La historia de Martina tiene un final de tratamiento que merece convertirse en una celebración colectiva. Después de dos años de enfrentar la leucemia, la niña de cinco años llegó al día tan esperado por su familia: este lunes tendrá lugar el cierre de su tratamiento en La Plata, donde tocará la campana para marcar el final de esta etapa de su vida.
Para compartir la alegría y agradecer el apoyo recibido durante todo este tiempo, su mamá, Natalia Illariaga, contó en ‘Despertate’ por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV que convoca a vecinos y vecinas de Nueve de Julio a reunirse este martes 20, a las 18.30, en Plaza Belgrano, a la altura del mástil. La propuesta es sencilla y cargada de emoción: hacer sonar las bocinas, acercar alguna golosina, llevar globos amarillos y participar de una suelta de globos para celebrar la vida.
La iniciativa busca transformar en un encuentro comunitario el alivio y la felicidad de una familia que atravesó meses de incertidumbre, tratamientos y viajes, sostenida por el acompañamiento de familiares, instituciones y vecinos.
Un diagnóstico que cambió la vida de la familia
Todo comenzó hace dos años, cuando Martina empezó a manifestar dolores en el cuerpo. Ante la preocupación por su estado de salud, su mamá la llevó a una consulta médica y, tras la evaluación inicial, a la guardia en el hospital Julio de Vedia de Nueve de Julio.
Allí, la pediatra Marina Casas dispuso la realización de estudios de urgencia. Los resultados revelaron el diagnóstico de leucemia y fue necesario trasladar a Martina a La Plata, al hospital de niños, para comenzar el tratamiento especializado.
Desde ese momento, la vida familiar quedó atravesada por una nueva rutina, con controles médicos, internaciones, medicación y sesiones de quimioterapia.
Natalia recordó que el comienzo fue especialmente difícil. La enfermedad implicó un desafío enorme para Martina, que debió afrontar distintos procedimientos y tratamientos a pesar de su corta edad.
Durante este recorrido recibió quimioterapia inyectable, por vía intravenosa y por vía oral, además de una medicación que debía tomar de manera sostenida. La última quimioterapia por boca llegó el día previo al cierre del tratamiento, un paso decisivo hacia el momento que tanto esperaban.
Dos años de tratamiento y una infancia atravesada por cuidados especiales
Martina tenía apenas tres años cuando la enfermedad obligó a interrumpir parte de su vida cotidiana. Había comenzado el jardín de infantes, pero en octubre debió dejar de asistir por su situación de salud.
Durante el tratamiento, las jornadas hospitalarias podían extenderse desde las primeras horas de la mañana hasta la tarde. A eso se sumaban los traslados y las precauciones necesarias para protegerla, especialmente cuando sus defensas estaban bajas.
En el hogar, toda la familia tuvo que adaptarse a una serie de cuidados. Los hermanos continuaron con sus actividades habituales, pero debían respetar protocolos para evitar que Martina se expusiera a infecciones.
El uso de barbijo cuando alguno presentaba síntomas de resfrío, la higiene y la separación de determinados objetos formaron parte de una rutina que exigía atención permanente.
Natalia tiene otros tres hijos, además de Martina: una niña de 12 años, otra de 10 y un pequeño de cuatro. Durante parte del proceso, los hermanos permanecieron en Nueve de Julio junto a su papá, mientras Natalia acompañaba a Martina en sus consultas y tratamientos.
La enfermedad modificó la dinámica familiar y demandó un esfuerzo cotidiano que hoy encuentra un momento de alivio con la finalización del tratamiento.
En medio de las dificultades, Natalia destacó el apoyo recibido de la comunidad y de distintas instituciones de la ciudad. Además, destacó lo que hizo la Municipalidad.
Uno de los aspectos más importantes fue la posibilidad de contar con traslados en remis hacia La Plata. Debido a las bajas defensas de Martina, viajar en colectivo representaba un riesgo, por lo que era necesario disponer de un medio de transporte que permitiera reducir la exposición a posibles infecciones; y ahí estuvo la comuna con un período con el pago de los viajes.
También destacó el acompañamiento del Jardín de Infantes N.º 901, institución a la que concurría Martina. Según contó su mamá, desde el comienzo estuvieron pendientes de su evolución, llamando para preguntar por ella y brindando contención a la familia.
A esa ayuda se sumaron vecinos, personas que colaboraron con rifas, donaciones y distintas iniciativas solidarias, además de quienes estuvieron presentes durante los momentos más difíciles.
“Nueve de Julio conmigo se portó re bien”, expresó Natalia al agradecer la respuesta de la comunidad. También tuvo palabras de reconocimiento para quienes acompañaron la historia desde sus comienzos y ayudaron de diferentes maneras, tal el caso de Cadena Nueve.
El cierre del tratamiento representa mucho más que la última dosis de medicación. Para Martina y su familia significa llegar a una fecha que durante mucho tiempo parecía lejana.
“Es una emoción grande porque no llegábamos, no veíamos el día del fin de su tratamiento”, expresó Natalia, quien resumió el sentimiento familiar con una frase cargada de alivio: gracias a Dios, hoy pueden decir que el tratamiento terminó.
La niña concurrirá al hospital de La Plata para realizarse los estudios correspondientes y completar esta instancia. Allí, junto a su papá, tocará la campana que simboliza el final del tratamiento.
Ese gesto, cargado de significado para quienes transitan una enfermedad oncológica, será el punto culminante de dos años de esfuerzo, cuidados y esperanza.
Una invitación a celebrar la vida
La convocatoria de este lunes busca compartir esa alegría con toda la comunidad.
El encuentro será a las 18.30 en Plaza Belgrano, a la altura del mástil. La propuesta incluye un bocinazo, la posibilidad de acercar alguna golosina para Martina y una suelta de globos amarillos, color asociado a la concientización sobre la leucemia.
La familia invita a participar a todas las personas que quieran acompañar este momento especial y sumarse a una celebración que también será una forma de agradecer.
No se trata solamente de festejar el final de un tratamiento. Es reconocer el camino recorrido, el esfuerzo de Martina, la fortaleza de su familia y la solidaridad de una ciudad que encontró distintas maneras de estar presente.
Después de dos años de lucha, los viajes, los estudios y los cuidados cotidianos empiezan a dar paso a una nueva etapa.
Este martes 20, en Plaza Belgrano, Nueve de Julio tendrá la oportunidad de reunirse alrededor de una historia que habla de esperanza, acompañamiento y gratitud.
Porque algunas campanas anuncian mucho más que un final: anuncian la posibilidad de volver a mirar hacia adelante y, sobre todo, celebrar la vida.




