En una nueva edición de Escuela para Padres, Sofía Guaragna planteó una pregunta que atraviesa muchas de las situaciones cotidianas dentro de una familia: ¿qué significa realmente validar a un niño o a un adolescente?
La respuesta se aleja de una idea frecuente: validar no significa permitir todo, ni decir que sí ante cada pedido. Se trata de reconocer que detrás de una conducta, un pensamiento o una emoción existe algo que la persona está experimentando y que merece ser escuchado.
La especialista explicó que las acciones, sentimientos y pensamientos de niños y adolescentes tienen un sentido. Reconocerlo permite construir vínculos más seguros y mejorar la comunicación con padres, docentes y otros adultos responsables.
La diferencia aparece, especialmente, cuando llega el momento de poner un límite.
Un adolescente puede querer asistir a tres bailes de primavera. Sus padres pueden considerar que son demasiados. Validar no significa autorizar los tres. Significa comenzar desde otro lugar: “Entiendo que quieras ir; para vos es importante. Nosotros consideramos que tres son demasiados y podemos conversar sobre otra posibilidad”.
De esta manera, el límite permanece, pero cambia la forma de transmitirlo.
Validar no es permitir
Uno de los puntos centrales de la charla fue justamente diferenciar la validación de la permisividad.
Guaragna remarcó que la llamada crianza respetuosa suele ser cuestionada cuando se la interpreta como ausencia de límites. Sin embargo, el planteo desarrollado durante el programa fue otro: se puede reconocer lo que siente un chico y, al mismo tiempo, sostener una norma.
El ejemplo puede ser tan cotidiano como el de un niño que pide un juguete en un supermercado.
En lugar de responder con un grito, una descalificación o una escena de vergüenza pública, el adulto puede reconocer el deseo: “Entiendo que querés ese juguete, es lindo y hay muchos que te gustan”. Después llega el límite: en ese momento no se puede comprar y habrá que buscar otra alternativa.
La emoción es reconocida. La decisión adulta se mantiene.
Una palabra que puede cambiar una conversación
Durante la entrevista apareció también una cuestión aparentemente pequeña, pero significativa: el uso de determinadas palabras.
Guaragna señaló que el “pero” puede funcionar como una forma de invalidación. Una frase como “entiendo lo que decís, pero…” puede hacer que la primera parte pierda fuerza.
La propuesta fue reemplazarlo, cuando sea posible, por “y”.
“Entiendo que querés ir a tres bailes y nosotros consideramos que son demasiados. ¿Qué te parece si vas a dos?”
El objetivo no es encontrar una fórmula mágica, sino generar una conversación diferente: primero reconocer lo que el otro está expresando y después plantear la propia posición.
Qué ocurre cuando las emociones son permanentemente desestimadas
Otro de los ejes desarrollados durante el espacio fue el efecto que puede tener una crianza en la que las emociones de los chicos son sistemáticamente desestimadas.
Frases como “sos grande”, “no llores”, “callate”, “no es para tanto” o “andá a tu cuarto” pueden cerrar una conversación sin resolver aquello que originó el conflicto.
Según lo planteado en Escuela para Padres, esa dinámica puede favorecer que una persona aprenda a ocultar lo que siente y tenga dificultades posteriores para expresar sus emociones, tanto en los vínculos personales como en otros ámbitos de la vida.
Por eso, la propuesta no apunta a evitar el conflicto, sino a aprender a atravesarlo de otra manera.
Pensamiento crítico: obedecer no es comprender
La validación también fue vinculada con el desarrollo del pensamiento crítico.
La conversación puso sobre la mesa una situación frecuente: cuando un adulto ocupa una posición de autoridad —sea un padre, una madre, un docente, un jefe o cualquier otra figura— existe el riesgo de que la persona que está en una posición de menor poder simplemente obedezca sin preguntar.
En cambio, escuchar, permitir preguntas y reconocer que puede haber diferentes puntos de vista ayuda a construir una posición propia.
La idea fue resumida durante el programa con una premisa sencilla: dos pensamientos diferentes pueden coexistir. Validar al otro no implica compartir su opinión. Significa reconocer que esa persona tiene derecho a pensar y sentir de determinada manera.
De la casa a la escuela, del aula a la sociedad
El concepto también fue llevado fuera del ámbito familiar.
La validación y el respeto aparecen en la escuela, en el trabajo, en el tránsito y en los espacios públicos. La entrevista planteó que una sociedad en la que cada persona intenta imponer su posición puede generar mayores conflictos, mientras que reconocer al otro permite acercar posiciones y convivir mejor.
En ese sentido, la educación no queda limitada a los contenidos escolares. También involucra valores, convivencia, educación vial, salud y alimentación, entre otros aspectos de la vida cotidiana.
Pantallas: explicar el límite para poder sostenerlo
Otro desafío actual que apareció en la conversación fue el uso de las pantallas.
Frente al reclamo de un chico que plantea “antes me dejabas”, la propuesta es no responder solamente desde la autoridad. Los adultos pueden explicar que hoy cuentan con nueva información y que existen motivos para establecer límites en el tiempo de exposición.
La explicación, según lo conversado, permite que el límite no sea presentado simplemente como un “porque lo digo yo”, sino como una decisión que tiene un fundamento.
Una herramienta sencilla para empezar
Hacia el cierre, Sofía Guaragna compartió una estrategia concreta para comenzar a practicar la validación.
Cuando un hijo o una hija expresa algo que genera enojo o desconcierto, propone repetir mentalmente aquello que el chico está diciendo antes de responder.
“Vos me estás diciendo que yo no te ayudé”.
Y luego preguntar:
“¿En qué no te ayudé?”
“¿Cómo te gustaría que te ayude?”
La intención es frenar la respuesta automática y abrir una conversación.
No se trata de alcanzar una crianza perfecta. La propia charla reconoció que la perfección no existe y que aplicar estas herramientas requiere práctica. El objetivo es comenzar de a poco: escuchar, nombrar lo que le pasa al otro, pedir lo que necesitamos y sostener los límites de una manera amable y respetuosa.
Escuela para Padres, cada martes
Así, Escuela para Padres propone cada martes, a las 9, en Despertate por Cadena Nueve, Máxima 89.9 y Visión Plus TV, un espacio para pensar situaciones que forman parte de la vida cotidiana.
Esta vez, el mensaje central fue claro: validar no significa dejar hacer; significa escuchar y reconocer lo que le pasa al otro para poder acompañar, dialogar y también poner límites.
Una herramienta sencilla en su formulación, pero que requiere práctica para llevarla a la vida cotidiana.



