
Cada 16 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una jornada establecida por las Naciones Unidas para generar conciencia sobre la importancia de este componente de la atmósfera y sobre la necesidad de sostener las medidas destinadas a evitar su deterioro.
La fecha recuerda además un acontecimiento clave para la protección ambiental: el 16 de septiembre de 1987, cuando fue adoptado el Protocolo de Montreal, acuerdo internacional destinado a reducir y eliminar progresivamente las sustancias que destruyen la capa de ozono.
Casi cuatro décadas después, los resultados muestran que la cooperación internacional y las políticas basadas en evidencia científica pueden producir cambios concretos. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), si se mantienen las políticas vigentes, la capa de ozono podría recuperar hacia mediados de siglo los valores registrados en 1980 en buena parte del planeta.
Una protección invisible pero fundamental
La capa de ozono se encuentra principalmente en la estratosfera, aproximadamente entre los 15 y 35 kilómetros de altura. Allí se concentra una parte del ozono atmosférico que cumple una función esencial: absorber gran parte de la radiación ultravioleta perjudicial proveniente del Sol.
Su debilitamiento implica una mayor exposición a radiación UV, con consecuencias sobre la salud humana y los ecosistemas. La exposición excesiva a radiación ultravioleta puede aumentar el riesgo de cáncer de piel, cataratas y otros efectos sobre la salud, además de afectar plantas, organismos marinos y diferentes procesos naturales.
Durante las décadas de 1970 y 1980, la comunidad científica identificó que determinadas sustancias utilizadas en actividades industriales y productos de uso cotidiano podían alcanzar la estratosfera y participar en procesos químicos que destruyen el ozono.
Entre ellas se encontraban los clorofluorocarbonos (CFC), empleados históricamente en sistemas de refrigeración, aerosoles y fabricación de espumas.
El Protocolo de Montreal, una respuesta internacional
La preocupación científica derivó en una respuesta política sin precedentes. En 1985 se adoptó el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono y, dos años después, el Protocolo de Montreal estableció compromisos concretos para controlar las sustancias que agotan el ozono.
La Argentina incorporó el Protocolo de Montreal a su legislación mediante la Ley 23.778, sancionada en 1990. Posteriormente, el país aprobó distintas enmiendas destinadas a profundizar los compromisos internacionales. (Argentina.gob.ar)
El acuerdo internacional permitió avanzar en la eliminación progresiva de numerosas sustancias responsables del deterioro de la capa de ozono y es considerado uno de los principales ejemplos de cooperación ambiental basada en la ciencia.
La recuperación ya está en marcha
La evidencia científica indica que las medidas adoptadas están dando resultados.
La evaluación científica sobre el agotamiento del ozono señala que, si continúan las políticas actuales, los niveles de ozono podrían volver aproximadamente a los valores de 1980 hacia 2040 para el promedio mundial, 2045 en el Ártico y 2066 sobre la Antártida.
La OMM también informó que el agujero de ozono antártico de 2025 fue relativamente pequeño y de corta duración, en comparación con otros años, y consideró que su comportamiento es consistente con la tendencia de recuperación a largo plazo.
Esto no significa que el problema haya desaparecido. La recuperación depende de que los países mantengan sus compromisos y de que las sustancias que afectan al ozono continúen disminuyendo.
De proteger el ozono a combatir el calentamiento global
La agenda ambiental incorporó posteriormente otro desafío: los hidrofluorocarbonos (HFC).
Los HFC fueron utilizados en muchos casos como reemplazo de sustancias que dañaban la capa de ozono. Sin embargo, aunque no destruyen el ozono, varios de ellos son potentes gases de efecto invernadero.
Por ese motivo, en 2016 se adoptó la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, que establece una reducción progresiva de los HFC.
La OMM señala que su implementación podría evitar hasta 0,5 °C de calentamiento global hacia finales de este siglo. Además, una combinación entre la reducción de HFC y tecnologías de refrigeración más eficientes podría generar beneficios climáticos adicionales.
El mensaje de 2026: acción global para un planeta más fresco
Para este Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono 2026, Naciones Unidas estableció como lema “Global action for a cooler planet”, que puede traducirse como “Acción global para un planeta más fresco”.
La fecha marca además los diez años de la adopción de la Enmienda de Kigali y busca poner en valor la relación entre la protección de la capa de ozono, la refrigeración eficiente y la lucha contra el cambio climático.
Naciones Unidas destaca que el caso del ozono demuestra que la ciencia, la cooperación internacional, el financiamiento y el cumplimiento de acuerdos pueden generar resultados ambientales medibles.
Un desafío que continúa
La recuperación de la capa de ozono constituye una señal positiva, pero también una advertencia: los avances pueden sostenerse únicamente con políticas continuas, controles adecuados y el desarrollo de tecnologías menos perjudiciales para la atmósfera.
En la Argentina, los compromisos asumidos a partir del Protocolo de Montreal forman parte de un marco normativo que regula las sustancias capaces de agotar la capa de ozono. La legislación nacional contempla además distintas modificaciones y mecanismos vinculados con el cumplimiento de los compromisos internacionales.
A casi 40 años del Protocolo de Montreal, el mensaje del 16 de septiembre mantiene plena vigencia: la protección ambiental puede generar resultados cuando la evidencia científica se transforma en decisiones concretas y sostenidas en el tiempo.
La capa de ozono, invisible para quienes habitamos la Tierra, continúa siendo uno de los escudos naturales fundamentales frente a la radiación solar. Su recuperación representa uno de los ejemplos más claros de que la acción coordinada a escala mundial puede modificar el rumbo de un problema ambiental global.
Cada 16 de septiembre, el calendario recuerda ese compromiso. Y también plantea el desafío de no bajar la guardia.
Fuente: Naciones Unidas, Organización Meteorológica Mundial (OMM) y normativa oficial de la República Argentina.


