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Nueve de Julio
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Si el agua encontró el camino, que el camino encuentre a los nuevejuliense

El espíritu que consiguió el agua también debería recorrer los caminos rurales

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Dos historias distintas pueden tener el mismo aprendizaje.

El agua potable se consiguió después de 16 años de reclamo sostenido.

Hoy, vecinos rurales, productores, Municipio y Provincia trabajan juntos para que los caminos rurales sean transitables y puedan sostenerse en el tiempo.

Tal vez la clave esté allí: dejar de lado las mezquindades, encontrar objetivos comunes y entender que cuando se trabaja unidos, siempre se puede ir por más. Y la bandera debe ser la del distrito.

Hay algo que Nueve de Julio debería aprender de su propia historia.

No hace falta mirar demasiado lejos.

Está en el agua.

Durante 16 años, un grupo de vecinos sostuvo un reclamo que comenzó con una preocupación sanitaria y terminó transformándose en una obra concreta.

No fue sencillo.

Hubo discusiones, expedientes, análisis, movilizaciones, presentaciones y años de espera.

Pero hubo algo que nunca se perdió: el objetivo.

Agua potable para los vecinos.

Y finalmente llegó.

La Justicia acaba de reconocer ese recorrido y dar por cumplidas las obligaciones vinculadas con las obras que permitieron alcanzar ese resultado.

Ahora hay otro desafío.

Los caminos rurales.

Y quizás no sea casualidad que en esta nueva historia también aparezca una palabra que debería atravesar a toda la comunidad: unión.

Y si todo se alcanza sin pasar por los tribunales, el aprendizaje será mayor y mejor, ya que no habrá distracción de energías.

Del agua a los caminos

Hoy vecinos rurales y productores, junto con la Municipalidad y la Provincia, vienen trabajando para que los caminos rurales de Nueve de Julio sean transitables y, algo todavía más importante, para que puedan mantenerse en esas condiciones en el tiempo.

Porque arreglar un camino una vez no alcanza.

Hay que sostenerlo.

Hay que planificar.

Hay que escuchar a técnicos, profesionales y quienes viven y trabajan en el campo.

Hay que conocer las necesidades productivas.

Hay que disponer de maquinaria, recursos, mantenimiento y controles.

Y hay que entender que el camino rural no es solamente un camino.

Es la salida de una producción, no solo de granos o animales, sino de amor, de vidas con historias, y mucho más.

Es el ingreso de un médico.

Es el transporte de un chico que va a la escuela.

Es la llegada de un servicio.

Es la posibilidad de que una familia rural no quede aislada.

En un camino al turismo localizado.

Es la posibilidad que una maestra llegue a dar clases.

Y más ejemplos!

Por eso, cuando se habla de caminos rurales, se está hablando también de igualdad de oportunidades.

El espíritu del agua puede andar por los caminos

Y acá aparece una reflexión.

Si algo dejó la historia del agua fue una enseñanza: cuando una comunidad encuentra un objetivo común, puede avanzar sabiendo superar las diferencias y las dificultades, pero teniendo presente el objetivo superador.

¿Por qué no llevar ese espíritu a los caminos?

¿Por qué no pensar que aquello que comenzó con vecinos reclamando por la calidad del agua puede transformarse ahora en una manera de trabajar por la infraestructura rural?

No se trata de copiar una historia.

Se trata de aprender de ella.

El agua demostró que reclamar con inteligencia, sostener una causa y mantener el objetivo puede dar resultados. Y jamás se salió a la calle con pancartas, ni banderas blameantes, ya que las verdaderas banderas eran el reclamo sostenido y tocas puertas para lograr ser escuchados.

Los caminos necesitan exactamente eso.

Vecinos.

Productores.

Municipio.

Provincia.

Y si se suma Nación en lo que le corresponde, que lo niega de manera sostenida, desoyendo a la Ley y a los vecinos, mejor.

Y, sobre todo, una mirada que vaya más allá de quién consiguió qué.

Basta de mezquindades

Hay una palabra que quizás sea necesario recuperar: comunidad.

Porque ningún camino rural se arregla para una sola persona.

Ninguna obra de infraestructura puede pensarse desde el individualismo.

Y ningún logro colectivo debería convertirse en una disputa por quién aparece primero en la foto.

A veces parece que nos cuesta celebrar lo que conseguimos entre todos. Sumemos el espíritu del Mundial de Futbol, donde se celebró ser sub-campeones. Y que se festejó?… el camino recorrido!

Como si reconocer el aporte del otro nos quitara mérito.

Como si admitir que una obra necesitó de muchos actores significara perder protagonismo.

Es exactamente al revés.

El mérito de una comunidad es que cada uno haga su parte.

Los vecinos conocen el territorio.

Los productores conocen las necesidades del sector.

El Municipio tiene responsabilidades concretas.

La Provincia dispone de herramientas y recursos.

Y Nacíon debería hacer lo suyo, por Ley, responsabilidades y empatía.

Y todos juntos pueden conseguir algo que ninguno, por separado, podría sostener durante mucho tiempo.

Siempre se puede ir por más

La historia del agua también deja otra enseñanza.

No alcanza con conseguir algo.

Hay que seguir.

Hoy Nueve de Julio tiene agua para consumo humano en la red de ABSA y el desafío es que esa calidad alcance a todos los sectores de la ciudad.

En los caminos ocurre lo mismo.

Que un camino esté transitable hoy es una buena noticia.

Que siga transitable dentro de un año es el verdadero objetivo.

Por eso el trabajo que están llevando adelante vecinos rurales, productores, Municipio y Provincia debe tener continuidad.

No debería depender de una coyuntura.

Ni de una foto.

Ni de una elección.

Ni de quién ocupa circunstancialmente un cargo.

Debe convertirse en una política sostenida.

Una ciudad también se construye desde el campo

Nueve de Julio no termina donde termina el asfalto.

Hay otra Nueve de Julio que trabaja, produce y vive detrás de cada tranquera.

Una Nueve de Julio que necesita caminos.

Que produce alimentos.

Que genera movimiento económico.

Que sostiene escuelas rurales.

Que necesita ambulancias, transporte, conectividad y servicios.

Y que también forma parte de la identidad de todo el distrito.

Por eso, mantener transitables los caminos rurales no es hacerle un favor al productor.

Es invertir en el conjunto de la comunidad.

El agua y el camino

Quizás haya una imagen que sirva para cerrar esta reflexión.

Hace años, un grupo de vecinos se preguntó qué agua estaba tomando Nueve de Julio.

Insistieron.

Reclamaron.

Buscaron respuestas.

Y consiguieron que una obra cambiara esa realidad.

Ahora hay que preguntarse otra cosa:

¿Por dónde transita Nueve de Julio?

Y la respuesta debería ser sencilla:

Por sus calles.

Por sus rutas.

Y también por sus caminos rurales.

Si el espíritu que permitió conquistar el agua potable puede trasladarse a los caminos, entonces hay una oportunidad.

La oportunidad de dejar atrás las pequeñas peleas.

Las mezquindades.

El “esto lo hice yo”.

El “aquel no estuvo”.

El “por qué él y no yo”.

Todo eso es demasiado pequeño frente a los problemas que tenemos por delante.

Una comunidad no avanza cuando cada uno tira para su lado.

Avanza cuando todos empujan en la misma dirección.

Que el agua siga su camino

Tal vez sea tiempo de que el espíritu del agua siga su camino.

Que llegue a cada familia.

Que se extienda por toda la ciudad.

Y que, simbólicamente, también llegue al campo.

Que ese mismo espíritu de perseverancia, inteligencia y objetivo común recorra los caminos rurales.

Que vecinos, productores, Municipio y Provincia entiendan que no tienen que pensar exactamente igual para trabajar juntos.

Alcanza con ponerse de acuerdo en lo esencial.

Que los caminos sean transitables.

Que se sostengan en el tiempo.

Que nadie quede aislado.

Y que Nueve de Julio siga yendo por más.

Porque si algo enseñaron aquellos 16 años de lucha por el agua es que las grandes cosas no se consiguen de un día para otro.

Se consiguen cuando una sociedad deja de mirar quién tiene razón y empieza a preguntarse qué podemos conseguir juntos.

Quizás ese sea hoy el camino.

Y quizás, esta vez, sea literalmente por los caminos.

Y que pronto, otro camino de interés para los nuevejulienses, vuelva a unir a la comunidad en objetivo concreto. Dependerá de cada uno de los vecinos.

Que al mirarse en el agua, sea el espejo de que es posible su concreción!

*Cadena Nueve,Ramiro Parra 

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