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Semana de la Movilidad Sustentable: infraestructura, educación y control para una circulación más segura

La iniciativa se desarrolla del 16 al 22 de septiembre y promueve formas de traslado más saludables y amigables con el ambiente. Caminar, usar la bicicleta y fortalecer el transporte público son algunas de las alternativas que contribuyen a reducir la contaminación y mejorar la seguridad vial

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Del 16 al 22 de septiembre se desarrolla la Semana Mundial de la Movilidad Sustentable, una iniciativa que busca promover formas de desplazamiento más seguras, saludables y respetuosas del ambiente.

La propuesta, impulsada por la Unión Europea desde el año 2000, ya reúne a más de 3.000 ciudades de distintos lugares del mundo, entre ellas varias localidades argentinas. La fecha tiene como antecedente la iniciativa ecologista “Un día sin auto”, que se celebra cada 22 de septiembre con el objetivo de disminuir el uso de vehículos particulares y, de esa manera, contribuir a mejorar la calidad del aire.

Este año, bajo el lema “Movilidad para todas las personas”, la convocatoria pone el foco en garantizar un acceso universal y seguro a formas de transporte sostenible, como caminar, utilizar la bicicleta y contar con un transporte público eficiente.

Una movilidad que también impacta en la salud

La movilidad sustentable no se limita al cuidado del ambiente. También tiene consecuencias directas sobre la salud física y mental de las personas.

El uso de medios de transporte que generan menos contaminación, junto con la reducción de los viajes en vehículos particulares, permite disminuir las emisiones y las congestiones de tránsito. Al mismo tiempo, caminar o utilizar la bicicleta para distancias cortas favorece la actividad física y puede convertirse en una alternativa cotidiana para los desplazamientos urbanos.

En este sentido, promover el transporte público, el uso de bicicletas y los recorridos a pie requiere pensar las ciudades de manera integral, con espacios adecuados y condiciones que permitan circular con seguridad.

Infraestructura para una circulación más segura

Uno de los puntos centrales para alcanzar una movilidad sostenible es mejorar la infraestructura vial.

El diseño de las calles y avenidas tiene un papel fundamental para reducir los riesgos, especialmente para quienes se encuentran más expuestos ante un siniestro: peatones y ciclistas.

Separar, en la medida de lo posible, a quienes circulan a pie o en bicicleta del tránsito vehicular motorizado permite reducir los puntos de conflicto y disminuir las posibilidades de colisiones.

Entre las medidas que pueden contribuir a una movilidad urbana más segura se encuentran la implementación de velocidades máximas más bajas, con referencias de 30 kilómetros por hora para calles y 50 kilómetros por hora para avenidas; la incorporación de infraestructura específica para bicicletas y peatones; y modificaciones en el diseño de las vías que reduzcan los riesgos de atropellamientos.

También resulta necesario contar con vehículos que ofrezcan mayores niveles de seguridad para disminuir la gravedad de las lesiones ante un eventual impacto.

Transporte público, menos contaminación y más accesibilidad

El fortalecimiento de un transporte público eficiente y menos contaminante constituye otro de los pilares de una movilidad sustentable.

Contar con alternativas accesibles y confiables puede favorecer la reducción del uso de vehículos particulares, con efectos sobre la congestión, el consumo de energía, la contaminación del aire y el ruido generado por el tránsito.

A esto se suma la necesidad de mejorar las condiciones de las calles. Una iluminación adecuada y medidas de vigilancia pueden contribuir a generar una mayor percepción de seguridad y estimular los desplazamientos a pie, especialmente en trayectos cotidianos.

Educación vial y cumplimiento de las normas

La infraestructura, sin embargo, necesita estar acompañada por educación y concientización vial.

El tránsito es un sistema en el que intervienen conductores, motociclistas, ciclistas y peatones. Las decisiones y los errores de quienes participan pueden tener consecuencias graves, por lo que conocer y respetar las normas constituye un componente esencial de la seguridad vial.

Pero la educación por sí sola no alcanza. También resulta necesario que las autoridades realicen controles y apliquen las sanciones correspondientes cuando se incumplen las normas de tránsito.

El objetivo es que las reglas no queden solamente expresadas en la legislación, sino que formen parte de una cultura de convivencia y respeto en el espacio público.

Ciudades más seguras y habitables

La Semana Mundial de la Movilidad Sustentable propone, de esta manera, una mirada que va más allá de elegir un medio de transporte.

Se trata de planificar ciudades en las que caminar, andar en bicicleta y utilizar el transporte público sean alternativas posibles y seguras, reduciendo al mismo tiempo la contaminación, el ruido y los riesgos asociados al tránsito.

La experiencia de distintas ciudades del mundo muestra que avanzar hacia una movilidad sustentable implica combinar infraestructura, educación, controles y cumplimiento de las normas.

En definitiva, promover una circulación más segura y menos contaminante supone pensar el espacio público desde una perspectiva que contemple a todas las personas y que permita construir ciudades más saludables, seguras y habitables.

 

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