El director del INTA Nueve de Julio, el ingeniero Lisandro Torrens, realizó un amplio análisis de la actualidad agropecuaria de la región y puso el foco en los efectos del exceso de agua, las condiciones climáticas adversas y las dificultades de infraestructura que atraviesan los productores. En una entrevista en ‘Despertate‘, por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, también destacó el trabajo de investigación y experimentación que desarrolla la institución, el acompañamiento del sector privado y la importancia de avanzar en una planificación a largo plazo para dar respuestas a los problemas estructurales del distrito.
El INTA continúa trabajando y generando información para los productores
Torrens explicó que, pese a las dificultades presupuestarias y los conflictos que atraviesa la institución, el equipo local continúa desarrollando sus actividades habituales, con el acompañamiento de empresas, instituciones y productores de Nueve de Julio.
En ese sentido, señaló que ya se realizaron todos los ensayos de maíz correspondientes a la campaña y que se encuentran en seguimiento y evaluación los ensayos de cultivos de fina, particularmente en los establecimientos donde se llevan adelante experiencias con variedades y fechas de siembra.
“Seguimos trabajando de la misma manera que lo venimos haciendo hace años, generando información para que la pueda aprovechar el productor”, sostuvo el director, al destacar el compromiso del equipo técnico y la colaboración de los actores locales.
Asimismo, remarcó la importancia de sostener el vínculo entre el sector público y el privado para desarrollar investigaciones a campo y obtener resultados que puedan trasladarse directamente a la actividad productiva.
Jornada experimental de trigo y cebada
Como parte de ese trabajo, el INTA y la empresa Tribus realizarán el miércoles 28 una jornada experimental destinada a productores, técnicos y personas vinculadas con la actividad agropecuaria.
Durante la actividad se presentarán ensayos de variedades de trigo realizados tanto en el campo experimental de Tribus como en el establecimiento de Osvaldo Masachesi. Las experiencias contemplan distintas variedades comerciales y tres fechas de siembra, con el objetivo de observar su comportamiento y aportar información útil para la toma de decisiones.
También se mostrarán ensayos de variedades de cebada vinculados con la red nacional de evaluación de este cultivo, además de otras experiencias desarrolladas en el campo experimental.
La jornada comenzará a las 9 y tendrá lugar en el establecimiento de Trybus, sobre la Ruta Nacional 65, en las inmediaciones del puente de la Ruta Nacional 5, sobre la mano derecha.
La participación será libre y gratuita.
Torrens invitó a productores y asesores técnicos a acercarse, aun en medio de las exigencias propias de la siembra y de las dificultades que impone el clima. “Si esa información queda en la agencia, no sirve”, expresó al explicar que la finalidad es compartir los resultados directamente en el campo, donde los asistentes pueden observar cómo se realizan los ensayos y evaluar su utilidad.

Los cultivos de fina comenzaron a recuperarse, pero las condiciones siguen siendo difíciles
Al referirse al estado de los cultivos, Torrens describió un panorama condicionado por las bajas temperaturas y la escasa radiación solar registrada durante buena parte de la campaña de fina.
Según explicó, en recorridas realizadas semanalmente, los técnicos habían observado trigos con un desarrollo más lento de lo esperado. El fenómeno estuvo asociado a las temperaturas bajas y a la falta de radiación, un factor fundamental para el crecimiento de los cultivos.
El director consideró que el período podría haber registrado uno de los niveles de radiación más bajos para una campaña de fina, aunque aclaró que esa apreciación deberá ser evaluada con los datos correspondientes.
Sin embargo, durante la semana previa a la entrevista comenzaron a observar una recuperación de los lotes. Si bien las condiciones todavía no eran las ideales, la evolución de los cultivos mostraba señales alentadoras.
El panorama meteorológico continuaba siendo inestable, con pronósticos de precipitaciones a partir del miércoles y durante los días siguientes. Frente a esta situación, Torrens consideró que los productores y los equipos de trabajo deberán adaptarse a períodos cortos de condiciones favorables para realizar las tareas a campo.
“Vamos a tener tres o cuatro días para trabajar y después vamos a volver a tener tres o cuatro días de inestabilidad”, explicó, al señalar que la organización de la logística será fundamental para aprovechar cada ventana de buen tiempo.
El maíz, afectado por demoras en la emergencia y pérdida de superficie
La situación del maíz también refleja las consecuencias del escenario climático. Torrens indicó que se registraron lotes cuya emergencia se produjo entre los tres y los quince días posteriores a la siembra, cuando lo habitual es que el proceso ocurra aproximadamente entre los siete y los diez días.
Además de las demoras, algunos cultivos emergieron con una coloración muy pálida o clorótica, producto de las condiciones de baja luminosidad.
El ingeniero explicó que, durante las primeras etapas de desarrollo, el maíz necesita luz para realizar la fotosíntesis y generar la clorofila que le proporciona su color verde característico. Cuando la radiación es insuficiente, el crecimiento inicial se ve condicionado y las plantas pueden presentar una coloración menos intensa.
A esto se suman los problemas de encharcamiento que afectan a numerosos lotes.
De acuerdo con la evaluación realizada por el INTA, en algunos establecimientos se habría perdido entre un 5 y un 8% de la superficie sembrada con maíz. Torrens advirtió que varios lotes correspondientes a las siembras realizadas entre el 20 y el 25 de septiembre quedaron afectados por el exceso de agua.
Aunque los cultivos lograron emerger en muchos casos, una proporción importante de la superficie presenta sectores anegados, con consecuencias sobre la implantación y el desarrollo inicial.
Exceso de agua y napas cercanas a la superficie
Uno de los puntos centrales del análisis fue la situación hídrica que atraviesa Nueve de Julio y buena parte de la región.
Torrens explicó que el problema no depende únicamente de las precipitaciones recientes, sino también de la elevada presencia de agua en el perfil del suelo y de la cercanía de las napas freáticas a la superficie.
Como ejemplo, mencionó mediciones realizadas en la zona de Cambaceres, donde la napa se encontraba aproximadamente a 75 centímetros de profundidad. También señaló registros de entre 80 centímetros y un metro en otros sectores, mientras que en la zona de Carlos Tejedor se había observado una medición cercana a los 70 centímetros.
Esta situación provoca que los suelos estén saturados y tengan una capacidad muy limitada para recibir nuevas precipitaciones.
“Hoy el suelo está saturado, no puede almacenar más agua de la que tiene”, explicó.
En esas condiciones, el agua que cae sobre las partes más elevadas del terreno escurre hacia los sectores bajos, mientras que otra parte permanece en superficie o se acumula en los lotes. El resultado son encharcamientos, anegamientos y dificultades para desarrollar las tareas agrícolas y ganaderas.
El director también aclaró que los fenómenos registrados en la Mesopotamia no serían, a su criterio, la causa directa de la situación local. Para la región bonaerense, el factor determinante es la combinación de las lluvias, las napas altas y la saturación de los suelos.
Una problemática que afecta a toda la región
La situación excede los límites de Nueve de Julio. Durante la entrevista, Torrens mencionó que distritos vecinos, como Carlos Casares, Bragado, Pehuajó y Los Toldos, también atraviesan dificultades vinculadas con el exceso de agua, aunque con diferencias según las condiciones particulares de cada zona.
En relación con Carlos Casares, señaló que se manejaban estimaciones de entre 40.000 y 50.000 hectáreas afectadas por el agua. Aclaró que las imágenes satelitales permiten identificar sectores inundados, pero no siempre detectan las áreas con encharcamientos cubiertos por vegetación.
Por ese motivo, la superficie realmente comprometida puede ser superior a la que se observa mediante imágenes.
Para Nueve de Julio, el director consideró que la extensión afectada sería importante y sostuvo que, a partir de las últimas lluvias, el escenario volvió a ser similar al registrado durante el mismo período del año anterior.
En ese contexto, estimó que no sería posible sembrar una superficie de cultivos de fina superior a la del año pasado, aunque la magnitud definitiva dependerá de la evolución de las condiciones climáticas y del estado de los lotes.
Caminos rurales: planificación, obras y trabajo conjunto
La emergencia hídrica también vuelve a poner en primer plano el estado de los caminos rurales, fundamentales para la circulación de la producción, el acceso a los establecimientos y la conexión con escuelas, centros de salud y localidades.
Torrens destacó la importancia de avanzar en una planificación de largo plazo para evitar que los problemas se repitan con la misma intensidad ante futuras inundaciones.
En ese marco, valoró la iniciativa municipal de conformar una comisión o consorcio vial que permita coordinar acciones y establecer un programa de trabajo sostenido. Según explicó, la propuesta todavía debía completar instancias formales, entre ellas la elaboración del acta correspondiente y su aprobación por el Concejo Deliberante.
Para el director del INTA, el principal valor de esta iniciativa es que apunta a construir una política que trascienda las gestiones de turno.
“Eso tiene que ser un planteo que, de acá a 20 años, queremos estar así”, expresó, al insistir en la necesidad de establecer objetivos consensuados y sostenerlos en el tiempo.
También señaló que la planificación debe contemplar tanto las obras estructurales como las emergencias que puedan surgir durante su ejecución. La conectividad rural, sostuvo, no puede quedar relegada mientras se desarrollan los trabajos de mayor alcance.
La importancia de ordenar los canales y mejorar el escurrimiento
Otro aspecto relevante es la regularización de los canales existentes y la evaluación de nuevas obras de drenaje.
Torrens explicó que el INTA ha realizado aportes en los espacios de trabajo convocados por el municipio, principalmente desde el conocimiento de los suelos, las características de las distintas zonas y el comportamiento del agua en el territorio.
No obstante, aclaró que las definiciones técnicas específicas en materia hidráulica deben contar con la intervención de los organismos competentes.
El director convocó a los productores a acercarse al municipio y a la comisión correspondiente para consultar los procedimientos necesarios para regularizar los canales que atraviesan sus campos o sectores rurales.
Advirtió que no todas las canalizaciones podrán ser legalizadas. Cada caso deberá evaluarse para determinar si la obra está correctamente realizada y si cumple una función beneficiosa para el conjunto del distrito. Aquellos canales que no reúnan las condiciones necesarias podrían requerir otras medidas, incluida su clausura.
La finalidad, remarcó, es que las intervenciones contribuyan a una solución integral y no trasladen el problema de un campo a otro.
Caminos más altos que los campos y la necesidad de conseguir tierra
Torrens también se refirió a las dificultades para recuperar los caminos rurales, muchos de los cuales se encuentran actualmente a una altura inferior a la de los campos linderos.
Explicó que, en numerosos sectores, los caminos funcionan prácticamente como canales, porque el agua que escurre desde los lotes termina acumulándose sobre ellos.
Por eso, consideró que antes de avanzar con el levantamiento de los caminos es necesario ordenar el escurrimiento del agua, limpiar los canales existentes, evaluar nuevas obras y mejorar el alcantarillado.
El aporte de tierra para elevar los caminos representa otro desafío. En algunos casos, productores rurales ya colaboraron cediendo material de sus establecimientos para rellenar tramos que necesitaban ser recuperados.
El ingeniero consideró que este tipo de acciones demuestra la importancia de la participación de todos los sectores, aunque reconoció que será necesario analizar distintas alternativas para conseguir la tierra que demandarán las obras.
Además, señaló que el deterioro de algunos caminos responde a procesos acumulados durante años, entre ellos la erosión provocada por el viento y el tránsito de vehículos. Su recuperación, por lo tanto, requiere inversiones importantes y no puede resolverse de manera inmediata.
El impacto de los caminos en la producción y el arraigo rural
Las consecuencias del mal estado de los caminos no se limitan al transporte de granos o al movimiento de maquinaria. También afectan la vida cotidiana de las familias rurales y el funcionamiento de las actividades que requieren presencia permanente en los establecimientos.
Torrens destacó especialmente la importancia de garantizar la circulación para que los trabajadores puedan trasladarse, sus hijos concurran a la escuela y las familias mantengan el acceso a los servicios de salud y a las localidades.
En el caso de la ganadería, señaló que la actividad requiere mano de obra presente en los campos y un seguimiento cotidiano. Las dificultades para entrar y salir de los establecimientos pueden complicar la organización del trabajo y desalentar la radicación de personal en el medio rural.
Una situación similar se presenta en actividades como la lechería, que necesitan atención durante todo el año.
De esta manera, la infraestructura vial se convierte en un componente central no solo para la producción, sino también para el arraigo, la calidad de vida y la continuidad de las actividades agropecuarias.
Un desafío que requiere consenso y continuidad
Hacia el cierre de la entrevista, Torrens destacó la decisión del municipio y de las instituciones vinculadas con el agro de avanzar en la búsqueda de soluciones concretas para el problema de los caminos.
Valoró que las entidades no se limiten a señalar las dificultades, sino que participen activamente en la elaboración de propuestas y en la búsqueda de alternativas.
Al mismo tiempo, subrayó que el proceso debe contar con el compromiso de los productores, las instituciones, las autoridades y la sociedad en general.
El director insistió en que será necesario definir prioridades, establecer costos, organizar las obras y prever mecanismos para atender las emergencias que se presenten mientras se ejecuta el plan.
La situación hídrica actual representa un desafío inmediato, pero también una oportunidad para abordar problemas estructurales que llevan décadas sin una solución definitiva.
En ese escenario, el INTA busca continuar aportando información técnica y conocimiento territorial, tanto para mejorar las decisiones productivas como para contribuir al análisis de las obras necesarias.
“De esto se sale entre todos”, fue el mensaje que sintetizó el espíritu de la entrevista: sostener el trabajo conjunto, aprovechar el conocimiento disponible y avanzar con una planificación que permita reducir la vulnerabilidad de la región frente a futuras inundaciones.
Mientras tanto, el organismo continuará con sus ensayos y actividades de extensión, con el objetivo de que la información generada llegue efectivamente al productor. La jornada experimental del miércoles 28 será una nueva oportunidad para compartir ese trabajo a campo y fortalecer el vínculo entre la investigación, las empresas y quienes desarrollan diariamente la actividad agropecuaria.



