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Plaguicidas: una científica del INTA que investigó los riesgos en productores y vecinos corre el riego de ser echa

Virginia Aparicio, ingeniera agrónoma y científica, contó que un estudio internacional analizó la exposición a plaguicidas de productores, vecinos y consumidores en el sudeste bonaerense. Aseguró que se detectaron más de 20 sustancias y relató el conflicto que mantuvo posteriormente con el INTA.

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La exposición a los plaguicidas en el ambiente y su posible impacto sobre la salud fue durante años uno de los ejes de investigación de la ingeniera agrónoma y científica Virginia Aparicio.

En una entrevista con Ernesto Tenembaum en Radio con Vos, Aparicio relató detalles de un proyecto internacional en el que participó y que, según explicó, contaba con el aval del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

El estudio formaba parte del consorcio SPRINT, integrado por instituciones públicas europeas y el INTA de Argentina, y tenía como objetivo analizar la presencia de plaguicidas en el ambiente y en organismos humanos.

Según explicó la investigadora, el proyecto había obtenido financiamiento público de la Comisión Europea y atravesado distintas instancias de evaluación relacionadas con aspectos éticos, financieros y metodológicos.

“Este proyecto en el que participé estaba avalado por la institución”, afirmó Aparicio durante la entrevista.

Productores, vecinos y consumidores: cómo se realizó el estudio

La investigación contempló la participación de voluntarios de distintas localidades del sudeste de la provincia de Buenos Aires, entre ellas Tres Arroyos, Balcarce y Necochea.

En Argentina, el trabajo incluía hasta 70 participantes distribuidos en tres grupos.

El primero estaba integrado por productores agropecuarios, tanto de sistemas convencionales como agroecológicos. El segundo grupo correspondía a vecinos de esos productores que no tenían una relación directa con la actividad agropecuaria. El tercero estaba conformado por consumidores.

La intención, explicó Aparicio, era establecer distintos niveles posibles de exposición.

“La lógica de esto era tener un muestreo que iba desde quien está más expuesto, porque los usa los productores, a los que solamente podrían estar expuestos porque consumen agua, alimentos o lo respiran”, señaló.

Los participantes aportaron distintas muestras biológicas, entre ellas sangre, orina y materia fecal.

Además, durante una semana utilizaron pulseras especialmente preparadas para registrar sustancias presentes en el ambiente.

Más de 20 plaguicidas detectados

Uno de los aspectos señalados por Aparicio durante la entrevista fue la detección de múltiples plaguicidas en las muestras analizadas.

“Pudimos ver que están en contacto, no importa dónde vivan, con más de 20 plaguicidas todo el tiempo”, sostuvo.

La investigación también incluyó el análisis del polvo presente en los hogares.

Para ello, los participantes debían limpiar sus pisos durante una semana de la manera habitual y entregar posteriormente las muestras obtenidas.

Según relató la científica, los análisis también permitieron detectar plaguicidas en ese material.

La investigadora planteó así que la exposición no estaría limitada exclusivamente a las personas que trabajan directamente con productos fitosanitarios.

La exposición y el debate sobre las ciudades

Durante la entrevista, Tenembaum consultó a Aparicio si una persona que vive en una zona urbana podía estar expuesta a este tipo de sustancias.

La científica respondió afirmativamente y sostuvo que el fenómeno podía alcanzar también a habitantes de ciudades.

“No importa si es un productor agropecuario o si es una vecina que vive en el centro de Mar del Plata. La exposición es generalizada”, afirmó.

En este punto, el estudio buscaba no solamente determinar la presencia de plaguicidas, sino avanzar hacia una segunda etapa destinada a analizar sus posibles efectos.

Para ello estaba prevista la participación de médicos y toxicólogos.

La intención era estudiar las combinaciones de sustancias encontradas y evaluar si podían existir efectos asociados a esas mezclas.

“Una vez que nosotros sabemos cuáles son las combinaciones que aparecen en las diferentes matrices, trabajar desde el punto de vista médico y toxicológico con médicos y toxicólogos que estaban en el proyecto”, explicó Aparicio.

La científica indicó que esa etapa debía abordar cuestiones como los posibles perjuicios de las sustancias y si determinadas combinaciones podían potenciar sus efectos.

El conflicto con el INTA

Según el relato de Aparicio, los inconvenientes comenzaron después de que el equipo obtuvo los primeros resultados.

La investigadora contó que incluso fue suspendida una reunión en la que estaba previsto presentar los datos a los voluntarios que habían participado del estudio.

Posteriormente, según su versión, el INTA solicitó retirarse del consorcio internacional.

Aparicio señaló además que, hacia fines de 2023, se inició un sumario en su contra y que finalmente el Consejo Directivo del organismo ratificó su exoneración de la administración pública.

“Esa es la historia resumida”, expresó durante la entrevista.

La científica cuestionó especialmente que quienes habían participado voluntariamente de la investigación no pudieran acceder, según su relato, a los resultados obtenidos a partir de las muestras que habían aportado.

“La comunidad que participó altruistamente de la investigación nos dio sus muestras de materia fecal, de orina, de sangre, se quedó con el sinsabor de participar de algo que después no se le explica”, manifestó.

Qué ocurrió con la investigación después de la salida del INTA

Aparicio explicó que, pese a la salida del INTA, el proyecto continuó desarrollándose en Europa.

Según relató, parte de los datos obtenidos durante el trabajo realizado en Argentina continuaron siendo utilizados dentro del proyecto internacional.

“Cuando INTA solicita que salgamos de la propuesta de proyecto, en Europa se sigue investigando, se siguen utilizando incluso nuestros datos porque es parte del convenio que teníamos”, sostuvo.

La investigadora también hizo referencia a trabajos científicos posteriores que, según indicó, analizaron posibles asociaciones entre determinados plaguicidas y problemas de salud.

Entre las enfermedades mencionadas durante la entrevista se refirió a algunos tipos de cáncer y al Alzheimer. Estas afirmaciones corresponden a la interpretación y exposición realizada por Aparicio y requieren distinguir entre asociación epidemiológica, exposición y causalidad.

El caso de la atrazina

Durante la conversación también surgió el caso de la atrazina, un herbicida utilizado en distintos sistemas productivos.

Aparicio lo mencionó como ejemplo de una sustancia cuyo uso genera debate y señaló diferencias regulatorias entre Argentina y otros países de la región.

La discusión sobre los plaguicidas comprende actualmente cuestiones vinculadas con las prácticas agrícolas, la regulación, los controles ambientales y la protección de la salud de trabajadores y comunidades.

La propuesta de reducir el uso de plaguicidas

Además de analizar la exposición, Aparicio planteó la necesidad de avanzar hacia sistemas productivos que permitan disminuir la dependencia de los productos fitosanitarios.

Desde su perspectiva como ingeniera agrónoma, sostuvo que existen herramientas de manejo que pueden permitir reducir determinadas aplicaciones.

“Desde lo que me toca a mí como ingeniera agrónoma es trabajar en prácticas que conduzcan a reducir esa dependencia que tiene el agro con los plaguicidas”, explicó.

En ese sentido, cuestionó particularmente las aplicaciones realizadas siguiendo calendarios preestablecidos cuando, según su planteo, existen alternativas agronómicas para determinar si una aplicación resulta realmente necesaria.

“Hay algunos que se usan como un calendario de aplicación, y no tienen sentido porque hay herramientas que nos permiten no utilizarlo”, afirmó.

Un debate que continúa

La investigación sobre la presencia de plaguicidas en el ambiente abrió, según Aparicio, un debate que excede su situación personal y alcanza cuestiones relacionadas con la salud pública, las prácticas productivas y el acceso a la información científica.

La científica sostuvo que los resultados deberían servir para discutir estrategias que permitan disminuir la exposición de la población y avanzar hacia formas de producción con menor utilización de estos productos.

“Si uno va teniendo información que nos ayuda a producir un poco mejor y a vivir un poco mejor y a reducir el contacto con los plaguicidas que utilizamos en el agro, tendría que poderse difundir y discutir y no censurar”, sostuvo.

Al finalizar la entrevista, Aparicio resumió su objetivo en que los datos obtenidos durante la investigación puedan ser utilizados y discutidos.

“Yo lo que quiero es que los datos se usen, que Argentina sea realmente interesante, un lindo país para vivir desde el punto de vista ambiental, que es el que me atañe a mí”, concluyó.

 

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