la atención del público cuando sus escasos bienes se perdieron en una inundación.

Convertido en vendedor ambulante, el 12 de noviembre de 1963, a los 38 años, tras regresar del estadio de Independiente donde había ido a vender ​muñequitos de colores,  en la calle Herrera esquina Pedro de Luján fue arrollado por un colectivo de la línea 295 conducido por Antonio Cirigliano, al caer debajo de las ruedas, en el intento de subirlo en movimiento.

Ese aplastamiento le provocó lesiones que le ocasionaron la muerte en el Hospital Rawson de la Ciudad de Buenos Aires.

Su funeral se realizó en la sede de la Federación Argentina de Box, sita en la avenida Castro Barros de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde allí, el cortejo fúnebre se dirigió hacia el cementerio de la Ciudad de Avellaneda, donde Gatica,fue finalmente sepultado.

Su vida y su legado en el boxeo inspiró la película Gatica, el Mono del cineasta y cantautor argentino Leonardo Favio.

Después de cincuenta años de permanecer sepultado en el cementerio de Avellaneda, el 24 de mayo de 2013 sus restos fueron trasladados y depositados en un monumento erigido en Villa Mercedes, su ciudad natal.

Como reconocimiento al púgil, el féretro fue colocado en posición vertical.

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