miércoles, julio 28, 2021

A 57 años del secuestro en Caracas de Alfredo Di Stéfano

Uno de los mejores jugadores del mundo, participaba de encuentros de fútbol en una gira del Real Madrid, club que lo tuvo como su presidente

Alguna vez Pelé dijo que el mejor jugador del mundo había sido Alfredo Di Stéfano.

En España, se lo recuerda como un figura importante dentro y fuera de estadios de fútbol. Su palabra medida, equilibrada era escuchada con atención y respeto. Este ex-jugador de River Plate que había nacido en Los Cardales, en el partido de Exaltación de la Cruz, fue un ídolo querido.

Transcurría el año 1963, y en ese escenario de competencias deportivas amistosas, la ‘saeta rubia’ fue secuestrado en Caracas. Ese episodio de hace 57 años, cimbró a la escena del fútbol mundial. Es que Alfredo Di Stéfano era una de sus máximas figuras.

La historia recuerda el suceso un sábado 24 de agosto, y el distinguido jugador ‘Merengue’, con sus 37 años estaba comenzando a vivir sus últimos años como crack para el retiro.

La delegación del Real Madrid se alojaba en el Hotel Potomac de la capital Venezolana.

De ese lugar fue secuestrado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), una organización guerrillera en contra del gobierno del entonces presidente Rómulo Ernesto Betancourt.

“Eran las 6 de la mañana, me llaman por teléfono, vivíamos en una habitación contigua Juan José Santamaría y yo. Entonces me llaman por teléfono y yo creía que era de broma y colgué.

Pero al rato llaman otra vez y me dicen: ‘O baja o lo vamos a buscar, es la policía’. Y yo pensé que seguía la broma, volví a colgar.

Minutos después “Me llevan por las escalera, se presentan como de la Policía Técnica Judicial, sección narcóticos. Aguadaron que se vistiera y bajaron. Al conserje del hotel le pidió que le avisara a los directivos de la delegación, del Real Madrid, y uno de sus secuestradores anotó el teléfono de la recepción. El portero no sospechó nada: a su llegada, los ‘policías’ le habían dicho que se trataba de una investigación por tráfico de narcóticos.

Lo aguardaban en un coche americano. Se sube adelante el chofer. ‘Los dos que me acompañaban subieron uno  por una puerta, a mí me meten en medio y el otro por la otra puerta, me hacen sándwich. Y me dicen: “Alfredo, esto no es la policía, es un secuestro”. Así Alfredo Di Stefano recordó ese episodio fuerte en su vida.

En el auto le fueron señalando que ‘Estará unas horas con nosotros y después lo devolveremos. Nadie quiere hacerle daño.’

Pidiéndole disculpas, le vendaron los ojos. Trasladado a otro coche, unos minutos más tarde se encontró en un departamento moderno y bien arreglado. ‘Póngase cómodo, señor Di Stefano.’

Todo duró tres días. Se supo que el líder del secuestro fue un sujeto de nombre Máximo Canales, quien era un guerrillero que buscaba llamar la atención de la prensa a través del secuestro de Di Stefano para dar a conocer el movimiento de las FALN en ese país.

Esas horas, la ‘saeta rubia’ no tenía paz. ¿Qué pensaría su esposa Sara, en Madrid? ¿Y los chicos? Recordó de pronto que, al día siguiente, uno de ellos cumplía años. En sus muchos años de trajinar por el mundo detrás de la pelota de cuero, nunca se había olvidado de llamarlos por teléfono o ponerles un telegrama. Para aplacar sus nervios, jugó a las damas, a los naipes, al dominó,

¿Con quién jugaba? Con varios de sus raptores, que se turnaban en el cuarto.

Uno de ellos se dio a conocer: era ‘Máximo Canales’, jefe de un comando de guerrilleros. En realidad, se trata de Paúl Elrio Canales, un cubano. Fue ‘el cerebro’ que organizó el asalto al barco venezolano ‘Anzoátegui’, en febrero de este año. Asilado en Brasil —y temeroso de que se acordase su extradición—, huyó a Cuba.

Poco después, volvía clandestinamente a Venezuela para sumar nuevas energías a la campaña de las FALN contra el gobierno de Rómulo Betancourt. Tenía 21 años.

La propia Saeta rubia relató que le fue comunicado el propósito de privarle momentáneamente la libertad, que nunca le hicieron daño y que por el contrario lo trataron muy bien en ese departamento lujoso durante su secuestro.

Tras esa privación y conseguido el objetivo de presentación en sociedad, el grupo de secuestradores lo liberaron. Fue un miércoles y lo dejaron por la mañana en la Avenida Libertador y muy cerca de la Embajada de España, a la cual el futbolista se dirigió de inmediato para pedir auxilio: “Y veo por los cristales una sombra y aparece un conserje; me ve, me abre la puerta y le digo yo: ‘Soy Di Stefano'”.

Ese mismo día que liberaron a Alfredo, el Real Madrid tenía un partido por la noche ante el Sao Paulo.

El entonces técnico del equipo, Santiago Bernabéu, le pidió que jugara, para que mostrara su fortaleza después de haber sido secuestrado.

La Saeta lo hizo solo en el primer tiempo.

Terminada la gira, volvió a España junto con el equipo y al bajar del avión se reunió con su esposa e hijos, para dar fin a una de las experiencias más amargas y difíciles en la vida de uno de los mejores futbolistas en la historia.

 

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