El Papa Francisco

Un compatriota se ha convertido en el líder espiritual de 1.200 millones de almas en el mundo y será por mucho tiempo una de las figuras más destacadas del universo. Es un momento único, necesariamente irrepetible. El papa Francisco no será, además, un pontífice más en la historia de la Iglesia. Honesto sin fisuras y sobrio sin concesiones, ha llegado a Roma para abrir las ventanas del Vaticano y emprender una lucha intransigente contra la corrupción y el pecado dentro de la propia Iglesia. Uno de los capitales más importantes de la Iglesia es su autoridad moral.

El papa Bergoglio será en adelante una referencia permanente para una inmensa mayoría de los ciudadanos de su país. El Pontífice ayudó inesperadamente a los argentinos a recuperar la autoestima nacional, perdida por un país que dio durante décadas malas noticias al mundo. Salvo en el momento inicial de la democracia, en 1983, antes y después sólo se habló de una nación cruel, donde la muerte era más importante que la vida. De un país de violaciones, de hiperinflaciones, de pobreza y de un devastador sufrimiento social.

Es un papa distinto, mucho más moderno y cercano que lo que podría indicar sus 76 años.

Fue peronista toda la vida. Eso explica su defensa de la militancia de base en las villas, contra el paco y la pobreza. Austeridad franciscana, humildad, dialoguista y un cruzado contra la corrupción.

El Papa Francisco, quien se dirigió a los miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro en la lengua de sus padres, Mario y Regina, el italiano: “el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo, pero ya estamos aquí”.

Para el mundo es el primer papa latinoamericano, también el primer jesuita. Para el país, la investidura albina difícilmente logre ocultar una historia rica en actividades pastorales, políticas y sociales.

Bergoglio es el argentino que más alto llegó en la historia. Tocó el cielo con las manos.

*Presidente Agrupación Militancia Peronista

Papa Francisco