
Cada año, millones de personas en todo el mundo detienen su rutina para conmemorar una de las jornadas más solemnes del calendario cristiano: el Viernes Santo. Lejos de ser solo el inicio de un fin de semana largo, esta fecha representa el núcleo de la fe cristiana al recordar la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz.
Aunque su significado es universal, la manera de vivirlo varía profundamente según el país y la cultura. Desde el silencio absoluto hasta manifestaciones multitudinarias de fe, el Viernes Santo se convierte en un espejo de la diversidad cultural del mundo.
Un origen que se remonta a casi dos mil años
El nombre “Viernes Santo” proviene del latín Dies Passionis Domini, que significa “Día de la Pasión del Señor”. La palabra “santo” no alude a una celebración alegre, sino a la sacralidad del sacrificio que se conmemora.
Históricamente, la fecha está ligada a la festividad judía del Pésaj. Según los evangelios, la crucifixión ocurrió tras la Última Cena, celebrada en ese contexto pascual. Los relatos sitúan la muerte de Jesús bajo el gobierno del procurador romano Poncio Pilato, alrededor del año 30 d.C.
Desde los primeros siglos del cristianismo, este día se estableció como una jornada de ayuno, penitencia y recogimiento.
A diferencia de otras celebraciones, el Viernes Santo tiene una particularidad única dentro del calendario litúrgico: no se celebra misa. En su lugar, se realiza la llamada “Acción Litúrgica de la Pasión del Señor”, que incluye la lectura del Evangelio —especialmente la Pasión según San Juan—, la adoración de la cruz y la comunión con hostias consagradas el día anterior.
Los templos permanecen austeros, sin adornos ni música, y en muchas iglesias las campanas son reemplazadas por instrumentos de madera, reforzando el clima de solemnidad.
Tradiciones que reflejan identidad cultural
Más allá de lo religioso, el Viernes Santo también es una expresión cultural que adopta formas únicas en cada región.
En España, las procesiones alcanzan un nivel artístico y devocional incomparable. En ciudades como Sevilla, la “madrugá” reúne a miles de personas que acompañan imágenes religiosas entre saetas y fervor popular. En contraste, en Zamora, predomina el silencio absoluto y la sobriedad.
En Guatemala, las calles se cubren con coloridas alfombras de aserrín que son destruidas al paso de las procesiones, simbolizando lo efímero de la vida. Mientras tanto, en México, las representaciones vivientes del Vía Crucis convocan a multitudes y recrean con dramatismo los últimos momentos de Cristo.
En Roma, el Vía Crucis en el Coliseo, presidido por el Papa, se convierte en un evento de alcance global. Por su parte, en Filipinas, algunas comunidades llevan la devoción a extremos, con actos de penitencia física que generan impacto internacional.
En Argentina, cada región adopta la manera de llevar adelante su Vía Crucis.
Y en Nueve de Julio, este año, a las 17 se realizará la celebración de la Pasión del Señor en la Catedral Santo Domingo. Y más tade, a las 21.30 el Vía Crucis donde desde la Avda. Cardenal Pironio y Acceso Presidente Perón se caminará hasta la Sociedad Rural para participar del Via Crucis Viviente.
Gastronomía y tradiciones del recogimiento
La jornada también tiene su expresión en la mesa. La tradición de evitar la carne roja da lugar a platos típicos que varían según la región.
Es común el alimento de pescados y mariscos, como ensaladas y frutas, entre otras.
Estas preparaciones no solo responden a normas religiosas, sino que forman parte del patrimonio cultural transmitido de generación en generación.
En un contexto global cada vez más secularizado, el Viernes Santo mantiene su vigencia no solo como celebración religiosa, sino también como fenómeno cultural. Representa un momento de pausa, reflexión y conexión con tradiciones que han perdurado durante siglos.
Para los creyentes, es un día de profundo sentido espiritual. Para otros, una oportunidad de observar cómo la historia, el arte y la identidad colectiva se entrelazan en una de las conmemoraciones más antiguas del mundo.
Así, entre el silencio, el dolor y la esperanza, el Viernes Santo continúa siendo una fecha que trasciende fronteras y generaciones, recordando una historia que sigue viva en millones de personas.


