domingo, enero 23, 2022

Día Internacional de los Bancos

El 19 de diciembre de 2019, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 74/245, que designaba el 4 de diciembre como el Día Internacional de los Bancos en reconocimiento al importante potencial en el desarrollo de las sociedades

El 19 de diciembre de 2019, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 74/245, que designaba el 4 de diciembre como el Día Internacional de los Bancos en reconocimiento al importante potencial de los bancos multilaterales de desarrollo y otros bancos internacionales de desarrollo a la hora de financiar el desarrollo sostenible.

Asimismo, la resolución reconoce la contribución vital de los sistemas bancarios de los Estados miembros a la mejora del nivel de vida.

Previamente, en septiembre de 2015, la Asamblea se había marcado una serie de objetivos.

En la resolución titulada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, adoptó un amplio conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible y metas universales y transformativos, de gran alcance y centrados en las personas, con el compromiso de trabajar sin descanso a fin de conseguir la plena implementación de la Agenda a más tardar en 2030.

En dicha resolución la Asamblea reconoce, además, que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, es el mayor desafío al que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible. Los Objetivos buscan alzcanzar el desarrollo sostenible en tres dimensiones —económica, social y ambiental— de forma equilibrada e integrada. La Asamblea se compromete también a aprovechar los logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y a abordar los asuntos pendientes.

El logro del desarrollo sostenible, en particular la erradicación de la pobreza, la reducción de la desigualdad y la lucha contra el cambio climático, requiere una perspectiva de largo plazo, y que los Gobiernos, el sector privado y la sociedad civil colaboren para hacer frente a los desafíos mundiales. Sin embargo, un mundo más inseguro genera un comportamiento de más corto plazo. Las empresas privadas, muchas de las cuales ya se enfrentan a una serie de incentivos de corto plazo, son reacias a comprometer fondos para proyectos de inversión de largo plazo. Durante períodos de inseguridad financiera, los hogares suelen centrarse en sus necesidades inmediatas. A su vez, los encargados de la formulación de políticas suelen regirse por ciclos políticos de corto plazo. Por tanto, es necesario actuar a todos los niveles. El fortalecimiento de la acción colectiva puede ayudar a reducir la incertidumbre mundial, al tiempo que la innovación financiera puede generar progresos significativos en relación con toda la Agenda 2030 y la Agenda de Acción de Addis Abeba.

En la Agenda de Acción de Addis Abeba se señaló que las estrategias de desarrollo sostenible cohesionadas, respaldadas por marcos nacionales de financiación integrados, constituirían el núcleo de los esfuerzos. En respuesta a la Agenda 2030, muchos países han revitalizado sus estrategias de desarrollo sostenible. Sin embargo, la mayoría de estas carecen de planes de financiación concretos para sufragar su aplicación.

A mediano y largo plazo, los cambios en el sistema monetario internacional, en particular los relacionados con el ajuste externo y los desequilibrios mundiales, podrían aumentar la volatilidad financiera, en particular en un período de incertidumbre política. Ese hecho pone de relieve la importancia de fortalecer la cooperación internacional y de garantizar recursos suficientes y una cobertura completa en la red de seguridad financiera mundial.

La economía mundial se enfrenta a mayores riesgos y a la volatilidad financiera, con un crecimiento mundial que probablemente haya alcanzado su nivel máximo. Los factores geopolíticos, las controversias comerciales, la volatilidad de los mercados financieros y factores no económicos, como los riesgos del cambio climático, obstaculizan aún más el crecimiento, la estabilidad y el desarrollo y contribuyen al aumento de la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad. Cada vez es más urgente abordar los riesgos económicos y financieros sistémicos y las deficiencias estructurales que ponen en peligro la implementación de la Agenda 2030.

Los bancos nacionales de desarrollo bien administrados pueden ayudar a los países a elaborar opciones de financiación para las inversiones relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos bancos deberían ajustarse a los Objetivos de manera holística y tenerlos en cuenta en marcos nacionales de financiación integrados. La colaboración entre los bancos nacionales de desarrollo y los bancos multilaterales, a través de la cofinanciación o de acuerdos de préstamo, puede aumentar la financiación relacionada con los Objetivos mediante la complementariedad de los recursos internacionales y el conocimiento de los mercados locales.

En vista de que la consecución de la Agenda 2030 exige la maximización de las sinergias y la eliminación de compartimentos estancos, garantizar que los sistemas económicos y financieros sean coherentes con el desarrollo sostenible es fundamental; así como lo es el papel que pueden desempeñar los bancos nacionales y regionales de desarrollo eficientes en la financiación del desarrollo sostenible, particularmente en los sectores del mercado de crédito en que los bancos comerciales no participan plenamente y donde existen grandes lagunas de financiación, sobre la base de mecanismos de crédito racionales y del cumplimiento de medidas de salvaguardia sociales y ambientales. Ello incluye esferas como la infraestructura, la energía, la agricultura, la industrialización, la ciencia, la tecnología y la innovación sostenibles, así como la inclusión financiera y la financiación de las microempresas y las empresas pequeñas y medianas. Asimismo, los bancos nacionales y regionales de desarrollo desempeñan una importante función anticíclica, especialmente durante las crisis financieras en que las entidades del sector privado se vuelven muy reacias al riesgo. Por todo ello, se solicita a los bancos nacionales y regionales de desarrollo que amplíen sus contribuciones en estas esferas,  y a los agentes públicos y privados internacionales pertinentes que apoyen a esos bancos de los países en desarrollo.

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