
Cada 3 de septiembre se pone el foco en la importancia de la higiene como una herramienta esencial para cuidar la salud individual y colectiva. El Día Mundial de la Higiene busca generar conciencia sobre la necesidad de incorporar y sostener hábitos cotidianos que permitan reducir la propagación de microorganismos y prevenir distintas enfermedades.
Entre esas prácticas, el lavado de manos ocupa un lugar central. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la higiene de manos es una de las medidas más eficaces, accesibles y universales para prevenir la transmisión de infecciones.
Las manos están en contacto permanente con distintas superficies y pueden transportar microorganismos que luego llegan a los ojos, la nariz, la boca, los alimentos u otras personas. Por eso, una correcta higiene permite interrumpir una de las principales vías de transmisión.
Un gesto simple que hace la diferencia
Lavarse las manos con agua y jabón resulta especialmente importante antes de preparar o consumir alimentos, después de ir al baño, al regresar de espacios públicos y luego de toser, estornudar o sonarse la nariz.
En el ámbito sanitario, la OMS establece además los denominados “cinco momentos” para la higiene de manos, destinados a reducir el riesgo de transmisión de microorganismos durante la atención de pacientes.
La importancia de esta práctica también está relacionada con el acceso al agua segura y al saneamiento. La OMS señala que disponer de cantidades suficientes de agua salubre es fundamental para mantener una buena higiene y prevenir enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias y otras afecciones.
Higiene y prevención
La higiene no se limita al lavado de manos. También comprende la limpieza adecuada de los ambientes, la correcta manipulación y conservación de los alimentos, el uso de agua segura, la disposición apropiada de residuos y el mantenimiento de instalaciones sanitarias en condiciones adecuadas.
Estas medidas adquieren particular relevancia en escuelas, hogares, lugares de trabajo y establecimientos de salud, donde la circulación de personas puede favorecer la transmisión de diferentes agentes infecciosos.
La falta de infraestructura básica también representa un desafío. Datos difundidos por la OMS y UNICEF han mostrado que millones de niños en el mundo han asistido a escuelas sin instalaciones básicas para el lavado de manos, una situación que incrementa el riesgo de enfermedades transmisibles.
Una responsabilidad cotidiana
El Día Mundial de la Higiene constituye así una oportunidad para recordar que la prevención también comienza con acciones simples. Mantener las manos limpias, cuidar el agua, conservar limpios los espacios y adoptar hábitos responsables son medidas que contribuyen a proteger no solo a cada persona, sino también a la comunidad.
La higiene es, en definitiva, una práctica cotidiana que muchas veces pasa inadvertida, pero que tiene un impacto directo en la salud pública. Incorporarla como parte de la rutina permite reducir riesgos y fortalecer el cuidado colectivo.


