En una nueva edición de Modo Trascendencia, desde Despertate por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, la conversación puso en el centro una cuestión tan sencilla como profunda: qué ocurrió con el valor de la palabra y por qué recuperar la confianza resulta indispensable para reconstruir los vínculos personales, institucionales y sociales.
Fue este jueves en una nueva emisión del ciclo con el padre Daniel Camagna, que se brinda de 9.30 a 10 de la mañana.
Del almacén y la libreta a una sociedad que duda de todo
El Padre Daniel Camagna escuchó del conductor del ciclo Gustavo Tinetti una reflexión a partir de una escena cotidiana que pertenece a otra época: la libreta del panadero o almacén.
La referencia permitió recuperar una forma de relacionarse en la que la palabra tenía un valor concreto. El almacenero conocía a sus clientes, anotaba las compras y existía una confianza construida durante años. La reputación también tenía un peso decisivo en comunidades donde una mala experiencia podía significar perder clientes y quedar marcado socialmente.
“Soy de la época de la libreta en el almacén”, recordó Camagna durante la conversación.
Aquella imagen sirvió como punto de partida para preguntarse qué sucedió con ese valor de la palabra y qué lugar ocupa hoy la confianza en una sociedad atravesada por la información, los discursos y la sospecha.
“¿Será cierto?”
Para Camagna, uno de los signos de este tiempo es la dificultad para confiar en aquello que escuchamos.
Un discurso político, un sermón, una declaración institucional, una publicación en redes sociales o una información periodística pueden generar inmediatamente una pregunta: “¿Será cierto?”
La duda permanente, planteó, termina convirtiéndose en un problema social cuando la palabra deja de funcionar como garantía.
“Qué terrible que esté en nosotros como la duda”, reflexionó, al señalar que muchas veces ya no alcanza con escuchar lo que alguien dice, sino que aparece la necesidad de comprobar permanentemente si aquello es verdadero.
La inteligencia artificial y lo que sigue siendo humano
El avance de la inteligencia artificial también formó parte de la reflexión.
Camagna aclaró que su planteo no supone estar en contra de esta tecnología, sino reconocer que existen dimensiones de la vida humana que no pueden reducirse a la capacidad de procesar información.
“El factor humano sigue siendo el factor humano”, afirmó.
Para el sacerdote, recuperar la confianza, recrear vínculos y devolverle sentido a la palabra requiere de una experiencia profundamente humana.
La tecnología puede facilitar comunicaciones y producir información, pero la confianza se construye en el encuentro, en la coherencia y en la relación sostenida entre las personas.
La palabra, la verdad y la caída de la mentira
En el desarrollo de la conversación, Camagna recordó al escritor y dirigente checo Václav Havel y su reflexión sobre la palabra y la verdad.
La referencia le permitió plantear cómo los sistemas construidos sobre contradicciones y mentiras terminan perdiendo legitimidad.
La idea es trasladable a la vida contemporánea: cuando se proclama una cosa y se hace otra, cuando se habla de libertad pero las decisiones quedan concentradas en pocos, o cuando los grandes discursos no tienen correspondencia con los hechos, la palabra pierde credibilidad.
La mentira puede sostener una estructura durante determinado tiempo, pero termina erosionando la confianza que necesita cualquier sociedad para funcionar.
Transparencia no es lo mismo que confianza
Otro de los conceptos centrales de la reflexión fue la transparencia.
Camagna señaló que actualmente existe una demanda creciente de transparencia en distintos ámbitos, desde la administración pública hasta las instituciones y también dentro de la Iglesia.
Pero marcó una diferencia importante: la transparencia permite acceder a información; la confianza construye relaciones.
“La transparencia es como un nivel de información”, explicó.
Conocer los datos es importante, pero el desafío posterior consiste en establecer vínculos de confianza entre personas, sectores e instituciones.
Una sociedad donde existe confianza puede avanzar de otra manera, porque las relaciones dejan de estar permanentemente condicionadas por la sospecha.
La experiencia pastoral: primero el vínculo, después los proyectos
Camagna llevó la reflexión a su propia experiencia como sacerdote en comunidades como Carlos Casares y Trenque Lauquen.
Recordó que cuando una persona llega a una comunidad nueva suele hacerlo con entusiasmo, ideas, proyectos y propuestas. Sin embargo, incluso cuando existe acuerdo sobre esas iniciativas, las cosas no necesariamente comienzan a funcionar de inmediato.
La razón, explicó, está en la necesidad de construir previamente un vínculo.
“Recién cuando nos conocimos mutuamente, la gente a mí y yo a la gente, es decir, cuando se estableció un vínculo de confianza, ahí pudimos empezar a hacer realmente cosas”, relató.
La experiencia pastoral se convierte así en una conclusión aplicable a muchos otros ámbitos de la vida.
“Es la confianza lo que hace que las cuestiones cuajen”
Camagna fue contundente al sintetizar esa experiencia:
“Podés tener las mejores ideas, los mejores proyectos, las mejores propuestas que incluso nadie te las discute, pero es la confianza lo que hace que las cuestiones cuajen”.
La frase resume el eje de su reflexión.
No alcanza con tener buenas ideas. Tampoco con elaborar grandes discursos o diseñar proyectos técnicamente correctos. Para que una propuesta pueda desarrollarse necesita personas capaces de confiar unas en otras.
La confianza, en ese sentido, no aparece como una consecuencia secundaria, sino como una condición necesaria para construir.
Volver a darle valor a la palabra
La reflexión del Padre Daniel Camagna plantea un desafío que comienza en lo cotidiano: recuperar el valor de la palabra.
En una sociedad donde abundan los mensajes y donde la información circula a una velocidad inédita, volver a confiar requiere recuperar la coherencia entre aquello que se dice y aquello que se hace.
La palabra empeñada vuelve a adquirir entonces una dimensión fundamental.
Cumplir lo prometido, sostener los compromisos, actuar con transparencia y construir vínculos duraderos son pequeñas acciones que pueden producir un efecto mucho mayor: reconstruir la confianza social.
Una sociedad que necesita volver a confiar
La conversación dejó planteado que la crisis de confianza no pertenece exclusivamente a la política, las instituciones o los medios de comunicación. También se manifiesta en las relaciones personales y comunitarias.
Por eso, recuperar la confianza no depende solamente de exigir transparencia a los demás. También implica preguntarnos qué hacemos cada uno con nuestra propia palabra.
En definitiva, la reflexión del Padre Daniel Camagna invita a mirar una cuestión elemental y, al mismo tiempo, profundamente trascendente: sin confianza, las mejores ideas pueden quedar en el camino; con confianza, una comunidad vuelve a tener la capacidad de construir.
El eje de esta edición quedó resumido en una convicción: recuperar el valor de la palabra es también recuperar la posibilidad de confiar en el otro y, desde esa confianza, volver a construir juntos.



