Cortar el cabello, afeitar una barba, diseñar un corte masculino o realizar un cambio de imagen femenino parecen actividades exclusivamente relacionadas con la estética. Sin embargo, la historia de la peluquería y la barbería está estrechamente vinculada con la evolución de algunas prácticas médicas que hoy forman parte de profesiones completamente diferenciadas.
El Día del Peluquero invita, precisamente, a recorrer esa historia: desde los antiguos barberos vinculados a las prácticas de cirugías y extracción de dientes hasta los modernos estilistas y barberos que encontraron en la estética una profesión, una fuente de trabajo y una posibilidad concreta de emprendimiento.
¿Por qué se celebra el Día del Peluquero el 25 de agosto?
La fecha tiene raíces europeas y una historia particular.
Una de las tradiciones históricas vincula el origen de la celebración con Luis IX de Francia, conocido como San Luis, quien gobernó durante el siglo XIII. En aquella época, los peluqueros tenían entre sus tareas el cuidado de las pelucas y el aseo de los miembros de la nobleza.
La tradición sostiene que Luis IX otorgó a su peluquero una consideración social especial al declararlo hombre libre. El 25 de agosto, además, es la fecha de fallecimiento del monarca, ocurrido en 1270 durante la Octava Cruzada. Posteriormente fue canonizado por la Iglesia Católica.
Pero la celebración adquirió una identidad propia en Argentina.
El 25 de agosto de 1877, el peluquero y director de teatro Domingo Guillén organizó en el Teatro Coliseo de Buenos Aires una gran celebración destinada a los profesionales del sector. El encuentro reunió a peluqueros y barberos y contribuyó a la organización institucional del gremio.
Décadas más tarde, en 1940, un Congreso Nacional de Peluqueros realizado en Pergamino estableció el 25 de agosto como fecha oficial para celebrar el Día del Peluquero en nuestro país.
Así, una fecha de origen europeo terminó incorporándose a la tradición profesional argentina y convirtiéndose en una jornada de reconocimiento para quienes ejercen el oficio.
Cuando el barbero también era cirujano
La historia se vuelve todavía más llamativa cuando se retrocede hasta la Edad Media.
En aquella época, la medicina y la cirugía no estaban organizadas como las conocemos actualmente. Los médicos formados en las universidades tenían un perfil principalmente teórico, mientras que muchas intervenciones prácticas quedaban en manos de personas que aprendían mediante la experiencia y el trabajo artesanal.
Los barberos tenían una ventaja particular: utilizaban diariamente navajas, cuchillos, tijeras y otros instrumentos cortantes.
Por eso, en distintos lugares de Europa comenzaron a realizar procedimientos que hoy consideraríamos médicos o quirúrgicos.
Sangrías, curaciones de heridas, drenaje de abscesos y determinadas intervenciones menores podían estar dentro de sus prácticas. Con el tiempo surgió la figura del barbero-cirujano, una persona que combinaba el oficio de barbero con determinados procedimientos quirúrgicos.
No significa que los barberos hayan sido los “primeros médicos” ni que la cirugía moderna descienda exclusivamente de ellos. La historia fue mucho más compleja. Pero sí tuvieron un papel importante en una etapa en la que la cirugía era considerada un trabajo manual y todavía no constituía una profesión independiente como en la actualidad.
El barbero y el origen de la odontología
La relación con la odontología también existe, aunque debe explicarse con cuidado.
Durante siglos, la extracción de dientes fue una de las prácticas realizadas por barberos-cirujanos. Cuando una persona tenía una pieza dental gravemente dañada, una infección o un fuerte dolor, una de las soluciones disponibles podía ser directamente extraerla.
No existía todavía la odontología moderna basada en prevención, restauración, radiografías, anestesia moderna, implantes y tratamientos de conservación de las piezas dentales.
Por eso, en distintas épocas y regiones, las extracciones podían ser realizadas por cirujanos, barberos-cirujanos y personas especializadas específicamente en sacar dientes.
De allí que pueda decirse que los barberos-cirujanos formaron parte de los antecedentes históricos de la práctica odontológica, aunque no fueron los únicos precursores de la odontología moderna.
La odontología se transformaría progresivamente en una profesión independiente, especialmente entre los siglos XVIII y XIX, con instituciones educativas, formación específica y nuevas técnicas.
De la barbería a la cirugía moderna
La separación entre barberos y cirujanos también fue un proceso gradual.
En Inglaterra, barberos y cirujanos llegaron a organizarse institucionalmente en conjunto. En 1540, durante el reinado de Enrique VIII, se creó la Company of Barber-Surgeons, que reunió ambas actividades.
La organización regulaba el ejercicio de distintas prácticas y tuvo relación con la enseñanza de anatomía y cirugía.
Finalmente, en 1745, los cirujanos y los barberos se separaron formalmente.
A partir de entonces, la cirugía comenzó a consolidarse como una profesión cada vez más especializada. Con el desarrollo de la anatomía, la anestesia, la antisepsia, la microbiología y las técnicas quirúrgicas, aquella antigua práctica artesanal evolucionó hacia la cirugía moderna.
Por eso, cuando hoy se observa el tradicional poste de barbería, con sus franjas rojas y blancas, también puede encontrarse allí una referencia a ese pasado. El rojo se asocia tradicionalmente con la sangre de las sangrías y el blanco con los vendajes.
Una historia que también pasa por la estética
La otra gran transformación fue la de la propia peluquería.
El cuidado del cabello siempre tuvo una dimensión social. El peinado, la barba, el corte y la apariencia fueron utilizados a lo largo de la historia para expresar pertenencia, posición social, edad, profesión, identidad y, posteriormente, personalidad.
Con el paso del tiempo, la peluquería se convirtió en una actividad fundamentalmente vinculada con la estética y el cuidado personal.
Hoy, esa dimensión volvió a adquirir enorme importancia.
Los clientes ya no buscan únicamente un corte. Buscan asesoramiento, estilo, color, tratamientos capilares, diseños personalizados, cuidado de la barba y una experiencia adaptada a sus gustos.
La estética femenina se encuentra en permanente evolución, con nuevas técnicas de coloración, cortes, tratamientos y tendencias.
Y, en paralelo, la estética masculina atraviesa un verdadero auge.
El regreso de la barbería
Las barberías volvieron a ocupar un lugar destacado en las ciudades.
Barbas largas o cortas, perfiles definidos, degradados, cortes clásicos, diseños y diferentes técnicas de afeitado transformaron al barbero en un profesional especializado.
El fenómeno no solamente responde a una moda. También representa una oportunidad laboral.
Para muchos jóvenes, aprender barbería significa incorporar un oficio que puede ejercerse en relación de dependencia, en una barbería propia o incluso como emprendimiento independiente.
La actividad requiere capacitación, práctica, precisión y conocimiento de herramientas y técnicas. Por eso, la formación se volvió una parte fundamental del crecimiento del sector.
Nueve de Julio también apuesta a la capacitación
En Nueve de Julio, el crecimiento de la barbería tuvo una respuesta concreta desde el ámbito municipal.
A través del Programa Envión, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Comunitario de la Municipalidad de Nueve de Julio, se lanzó una capacitación gratuita de barbería destinada a adolescentes de entre 15 y 20 años.
La propuesta tiene una duración de cuatro meses y busca brindar conocimientos prácticos vinculados con el oficio, ofreciendo a los participantes herramientas que pueden convertirse en una salida laboral o en el punto de partida para un emprendimiento.
Las clases se desarrollan los lunes en la sede de Envión, ubicada en French 656, con cupos limitados.
La decisión de incorporar esta capacitación no es casual. El crecimiento de la actividad demuestra que la barbería dejó de ser solamente una tendencia estética para transformarse también en una alternativa concreta de formación y trabajo.
Una profesión que cambió, pero no desapareció
La historia del peluquero es, en definitiva, la historia de una profesión que supo transformarse.
Aquel antiguo barbero que podía afeitar, cortar el cabello, realizar una sangría o extraer una muela pertenece a un mundo completamente diferente del actual. Hoy, médicos, cirujanos y odontólogos cuentan con carreras universitarias, especializaciones, protocolos y conocimientos científicos que separan claramente sus actividades de la peluquería.
Pero el recorrido histórico permite comprender cómo distintas profesiones modernas fueron construyendo sus propios caminos.
De la misma manera, el peluquero contemporáneo ya no es simplemente quien corta el cabello. Es un profesional de la estética, de la imagen y del cuidado personal.
Y el barbero, que durante mucho tiempo pareció quedar asociado a una profesión del pasado, regresó con fuerza.
En Nueve de Julio, ese regreso se refleja en nuevas barberías, en una mayor demanda de servicios masculinos y también en programas de capacitación destinados a quienes quieren aprender el oficio.
Este 25 de agosto, el Día del Peluquero no solamente permite celebrar a quienes trabajan con tijeras, máquinas, peines y navajas. También permite recordar una historia de siglos: la de un oficio que pasó de los salones de la nobleza a las barberías modernas, que alguna vez estuvo relacionado con la cirugía y las extracciones dentales y que hoy vuelve a ser, para muchos jóvenes, una herramienta de trabajo, capacitación y futuro.



