domingo, octubre 17, 2021

A 33 años de un femicidio que conmovió al boxeo mundial y a la sociedad argentina

El domingo 14 de febrero de 1988 Carlos Monzón mataba a Alicia Muñiz en Mar del Plata y no se hablaba de violencia de género

En las primeras horas del domingo 14 de febrero de 1988, Mar del Plata comenzaba a estremecerse ante la noticia, a manera de título, ‘Carlos Monzón mató a Alicia Muñiz’. Con el correr de las horas, el país y el mundo se sorprendía.  Un ex-campeón de boxeo, ídolo, amigo de Alain Delon, había matado con sus manos a la madre de uno de sus hijos. El menor, Maximiliano. Pequeño por entonces.

Como ocurrieron algunos hechos, fueron contados con lujo de detalles, a los pocos días, por un cartonero: Rafaél Báez. Un humilde trabajador que caminaba los barrios de ‘La Feliz’ en busca de cartones y otros objetos. Siempre lo hacía de madrugada. Era su rutina diaria para lograr el sustento de vida y la calle Pedro Zanni del exclusivo barrio La Florida, era una de las frecuentadas desde hacía años.

Sin saber quiénes eran, escuchó gritos de auxilio de una mujer. Miró hacia un balcón. De allí era el sonido y observó cómo un hombre tomaba del cuello a una mujer y apretaba sus manos hasta que la levantó en el aire, y sus piernas se movían como ‘un pollo en el aire’. De pronto el cuerpo quedó quieto y cuando abrió las manos, cayó sobre una losa. Rafael Báez tenía un nudo en la garganta que le impedía gritar. Segundos después el cuerpo masculino terminó en el mismo lugar. El cartonero asustado se perdió en la noche, llevando consigo imágenes imborrables, que las repetía como un calco, al igual que una escena de una película.

Cerca de las 21 horas, del día anterior, un automóvil importante se detuvo frente a la puerta del casino de la ciudad veraniega. Bajó Carlos Monzón. Lo hacía acompañado de otro hombre y entre los circunstanciales transeúntes, el ex-boxeador puso su atención en una joven nuevejuliense, rubia, de linda sonrisa y ojos celestes llamativos. La chica iba con una amiga. Carlos Monzón, la paró le hizo mención a su belleza e intentó convencerla que ingresaran juntos al casino. Pese a la insistencia del deportista la hoy profesional salió airosa del convite. Ella camina las calles de Nueve de Julio, con protocolo incluido, y no de Coronavirus.

A las pocas horas de ese episodio del 13 de febrero de 1988, Alicia Muñiz y Carlos Monzón, que intentaban retomar una relación participaron del cumpleaños del animador Sergio Velazco Ferrero en el Gran Hotel Provincial. El locutor tenía entre sus invitados a algunos periodistas de medios nacionales. Allí compartieron copas con el actor Adrián “El Facha” Martel, compañero de tropelías del ex boxeador, quien los invitó luego al casino y al Club Peñarol, otro clásico frecuentado por el “jet set” nacional. El festejo se extendió hasta la madrugada del Día de los Enamorados.

Ya en la casa de la calle Pedro Zanni una discusión derrotó al romanticismo. Al parecer, Muñiz le recriminaba a Monzón un aumento en las cuotas de alimentación que él le pasaba para Maximiliano, el hijo de ambos que había nacido a fines de 1981. Los gritos fueron ganando la escena de noche y luego se pasó a la agresión física, de esas que el boxeador tenía ya en su prontuario.

Una conducta de esa naturaleza, alguna vez contó Ernesto Mizrahi, por entonces amigo de Monzón, a quien acompañaba en viajes de peleas por títulos o placer, en París. El periodista de boxeo, narró confidencialmente que Carlos dejó los ojos de Susana Giménez, morados de los golpes, cuando esta prefirió seguir dialogando con Alain Delon de sobremesa de una cena, a ir a su suite a ruego de su pareja, a descansar. Fue invitado a ese viaje y Susana intentaba cubrir su rostro con grandes anteojos ahumados.

Por entonces, no se hablaba de violencia de género. Pasaron 33 años, de la muerte de Alicia Muñiz y todavía no se protege a las víctimas con el cuidado que la igualdad, ante la ley, prodiga.

El caso de Úrsula en Rojas, recientemente, se proyecta como un antes y un después para que muchos casos de violencia de género, no terminen en fatales. Que se cumpla!

Es la principal lección que deja esta efemérides!

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