martes, septiembre 28, 2021

Dos argentinas fueron elegidas entre los 50 mejores docentes del mundo

Son Gisela Gómez, de una escuela técnica de Córdoba; y Ana María Stelman, docente primaria de La Plata. Por primera vez eligen también a estudiantes, y hay dos argentinos en el top 50.

“Siento una satisfacción plena al estar en el aula. Ver cómo los chicos van cambiando, verlos madurar desde el hacer, crecer como personas. El conocimiento a ellos les da libertad: van a poder decidir si van a trabajar en una fábrica, seguir estudiando o criar una familia. Van a tener todas las opciones y podrán elegir qué hacer”, cuenta Gisela Gómez (35), profesora del Instituto Provincial de Educación Técnica Nº 85 en Estación General Paz, una localidad ubicada a 35 kilómetros de Córdoba Capital.

Gisela es una de las dos argentinas seleccionadas entre los 50 mejores docente del mundo en el Global Teacher Prize 2021, un premio que ya se consolidó como el “Nobel de la educación” y que entrega un millón de dólares. Compitieron contra más de 8 mil candidatos de 121 países. En noviembre se conocerá el ganador.

Platense de nacimiento y maestra primaria en la capital bonaerense, Ana María Stelman (56) es la otra argentina elegida. Ana María siempre quiso ser maestra y volcó su vocación a enseñarles a los chicos más vulnerables. “Tengo a la docencia en la sangre, no me imagino haciendo otra cosa. Me emociona ver cuando los chicos progresan, ver que están contentos. Darles herramientas para que encuentren la felicidad. Siempre les digo: ‘lo que hagan en el futuro, tienen que ser los mejores’”.

Las dos docentes argentinas llegan a esta distinción por caminos muy distintos. En el caso de Gisela fue elegida principalmente por su trayectoria personal de superación, además de los logros obtenidos.

“El destino juega”, dice ahora, y cuenta cómo fue que llegó a la docencia. Tercera hija de 7 de una familia de Córdoba Capital (padre chapista, madre ama de casa), Gisela estudió bromatología en un instituto terciario, en el que se recibió a los 21 años.

Recibida, el mundo laboral se le hizo cuesta arriba. “Tenía que hacer inspecciones, el ámbito era hostil. Se me produjo una crisis vocacional”. Fue entonces que el padre de una amiga le sugirió formarse para ser profesora (el destino que juega). Con un trayecto pedagógico complementario -de 2 años y medio- podía empezar a dar clases sobre temas relacionados a la bromatología. Y lo hizo.

“Ni bien aprobé la última materia y me recibí, renuncié a mi trabajo -en ese momento en un hipermercado- y me anoté para dar clases”. Como no había buenos lugares en escuelas de Córdoba Capital se inscribió en General Paz, un pueblo rural cuya única escuela secundaria está orientada a la industria de los alimentos.

Eso fue en 2011. Consiguió cargos para trabajar de 10.30 a 18. “Es muy positivo cuando uno puede dedicar todo el día a una misma secundaria. Se pueden hacer proyectos. Nuestra propuesta es que los chicos puedan adquirir conocimientos disciplinares vinculados con sus intereses y con las problemáticas del entorno de la localidad”.

 

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