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Pedrito Guazzaroni con su ritmo crece con el amor de familia y contagia al público que lo descubre

Cristian y Carolina Ferreyra acompañan a su hijo de 8 años desde el amor, la libertad y la confianza en sus capacidades que le perimite leer y escribir, donde la música se convirtió en un espacio de expresión, encuentro y crecimiento que hoy lo lleva a nuevos escenarios y alimenta el sueño de presentaciones nacionales

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En el programa “Despertate”, que se emite por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, Cristian Guazzaroni compartió la historia de Pedro, conocido cariñosamente como Pedrito, y destacó el papel que cumple la familia en cada paso de su desarrollo.

La historia musical de Pedrito comenzó prácticamente desde la primera infancia. Cristian contó que junto a Carolina siempre tuvieron un vínculo cercano con la música: guitarra, bombo, canto y especialmente el folklore formaban parte de la vida familiar. Pedro, desde muy pequeño, reaccionaba especialmente ante los sonidos y los ritmos.

“Le encantaba el sonido, el ritmo sobre todo”, recordó su papá durante la entrevista.

A los tres años, aproximadamente, apareció un pequeño bombo legüero que la familia compró en La Plata. El instrumento rápidamente se convirtió en uno de los juguetes preferidos de Pedrito. Lo tocaba con entusiasmo y, de a poco, ese juego comenzó a mostrar una sensibilidad especial para seguir los ritmos.

La familia atravesó además momentos complejos desde su nacimiento. Pedro nació en La Plata, en el Hospital Español, luego de un embarazo complicado y con ocho meses de gestación. Debió ser operado al nacer y permaneció alrededor de 20 días en neonatología.

Con el tiempo, y mientras realizaba sus distintas actividades y terapias, la música fue encontrando un lugar cada vez más importante.

El encuentro con la batería

Cuando Pedrito tenía alrededor de cuatro años, la familia comenzó a buscar un espacio para que pudiera avanzar con la percusión. Así llegaron al profesor conocido como ‘Chapu’ Fernando Astoviza, docente de batería para niños.

“Lo llamamos, le contamos su situación y nos dijo que podía empezar”, relató Cristian.

Desde entonces, cada sábado se transformó en una cita con la música. Pedrito comenzó a asistir a clases grupales y rápidamente se adaptó. La batería pasó a ocupar un lugar central, mientras que el bombo continuaba acompañándolo especialmente en propuestas vinculadas al folklore.

A los cinco años llegó una de sus primeras grandes experiencias frente al público: una muestra musical en la biblioteca, donde participó junto a sus padres. Carolina cantó y tocó la guitarra, Cristian acompañó con el bombo y Pedrito estuvo detrás de la batería.

Ese momento marcó un antes y un después.

También fue por aquellos años cuando su camino se cruzó con Cadena Nueve. Durante una actividad organizada por familias de chicos con síndrome de Down, Pedrito llegó con su bombo y la camiseta de Racing. Allí se produjo el encuentro con el periodista Gustavo Tinetti, quien desde entonces sigue de cerca su crecimiento artístico.

Un oído especial y una pasión que crece

Cristian destacó que una de las principales características de Pedrito es su oído musical y su capacidad para seguir los ritmos.

“Le apasiona y muestra alegría”, contó.

Su profesor también observa en él una forma muy espontánea de interpretar la música. Puede apartarse momentáneamente de la estructura de una canción, pero vuelve al ritmo y continúa tocando con naturalidad.

Ese modo desestructurado de tocar, sumado a su entusiasmo, es justamente uno de los aspectos que más sorprenden a quienes lo escuchan.

Pedrito no se limita a un solo género. Comenzó muy ligado al folklore, pero con el tiempo incorporó rock, chamamé y diferentes estilos. Incluso ha interpretado canciones que escuchó previamente en la radio y luego logró reproducir por sí mismo.

Una de las experiencias más recordadas ocurrió con un tema de Divididos. Pedrito realizó una interpretación de “Un clásico”, acompañando la pista original con la batería en vivo y el bombo de su papá.

El video llegó a personas vinculadas con la banda y, días después, la familia recibió un saludo en video desde la sala de ensayo de Ricardo Mollo, integrante de Divididos.

Para Cristian, aquel gesto fue emocionante y abrió incluso un sueño: que algún día Pedrito pueda compartir un escenario o estar cerca de la batería de la reconocida banda argentina.

De las muestras a los escenarios

El crecimiento musical llevó a Pedrito a participar de distintas presentaciones. Fue invitado por bandas y músicos locales, participó en bares y también tuvo una experiencia en Junín durante una celebración de la filial de Racing.

En aquella oportunidad iba a interpretar solamente dos canciones, pero terminó haciendo alrededor de cinco, incluido un chamamé.

Su versatilidad y su entusiasmo hicieron que las invitaciones continuaran.

Ahora se prepara para una nueva presentación en Carlos Casares, donde tendrá la posibilidad de tocar junto a una banda en vivo. Para la familia será un nuevo paso en un recorrido que comenzó con aquel pequeño bombo y que hoy lo encuentra tocando una batería de adulto.

En su casa también tiene una batería propia, adquirida por la familia para acompañar su crecimiento musical. Cuenta además con una sala destinada especialmente a la música y utiliza protectores auditivos durante las prácticas.

Hasta los vecinos forman parte, de alguna manera, de esta historia. Cristian contó entre risas que algunos se detienen frente a la casa para escuchar cuando Pedrito está tocando.

Acompañar sin presionar

Más allá de la música, Cristian quiso dejar un mensaje que trasciende la historia particular de su hijo.

Para la familia, acompañar a una persona con discapacidad significa descubrir aquello que le gusta, identificar su pasión y brindarle las herramientas necesarias para desarrollarla, pero sin imponerle un camino.

“Hay que acompañarlo y mientras le guste”, sintetizó.

En ese sentido, destacó especialmente el trabajo del profesor de batería, quien nunca presionó a Pedro para participar de una muestra. La propuesta siempre parte desde la libertad: si quiere tocar, Pedrito lo demuestra con entusiasmo.

La música, entonces, no aparece como una exigencia sino como una oportunidad para expresarse, compartir y crecer.

La escuela, las terapias y nuevos aprendizajes

El desarrollo de Pedro también se da en otros ámbitos. Actualmente concurre a una escuela rural, donde comparte el aula con pocos alumnos y cuenta con acompañamiento. Cristian destacó que ese contexto favorece su integración y aprendizaje.

Además, continúa con sus diferentes espacios de acompañamiento y ha logrado nuevos avances personales. Entre ellos, uno muy celebrado por la familia: aprendió a andar en bicicleta sin rueditas.

Para sus padres, cada logro forma parte de un mismo proceso: acompañarlo, darle oportunidades y permitir que avance a su propio ritmo.

“Pedrito en familia”, un sueño que empieza a tomar forma

Durante la entrevista surgió además una propuesta que entusiasma a todos: formar un proyecto musical familiar.

Carolina canta y toca la guitarra, Cristian acompaña con el bombo y Pedrito ocupa el lugar de baterista. Una familia unida por la música que podría llevar su propuesta a distintos escenarios.

La idea tiene, además, un componente muy especial: el vínculo de la familia con Racing.

El sueño es que algún día puedan presentarse en el estadio del club, llevando la música de “Pedrito en familia” a una cancha que ocupa un lugar importante en sus afectos.

La iniciativa ya comenzó a circular y cuenta con personas dispuestas a colaborar para que pueda concretarse.

La historia de Pedrito demuestra que el talento puede encontrar caminos inesperados cuando existe una familia que acompaña, docentes que estimulan y una comunidad dispuesta a abrir puertas.

A los ocho años, su presente está marcado por la batería, el bombo, el folklore, el rock y, sobre todo, por las ganas de tocar. Su futuro todavía está por escribirse, pero hay algo que ya está claro: la música encontró en Pedrito una manera de expresarse, y Pedrito encontró en la música un lugar para crecer.

 

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