
La fecha fue establecida en 1949 por el Poder Ejecutivo Nacional, mediante el Decreto N.º 21.430, en reconocimiento a aquel primer decreto que abrió las puertas del territorio argentino a personas de distintas nacionalidades que quisieran establecerse en estas tierras.
El documento de 1812 expresaba que el Gobierno ofrecía “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”. Se trató de una definición que anticipó una de las características que marcarían la construcción de la Argentina moderna: la llegada de hombres, mujeres y familias provenientes de distintos lugares del mundo.
La Constitución Nacional de 1853 también reflejó ese espíritu en su Preámbulo, al convocar a “todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
Una Argentina construida también con inmigrantes
Durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, millones de inmigrantes llegaron a la Argentina como parte de los grandes movimientos migratorios internacionales. Italianos, españoles, franceses, alemanes, británicos, irlandeses, rusos, ucranianos, polacos, sirios, libaneses y personas provenientes de numerosos países arribaron al territorio argentino en busca de oportunidades y de una nueva vida.
Muchos dejaron atrás sus hogares, familias y lugares de origen sin conocer prácticamente nada del país al que llegaban. Para numerosos inmigrantes, el viaje significó comenzar de cero y enfrentar enormes dificultades: nuevos idiomas, costumbres diferentes, condiciones laborales exigentes y la necesidad de construir redes de apoyo lejos de sus tierras.
Su presencia, sin embargo, tuvo un fuerte impacto en el crecimiento del país.
La inmigración fue fundamental para el desarrollo de las actividades agrícolas y ganaderas, la expansión de las ciudades, la construcción de infraestructura y el crecimiento de la industria y el comercio. Miles de inmigrantes trabajaron en el campo, en los puertos, en los ferrocarriles, en los talleres y en las fábricas, contribuyendo al proceso de transformación económica y social que atravesó la Argentina.
También dejaron una profunda huella en la vida cotidiana. La gastronomía, la música, las fiestas populares, las asociaciones comunitarias, los clubes, las escuelas, las sociedades de socorros mutuos y numerosas expresiones culturales forman parte de ese legado.
La inmigración también transformó la identidad argentina
El aporte inmigratorio no se limitó al crecimiento económico. La llegada de personas de distintas culturas contribuyó a formar una sociedad diversa y modificó la identidad cultural del país.
Barrios enteros, pueblos y ciudades se fueron conformando a partir de comunidades de inmigrantes. En muchos casos, las asociaciones creadas por quienes llegaban desde Europa, Asia y otros puntos del mundo permitieron sostener tradiciones y, al mismo tiempo, integrarse a la sociedad argentina.
La Argentina fue así construyendo una identidad atravesada por múltiples historias de origen. A las corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX y principios del XX se sumaron posteriormente nuevas migraciones provenientes principalmente de países de América Latina y, más recientemente, de distintas regiones del mundo.
Una fecha que invita a mirar la historia y el presente
El Día del Inmigrante no solo permite recordar a quienes llegaron al país generaciones atrás. También invita a reconocer a las personas que actualmente eligen la Argentina como lugar para vivir, trabajar, estudiar y formar una familia.
La historia argentina demuestra que los procesos migratorios forman parte de la construcción del país. Detrás de cada llegada hubo una historia personal marcada muchas veces por la esperanza, el esfuerzo y la necesidad de comenzar una nueva vida.
A más de dos siglos de aquel decreto de 1812, la frase que identifica a la Argentina como una tierra abierta a quienes buscan construir su futuro vuelve a cobrar sentido.
El 4 de septiembre es, de esta manera, una fecha para recordar a quienes llegaron desde otras tierras y, con su trabajo, sus conocimientos, sus costumbres y sus sueños, fueron parte fundamental de la Argentina que hoy conocemos.


