En la mitología griega, Sísifo fue condenado por los dioses a empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña. Cada vez que estaba a punto de alcanzarla, la piedra volvía a caer y debía comenzar nuevamente su tarea.
Durante siglos, el mito fue interpretado como la representación de un castigo: un esfuerzo interminable, destinado a repetirse sin alcanzar jamás un resultado.
El filósofo Albert Camus encontró en aquella historia algo más que una condena. Vio una representación de la condición humana frente al absurdo: aun cuando una tarea parezca no tener fin, el hombre puede tomar conciencia de su situación, rebelarse contra ella y continuar.
Pero ¿qué tiene que ver Sísifo con una obra pública?
Quizás más de lo que parece.
Hay una región que desde hace décadas produce, trabaja, transporta, genera riqueza y sostiene su esfuerzo cotidiano. Y que, al mismo tiempo, vuelve una y otra vez sobre el mismo reclamo: necesita una autovía.
Se anuncia. Se proyecta. Comienza algún tramo. Se detiene. Vuelve a anunciarse. Se vuelve a reclamar.
Y la región vuelve a empujar.
No deja de producir porque la infraestructura sea insuficiente. No deja de transportar porque la ruta esté saturada y sea peligrosa. No deja de crecer porque la obra se demore.
Continúa.
Y vuelve a reclamar.
Para Cadena Nueve, Ing.Civil Alberto Potetti



Se repite el robo y la vergüenza, estoy de acuerdo con haber cortado el robo en la obra pública pera ya van más de 2 años y ahora la nueva estafa de los peajes sin obra previa. Esto va mal para el 2027. Así no