
Una huella puede parecer apenas una marca sobre una superficie, pero detrás de sus líneas y dibujos existe una característica que la convierte en una de las herramientas más importantes de la criminalística: su singularidad.
Cada 1 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Dactiloscopía, una jornada destinada a destacar la importancia de esta disciplina y, especialmente, a recordar a Juan Vucetich, el investigador que desarrolló en Argentina un sistema de clasificación de huellas dactilares que cambió para siempre la identificación de personas.
Juan Vucetich, el hombre detrás del método
Juan Vucetich nació en el territorio que actualmente corresponde a Croacia y llegó a la Argentina en 1884. Tiempo después se nacionalizó argentino y desarrolló gran parte de su trayectoria dentro de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Su interés por las huellas digitales surgió a partir de los estudios que circulaban en aquella época sobre las impresiones dejadas por los dedos. Entre sus referencias estuvo el trabajo del científico británico Francis Galton, quien había estudiado las características y posibilidades de identificación de las huellas.
Vucetich avanzó sobre esos conocimientos y creó un sistema propio de clasificación dactiloscópica. Su método agrupaba las huellas en cuatro tipos principales: arcos, presillas internas, presillas externas y verticilos.
A partir de esta clasificación, comenzó a desarrollar fichas que permitían registrar y ordenar las impresiones digitales de las personas.
El aporte fue trascendental: la identificación dejó de depender exclusivamente de nombres, documentos o descripciones físicas y pasó a contar con una característica corporal prácticamente única.
Un crimen que marcó la historia
La utilidad del método quedó demostrada en uno de los primeros casos criminales resueltos mediante huellas dactilares.
En 1892, en la localidad bonaerense de Necochea, Francisca Rojas fue señalada como responsable del asesinato de sus hijos. Inicialmente había intentado atribuir el crimen a su marido.
Sin embargo, los investigadores encontraron una huella ensangrentada en la escena. El análisis permitió establecer que pertenecía a Rojas.
El caso se convirtió en un acontecimiento histórico porque demostró, en la práctica, el enorme potencial de las huellas digitales como evidencia para una investigación criminal.
La identificación mediante este método comenzó así a ganar reconocimiento internacional y la Argentina pasó a ocupar un lugar destacado en el desarrollo de la criminalística moderna.
¿Qué es la dactiloscopía?
La dactiloscopía es la disciplina que estudia las huellas digitales con el objetivo de identificar personas.
Las líneas, crestas, bifurcaciones y demás características que forman una huella generan patrones que permiten diferenciarlas. Por ese motivo, las impresiones digitales se convirtieron en una herramienta fundamental para las fuerzas de seguridad y los investigadores forenses.
Aunque las huellas de los dedos pueden parecer similares a simple vista, su combinación de características permite establecer diferencias entre individuos.
Por eso, cuando los especialistas encuentran una impresión en una escena, pueden analizarla y compararla con registros existentes para determinar a quién pertenece.
De las fichas de Vucetich a la criminalística moderna
El trabajo de Vucetich fue mucho más allá de la identificación de un sospechoso. Su sistema permitió organizar grandes cantidades de información y facilitó la búsqueda de coincidencias.
Las antiguas fichas dactiloscópicas fueron el antecedente de los modernos sistemas automatizados de identificación de huellas, utilizados actualmente por organismos policiales y judiciales de distintos países.
Con el paso del tiempo, la tecnología incorporó herramientas digitales capaces de procesar enormes bases de datos y encontrar coincidencias con mayor velocidad. Sin embargo, el principio fundamental continúa siendo el mismo: las características de las huellas permiten establecer una identidad.
Una huella que dejó una marca en la historia
La historia de la dactiloscopía tiene un vínculo particular con la Argentina. Fue en territorio bonaerense donde el sistema desarrollado por Vucetich encontró una de sus primeras demostraciones concretas en una investigación criminal.
Por eso, cada 1 de septiembre la fecha también permite recordar el trabajo de un inmigrante que encontró en nuestro país el escenario para desarrollar una innovación que trascendió las fronteras.
Más de un siglo después, las huellas digitales continúan siendo protagonistas de investigaciones, controles de identidad y procedimientos forenses.
La tecnología cambió, los métodos se perfeccionaron y las herramientas se volvieron digitales. Pero aquella idea de Vucetich permanece vigente: una huella puede convertirse en una pieza clave para descubrir la verdad.


