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A 49 años del triunfo que hizo historia: Claudia Casabianca recordó su consagración en Estados Unidos y su vida ligada al tenis

La extenista argentina habló con Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV. Evocó aquella final en Forest Hills, su título mundial conseguido a los 17 años, el viaje de regreso junto a Guillermo Vilas, las recordadas polleritas que marcaron una época y su actual compromiso con el tenis inclusivo. También anticipó su deseo de visitar 9 de Julio y realizar una clínica

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A 49 años de una de las páginas más importantes de su carrera y del tenis argentino, Claudia Casabianca volvió a recorrer con emoción aquellos días de 1977 en los que, con apenas 17 años, se consagró campeona mundial juvenil en el Abierto de Estados Unidos disputado en Forest Hills.

En diálogo con Gustavo Tinetti, durante el programa Despertate de Cadena Nueve, la extenista repasó aquella inolvidable experiencia, sus comienzos, la competencia internacional, su relación con Guillermo Vilas y una carrera que terminó de manera anticipada por una lesión en la rodilla.

Pero también habló de su presente: las clases gratuitas de tenis para chicos con discapacidad que sostiene desde hace 35 años, su actividad en radio, las copas que llevan su nombre y su intención de continuar vinculada al deporte que marcó su vida.

“Yo le dije a mi mamá que lo iba a ganar”

Casabianca tenía 17 años cuando llegó a Forest Hills. Por entonces se encontraba entre las mejores juveniles del mundo y formaba parte de una gira internacional que reunía a los principales jugadores jóvenes de distintos países.

El recorrido incluía Indianápolis, Canadá y finalmente Nueva York. Todos viajaban juntos, compartían hotel y competían en distintos torneos antes de llegar al gran objetivo.

“Cuando yo viajé a este evento, le dije a mi mamá que lo iba a ganar”, recordó Claudia durante la entrevista.

La respuesta de su madre fue de incredulidad: le señaló que era prácticamente “una en un millón” que pudiera conseguirlo.

Claudia, sin embargo, estaba convencida.

Y cumplió.

Llegó a Forest Hills como cuarta preclasificada y fue superando a las principales favoritas. En el camino derrotó a la número tres y a la número dos del mundo, hasta encontrarse en la final con Lea Antonoplis, una rival que ya la había vencido en Wimbledon.

La definición no comenzó de la mejor manera para la argentina.

Casabianca estaba abajo en el marcador y atravesaba uno de los momentos más difíciles del partido. Sin embargo, encontró la manera de cambiar la estrategia y dar vuelta la historia.

“Empecé a cambiar la estrategia del juego y me consagré campeona mundial”, relató.

Una imagen que la ayudó a cambiar el partido

Entre los recuerdos más particulares de aquella final, Claudia conserva una imagen que todavía hoy puede reconstruir con precisión.

Cuando estaba en desventaja, miró hacia un poste de luz.

En su imaginación, ese poste se convirtió en su mamá.

“Visualicé un poste de luz y pensé que era mi mamá que me estaba mirando. Ahí fue donde cambié el juego”, contó.

Ese momento, cargado de emoción y concentración, quedó asociado para siempre con su consagración.

“Fui la primera mujer que trajo un título mundial a mi país. Me siento súper orgullosa de estar en la historia del tenis”, afirmó.

Forest Hills, una cancha de polvo de ladrillo y una época completamente diferente

La competencia se desarrollaba en Forest Hills, escenario histórico del tenis estadounidense, sobre una superficie de clay, es decir, polvo de ladrillo de color verde.

Pero además de la superficie, había una diferencia fundamental con el tenis actual: las raquetas eran de madera.

Casabianca recordó que llegó a contar con unas 40 raquetas para afrontar las competencias.

“Hoy en día no sé cómo jugábamos con esas raquetas que eran pesadas”, bromeó.

Las describió con detalles: encordados de tripa, mangos de cuero y marcos que debían cuidarse especialmente para evitar que se deformaran.

También recordó una particularidad de aquellos tiempos: la humedad podía modificar las características del encordado y los jugadores aprovechaban ese fenómeno para conseguir una respuesta diferente de la raqueta.

La raqueta que volvió a sus manos más de 30 años después

Entre tantas historias existe una que Claudia considera especialmente significativa.

Antes del torneo había recibido raquetas de un sponsor y, en tono de desafío, le prometió a una persona vinculada a la marca que, si ganaba el torneo, le regalaría una raqueta firmada.

La cumplió.

Pasaron más de tres décadas.

Un día, a través de Facebook, un hombre se comunicó con ella y le contó que tenía aquella raqueta que Claudia había utilizado en su consagración.

El hombre había recibido el objeto de manos de su padre.

Tiempo después, se encontraron y la raqueta volvió a las manos de su dueña original.

“Así que tengo un montón de historias para contarte”, dijo entre risas.

El regreso junto a Guillermo Vilas

El día posterior a la final femenina, Guillermo Vilas disputaba su competencia.

Para Claudia, Vilas era un ídolo.

Por eso decidió cambiar su pasaje para regresar a Argentina junto con él.

Pero el viaje tuvo un detalle inesperado.

Vilas había comprado su pasaje en primera clase, mientras que Claudia viajaba en turista. La joven campeona no sabía cómo hacer para acercarse y contarle que ella también había ganado.

No hizo falta.

En un momento, Vilas abrió la cortina que separaba las clases y le dijo:

“Traete todo que te invito a pasar a primera conmigo”.

El viaje terminó convirtiéndose en otro recuerdo imborrable.

El avión incluso hizo una escala especial en Río de Janeiro para que subieran periodistas interesados en entrevistar a las dos figuras del tenis argentino.

Entre ellos estaba la revista El Gráfico.

“¿De qué cuadro son?”

En medio de aquella recepción periodística apareció otra anécdota inesperada.

Le preguntaron a Claudia de qué club de fútbol era hincha.

Ella no tenía demasiados conocimientos futbolísticos, pero en su familia siempre se había hablado de Chacarita.

Y respondió: “Chacarita”.

La respuesta tenía una explicación familiar. Su abuelo y su tío habían estado vinculados a la comisión del club.

Cuando llegaron a Ezeiza, la esperaba una multitud.

Claudia pensaba que el recibimiento era para Vilas.

Hasta que él le explicó que toda esa gente estaba allí para recibirla a ella.

“Tenés que salir primera del avión”, le dijo.

La campeona, todavía con la timidez de sus 17 años, no quería hacerlo.

Finalmente salió junto a Vilas y recibió una bienvenida que quedó grabada para siempre.

Las recordadas polleritas que se convirtieron en una marca personal

La charla con Tinetti también tuvo un costado descontracturado.

El periodista recordó que quienes seguían el tenis de aquella época probablemente tenían presentes las particulares polleritas que utilizaba Casabianca.

Claudia tomó el comentario con humor.

Explicó que trabajaba con un sponsor y que había pedido diseñar sus propios modelos. Utilizaba polleras con volados y debajo llevaba bombachones con puntillas de diferentes colores.

También contó que usaba vestidos de un solo hombro, algo que en aquel momento resultaba llamativo y que, décadas después, se transformaría en una tendencia habitual dentro del deporte.

“Siempre fui una avanzada”, sostuvo entre risas.

El recuerdo de aquella indumentaria terminó convirtiéndose en uno de los momentos más simpáticos de la entrevista.

Una carrera que terminó demasiado pronto

La historia deportiva de Casabianca no terminó como ella hubiera querido.

A los 26 años tuvo que retirarse debido a una lesión en una rodilla.

Por entonces ocupaba el puesto 38 del ranking mundial.

La lesión le provocaba una importante inflamación y, en aquellos años, los recursos médicos disponibles eran muy diferentes a los actuales.

“No había resonancia magnética, no había nada”, recordó.

Su retiro llegó en un momento en el que todavía tenía mucho por delante.

Había sido tres veces campeona mundial y tres veces campeona sudamericana en juveniles. Además, había tenido la posibilidad de competir muy joven frente a grandes figuras del tenis femenino.

La llamaban “la niña prodigio” y fue pionera en Argentina por jugar con las dos manos.

Pero la rodilla terminó imponiendo un límite.

Del tenis profesional al tenis como herramienta de inclusión

Lejos de alejarse del deporte, Casabianca encontró una nueva manera de continuar vinculada al tenis.

Hace 35 años comenzó a brindar clases gratuitas para chicos con discapacidad, una tarea que mantiene hasta la actualidad.

El proyecto nació de una experiencia personal.

Mientras estaba embarazada de su segunda hija y se encontraba en el club donde daba clases, observó la curiosidad de un grupo de chicos que se acercaban y miraban su panza.

Aquella situación la llevó a pensar en generar un espacio de acceso gratuito al tenis para chicos con distintas discapacidades y dificultades madurativas.

Desde entonces, sostiene esa actividad con una profunda convicción.

“Esto es totalmente gratuito”, remarcó.

Durante años también desarrolló esta tarea junto a distintos municipios y actualmente continúa con su labor en el ámbito deportivo y social.

Una nueva etapa: radio, torneos y una copa con su nombre

La actividad de Casabianca no se limita a las clases.

Actualmente conduce un programa radial denominado “Entre raquetas y brillo”, que se emite por FM 105.1 y también tiene presencia en YouTube.

Además, está realizando la cuarta edición de la Copa Claudia Casabianca, una competencia pensada tanto para jugadores principiantes como avanzados.

Su objetivo es brindarles a quienes recién comienzan la posibilidad de competir.

“Soy muy del pueblo. A mí me gusta darle la posibilidad a todos”, explicó.

La particularidad del torneo es que la copa lleva su nombre y es entregada personalmente por ella a los participantes.

El vínculo con Mariano Navone y la posibilidad de llegar a 9 de Julio

Durante la entrevista también surgió el nombre de Mariano Navone, el tenista nacido en 9 de Julio que logró instalarse en el circuito profesional y que mantiene un fuerte vínculo con su ciudad.

Tinetti le contó a Casabianca sobre la historia deportiva de Navone y su formación en el Club Atlético 9 de Julio.

La extenista le envió un saludo y expresó sus mejores deseos para el jugador nuevejuliense.

Incluso se abrió una posibilidad que podría concretarse en el futuro: realizar una clínica de tenis en la ciudad.

“Ojalá pueda visitar 9 de Julio”, manifestó.

La idea quedó planteada y ahora resta que el vínculo entre la campeona y el tenis nuevejuliense pueda transformarse en una actividad concreta.

Una campeona que mantiene viva su pasión

A 49 años de aquel triunfo en Forest Hills, Claudia Casabianca continúa vinculada al tenis desde distintos lugares.

La competencia profesional quedó atrás, pero no la pasión.

Entre recuerdos de raquetas de madera, viajes con Vilas, grandes escenarios internacionales, aquellas particulares polleritas y una carrera que se interrumpió demasiado pronto, aparece una constante: su decisión de seguir utilizando el tenis como herramienta de encuentro e inclusión.

El próximo año se cumplirán 50 años de aquella consagración.

“Es un día muy especial para mí”, señaló al despedirse.

Y mientras piensa cómo celebrará medio siglo de aquella hazaña, Casabianca mantiene intacto el entusiasmo por el deporte que le dio una página en la historia argentina.

Quizás la próxima celebración no sea en Nueva York.

Quizás tenga una cancha, una clínica y chicos empuñando una raqueta en 9 de Julio.

Y, como en aquella final de hace casi medio siglo, Claudia seguramente vuelva a entrar a la cancha.

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